Fueron dos agentes. Fueron cuatro. ¿Fue solo un operativo? Algunos medios reportan hasta cuatro operativos. Probablemente más. ¿Quién supo? Desde la mañanera la presidenta Claudia Sheinbaum aseguraba que el ejército mexicano-quien participó en el operativo para desmantelar uno de los narcos laboratorios más grandes en historia reciente-no tenían el conocimiento de la participación de la CIA en estos operativos.
De ser cierto que NADIE en el gobierno federal supiera que operaban y participaban en operativos agentes de la CIA y se coordinaba con el gobierno de Chihuahua, sería una grave falla por parte de la contra inteligencia mexicana. ¿Nadie sabía? Conociendo la cercanía histórica entre autoridades y agencias de inteligencia y seguridad en las últimas décadas, es casi inconcebible que hubiera un total desconocimiento por actores del gobierno federal.
Por eso es problemático, que, en este momento, se busque investigar por violaciones a la ley de Seguridad Nacional a la gobernadora Maru Campos y otros funcionarios del estado de Chihuahua, ya que abriría una puerta donde podría salpicarse a muchos funcionarios actuales que colaboraron y que han colaborado con el gobierno de Estados Unidos, como parte de sus funciones. Pero usar la muerte de dos agentes estadounidenses para iniciar una campaña para debilitar el liderazgo del PAN, en un estado fronterizo, para asegurar que la gobernatura caiga en manos de Morena, asegura un peligroso enfrentamiento entre ambos países. Y podría ser el catalizador de una mayor injerencia del vecino en la política nacional.
A diferencia de la política exterior de Estados Unidos hacia otros países latinoamericanos, en el caso de México no hay indicios públicos de tratar de interferir en la política interna mexicana en este momento. En el último año, diversos gobiernos, analistas y organizaciones en América Latina han acusado a Estados Unidos de interferir —de manera directa o indirecta— en procesos electorales, principalmente mediante declaraciones públicas, sanciones, restricciones de visa y reportes de inteligencia difundidos en momentos claves. Medios internacionales documentaron cómo Donald Trump expresó respaldo al presidente argentino, Javier Milei, durante su campaña y después de su llegada al poder, además de expresar su apoyo durante las elecciones intermedias. Liberó a Juan Orlando Hernández, ex presidente de Honduras, condenado por narcotráfico, para apoyar al candidato de la derecha, Nasry “Tito” Asfura, del Partido Nacional, quien fue electo el año pasado. Lanzó una serie de sanciones en contra de Brasil por el juicio y la condena de Jair Bolsonaro, aliado histórico de Trump. Hay una cercanía discursiva y política entre Trump y el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, especialmente en temas de seguridad y migración. Obviamente está el caso de Venezuela y Cuba, donde se inició el proceso de cambio de régimen que seguramente será del agrado de la Casa Blanca. Donald Trump intentó y fracasó en influenciar quién sería el siguiente primer ministro de Canadá. Estamos pendientes de lo que podría suceder en Colombia y Perú, donde se llevará acabo elecciones presidenciales y posibles injerencia por parte de los Estados Unidos.
En la reunión del Escudo Hemisférico realizada este año en Florida —un foro de seguridad y cooperación regional— participaron líderes y representantes de Argentina, El Salvador, Paraguay, República Dominicana y Guatemala, Chile, lo que fue interpretado por analistas como la consolidación de un bloque político‑estratégico con prioridades comunes en seguridad, migración y combate al crimen organizado. Y todos los presentes tenían la misma visión política, con una fuerte tendencia hacia la derecha MAGA de Trump.
Si la Casa Blanca busca influenciar la política interna de países sudamericanos y centroamericanos, por razones políticas y de seguridad nacional, no debería de sorprender que tuvieran un extraordinario interés en los gobernantes de los estados fronterizos y futuras elecciones. Ahora que clasifican como grupos terroristas a las organizaciones criminales, con una presencia excepcional en la frontera, es obvio que Estados Unidos estaría especialmente preocupado por los actuales y futuros gobernantes de los estados de Baja California (Morena), Sonora (Morena), Chihuahua (PAN–PRD), Coahuila (PRI), Nuevo León (Movimiento Ciudadano), Tamaulipas (Morena).
En este momento, Estados Unidos, gracias a recientes juicios y testigos colaboradores, tiene un extraordinario acceso a información sobre los cárteles narco terroristas y sus vínculos con funcionarios, la clase política y empresarial de México. A diferencia de otros países, las sanciones estadounidenses, ya sea quitar visas, congelar cuentas o bienes en territorios estadounidenses, tienen un impacto político y económico al hacerse públicos. El gobierno de México debe de considerar qué tan oportuno es un enfrentamiento político público, sobre un operativo fronterizo con dos agentes estadounidenses muertos, es en el mejor interés del país y sobre todo para Morena.