La segunda parte del sexenio, de cualquier presidente mexicano, se reduce a concluir proyectos sexenales, proteger su legado y tratar de guiar el proceso de selección de la persona que lo reemplazará. En las últimas décadas esta aspiración de control parecería ser más que una fantasía, ya que los presidentes salientes han tenido poco control y poco poder en influenciar su reemplazo. Botón de ejemplo sería el expresidente Enrique Peña Nieto, quien no podrá regresar a México en la siguiente década sin temor a que los arresten. Los expresidentes ya no tienen derecho a seguridad ni pensión. La solución del expresidente Ernesto Zedillo, inmediatamente después de que terminó su sexenio, fue asegurar trabajo en el exterior para nunca regresar permanentemente a México.
Es importante notar que los expresidentes Zedillo, Calderón y Peña viven fuera de México, casi como exiliados. El único que se encuentra en el país es Fox, y claro, además del actual presidente, Andrés Manuel López Obrador. ¿Asumirá López Obrador que podrá quedarse en México al terminar el sexenio sin seguridad y una pequeña pensión? ¿Y la familia de AMLO podrá vivir en el país según estas nuevas reglas?
Esto es el problema de los gobiernos populistas, prometen sabiendo que no podrán cumplir ya sea ellos o su familia. El predial que tiene que pagar el López Obrador para poder vivir en su rancho en Tabasco y un mínimo contingente de seguridad no le alcanzará al presidente si depende de su pensión del ISSSTE. Tal vez sus seguidores y actuales funcionarios ya se comprometieron en mantenerlo a partir de 2024. Pero también existe la posibilidad de que tenga que salir del país AMLO porque estaría enfrentando una investigación o amenazas. Pero el plan probablemente sería ir a Cuba o Venezuela, gobiernos que podrían beneficiarse al anunciar que están manteniendo al caudillo.
Ante el caos y la destrucción de instituciones, además del desmantelamiento de sus reformas insignias y sus proyectos transexenales, y obviamente, las acusaciones de corrupción en contra de la 4T, alguien tendrá que asumir las consecuencias de un mal gobierno. ¿Será Andrés Manuel? ¿O el Chivo expiatorio serán asesores cercanos o sus familiares?
Es una realidad que tiene que considerar el presidente y tiene un año para decidir, ya que en enero de 2024 estarán todos los candidatos y candidatas, además su partido está enfocado en las elecciones. De hecho podemos afirmar que la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum; el Canciller, Marcelo Ebrard; el Secretario de Gobernación, Adán Augusto López, y también el senador, Ricardo Monreal, los cuatro ya están dedicados hacer campaña de tiempo completo. Cada decisión que toman, cada persona que los rodea, cada documento o libro que leen, cada conversación, todo gira alrededor de agradar a López, asumiendo que esto sería suficiente para ganarse la candidatura.
Y eso es el problema principal de permitir que personas, en el ámbito de seguridad y justicia, se dediquen a sus intereses personales y no gobernar respondiendo a las necesidades de la población.
La corrupción es un factor que debería ser particularmente preocupante para López Obrador, a pesar de todas afirmaciones durante las conferencias mañaneras de que este flagelo ya está bajo control. En este sexenio, el presidente, su familia, los allegados y funcionarios de nivel tendrán que preocuparse de posibles investigaciones administrativas y penales que pudieran suceder en los siguientes años. El manto de corrupción también se cubre en este sexenio, pero ahora gracias a la secrecía que proporciona a los proyectos y contratos, la justificación de seguridad nacional y las licitaciones directas. Pero es difícil de imaginarse que este “manto de protección” vaya más allá del 2 de junio del año próximo. La corrupción mata, y por esta razón, en el siguiente sexenio, sin importar si el nuevo mandatario o mandataria es de Morena, no protegerán la corrupción del sexenio anterior por no asumir culpas y costos políticos.
Esto es importante de entender porque la lucha por la candidatura a la presidencia, gobernadores y presidentes municipales también es una carrera en búsqueda de inmunidad ante las investigaciones y posibilidades de ser detenido en el siguiente sexenio. Ante la batalla campal que en este momento se vive a diario entre las “corcholatas” de Andrés Manuel, la lucha entre ellos y ella se parece más a Los Juegos del Hambre, donde el ganador llega a la cima y puede mantener poder, solo si elimina a sus adversarios.
Se acabó el sexenio. Ahora viene lo bueno.