Ante eventuales ataques terroristas, el problema de México es la vecindad y ser uno de los países anfitriones del Mundial FIFA.
La pregunta es si el Gabinete de Seguridad está preparado ante estas eventualidades.
En entrevista con Ciro Gómez Leyva, el embajador de Irán en México advirtió “si EU gana algo en Irán, después no le será difícil intentar ganar en Cuba o incluso también en México”. Son entendibles las declaraciones del embajador Abolfazl Pasandideh, que estaría buscando apoyo diplomático y político ante la embestida de Estados Unidos e Israel en contra de su país. Pero la posibilidad de una agresión ordenada desde la Casa Blanca en contra de México o Cuba depende por una parte de si México y Cuba toman distancia contundente y rompen cualquier vínculo con el actual gobierno de la República Islámica de Irán. Pero también importante para México serán las decisiones que tomarán los grupos terroristas que han sido promovidos y financiados en los últimos 30 años por Irán.
Y aunque durante la conferencia mañanera la presidenta aseguró que hay unas pocas probabilidades de que México sea víctima de atentados terroristas debido al conflicto en Irán, ya que la protección de México es el hecho de estar a favor de la paz y en contra de la intervención, pero sí reconoció que podría haber un margen de riesgo: “Están todos los escenarios, están trabajando, llevamos más de un año trabajando, incluso fueron al mundial de Catar para ver cómo fue ese mundial. No sé, ya son años de trabajo para garantizar la seguridad. Pero un riesgo de algo que tuviera que ver con las religiones se considera muy, muy, muy bajo en México. Porque México no está involucrado con ninguno de los dos países. Nosotros hemos manifestado todo el tiempo una posición de paz”.
La frontera, la dependencia comercial y de seguridad simple y llanamente contradicen lo dicho por la presidenta. México, para bien o para mal, sigue siendo parte de América del Norte.
Y obviamente la posibilidad de que México sea víctima de un ataque terrorista extranjera, incrementa dramáticamente no solo por la vecindad, sino porque es anfitrión de uno de los eventos deportivos más populares del mundo. Y sería el escenario perfecto para que cualquier grupo quiera usar este escenario para enviar un mensaje a Estados Unidos y al mundo.
En febrero de 2007, Al Qaeda emitió una de sus amenazas más directas contra América Latina: llamó a atacar instalaciones petroleras en México, Venezuela y Canadá por abastecer a Estados Unidos. El mensaje apareció en la revista yihadista Saut al‑Yihad, donde la organización instó a golpear plataformas, oleoductos y buques tanque para “cortar el suministro energético a los cruzados”. El entonces presidente de Venezuela, Hugo Chavez, expresó enojo ante esta amenaza, asegurando que él y su país eran enemigos del Imperialismo Yanqui. Y aunque no se reportó ningún atentado, los gobiernos de México y Venezuela activaron protocolos de seguridad y reforzaron la vigilancia en sus plataformas del Golfo y el Caribe.
Pero estas amenazas de Al Qaeda, un grupo que no estaba directamente financiado y promovido por un gobierno en particular de la misma forma que Irán apoya y financia Hezbolá, estas amenazas del 2007 fueron reveladoras: por primera vez, la infraestructura petrolera latinoamericana quedó explícitamente incluida en la estrategia global del terrorismo yihadista.
¿Estarán los gabinetes de seguridad de México, Estados Unidos y Canadá para identificar y mitigar las amenazas que pudieran surgir durante el mundial? Por lo menos en México y Estados Unidos la restructuración del aparato de Seguridad Nacional podría impactar la capacidad ambos países. En el caso de Estado Unidos, además del impacto en recursos y la falta de estrategia para mitigar los efectos del ataque a Irán, que naturalmente incluye amenazas terroristas a Estados Unidos y aliados. Pero el problema fundamental de Trump es que despidieron, recortaron, cortaron recursos y nombraron personas incompetentes y sin experiencia para dirigir las organizaciones que tienen la responsabilidad de la seguridad interna en Estados Unidos.
En el caso de México, continúa la reestructuración del aparato de seguridad nacional, dejando un vacío fundamental en la responsabilidad de la inteligencia que se requiere para seguridad nacional, que incluye información para prevenir actividades terroristas en el país. Con la desaparición del CISEN y la limitada responsabilidad de inteligencia policial por parte del CNI, declarada por la misma presidenta Sheinbaum en el Consejo de Seguridad Pública. Es difícil imaginarse que el estado mexicano esté preparado si dejó de ver, escuchar, identificar y analizar potenciales amenazas. Más en la siguiente entrega.