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Paridad de género: la igualdad a más de un siglo en alcanzar

La paridad de género no es una meta estadística ni una conversación que aparece cada año en el mes de marzo. Es un indicador de cómo se distribuye el poder, la riqueza y la toma de decisiones en el mundo.

Cada año, en el mes de marzo, escuchamos nombres de mujeres extraordinarias que sobresalen en distintos sectores. Sin embargo, hay una constante que siempre se menciona: sin importar la industria, la mayoría sigue estando dominada por hombres. Esta continúa siendo la realidad en prácticamente todos los ámbitos profesionales.

Aunque existen algunos sectores, como el del trabajo social, en los que las mujeres representan hasta el 80% de la fuerza laboral, el liderazgo en estas mismas áreas sigue estando mayoritariamente en manos de hombres. Según el último Reporte Global de Brecha de Género del Foro Económico Mundial, las mujeres representan el 41.2% de la fuerza laboral formal, pero solo el 28.1% de los puestos de liderazgo.

El año 2025 marcó un récord en la lista Fortune 500, con 55 mujeres que alcanzaron la posición de CEO, lo que equivale aproximadamente al 11% de las direcciones ejecutivas de las compañías más grandes del mundo. Aunque con frecuencia vemos listas, rankings y reconocimientos que celebran y visibilizan a las mujeres en el poder, la realidad es que todavía faltan aproximadamente 123 años para alcanzar la paridad de género a nivel global.

Pero ¿qué significa esto realmente? La paridad es un índice que analiza el acceso, el desarrollo y las oportunidades que tienen las personas según su género en cuatro áreas fundamentales: oportunidades económicas, empoderamiento político, educación y salud. Si observamos exclusivamente la paridad económica, el panorama es aún más lejano: de acuerdo con los cálculos actuales, faltan alrededor de 135 años para alcanzarla.

Existen quienes sostienen que la brecha salarial ya no existe; que las empresas han avanzado y que hoy existen protocolos para que un director o una directora de área gane lo mismo, que un ejecutivo o ejecutiva de cuenta reciba el mismo salario, o que una persona que ingresa al mercado laboral obtenga la misma remuneración sin importar si es hombre o mujer. Y si bien es cierto que se han logrado avances importantes, es necesario analizar los datos completos.

Las mujeres continúan permaneciendo más tiempo en un mismo puesto antes de ser promovidas. El último reporte de McKinsey, ‘Women in the Workplace’, explica que en varios sectores los hombres son promovidos, en promedio, 2.5 años más rápido que las mujeres. En un estudio sobre el ámbito académico se descubrió que las mujeres tardaban 8.5 años más que los hombres en alcanzar el grado de profesoras asociadas y posteriormente otros 6.1 años adicionales para convertirse en profesoras titulares.

Esto significa que su poder económico durante ese período no está al mismo nivel que el de los hombres y durante todos esos años han ganado menos, han podido ahorrar menos y han contribuido menos a sus fondos de retiro o pensión.

Por ello, cuando se habla de poder económico, no basta con comparar un salario con otro. La desigualdad también se construye en el tiempo, en las oportunidades de ascenso y en la velocidad con la que se alcanza el liderazgo. Y es precisamente ahí donde el análisis se vuelve mucho más complejo.

Aún existe una brecha más profunda: la brecha de la paridad política. Se estima que faltan alrededor de 162 años para lograr la paridad global en los puestos de gobierno, considerando que actualmente solo el 22.9 % de los cargos parlamentarios o de liderazgo gubernamental están ocupados por mujeres.

La desigualdad también se construye en el tiempo, en las oportunidades de ascenso y en la velocidad con la que se alcanza el liderazgo. Y es precisamente ahí donde el análisis se vuelve mucho más complejo. Las mujeres tuvieron que luchar durante décadas por el derecho al voto y en la mayoría de los países, esto se consiguió hace menos de un siglo. Sin embargo, tener derecho a votar no es lo mismo que tener representación real en los espacios de poder político, algo que en muchos países todavía no han logrado plenamente.

Resulta impactante pensar que en Afganistán en pleno 2026, las mujeres no tienen derecho al voto. Pero quizá resulte aún más sorprendente descubrir que en el Vaticano tampoco existe ese derecho.

La paridad de género no es una meta estadística ni una conversación que aparece cada año en el mes de marzo. Es un indicador de cómo se distribuye el poder, la riqueza y la toma de decisiones en el mundo. Si los cálculos actuales son correctos y todavía faltan más de cien años para alcanzarla, la pregunta inevitable no es solo cuánto falta, sino qué tan dispuestas están las sociedades, las instituciones y las empresas a acelerar ese cambio.

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