Análisis sin Fronteras

López Obrador, otro miembro del club de autoritarios

El presidente López Obrador ha destruido o debilitado los pesos y contrapesos que debe de tener una democracia ‘funcional’ para prevenir gobiernos autoritarios.

Se han roto varias de las reglas fundamentales que han regido las negociación entre México y Estados Unidos. La ruptura la inició el presidente Donald Trump, quien usó una plataforma de odio antiinmigrante y antimexicano para lanzar su candidatura, y ganar las elecciones en 2018, misma plataforma que, en un descuido, podría asegurar su regreso en 2024 la Casa Blanca. La ruptura, tal vez permanente, ahora la lidera Andrés Manuel López Obrador y sus intenciones parecen cristalizarse en las últimas semanas: asegurar que ningún actor externo tenga injerencia en el rumbo que tomará la cuarta transformación en los últimos dos años de este sexenio.

El presidente López Obrador, sistemáticamente en los cuatro años de gobierno, ha destruido o debilitado los pesos y contrapesos que debe de tener una democracia ‘funcional’ para prevenir gobiernos autoritarios: independencia judicial, una rama legislativa funcional, autoridades electorales, medios de comunicación y fiscalías independientes, libertad de expresión, medios de comunicación que informan, una sociedad civil que se moviliza y partidos que aseguran competencia política.

Y aunque se puede argumentar que cuando López Obrador llegó a la presidencia, la ‘democracia’ mexicana tenía debilidades como la corrupción sistemática, los catastróficos índices de pobreza, horríficos niveles de violencia y la falta de liderazgo. Y las debilidades inherentes de la democracia mexicana, al igual que la democracia estadounidense en su momento, permitió que llegara AMLO al poder, un populista autoritario que buscará asegurar la permanencia de su visión retrógrada para México. Y esta visión de poder requiere que el país retroceda 50 años en materia económica, política y en materia de seguridad.

Al debilitar los pesos y contrapesos en México, ahora busca debilitar aquellas presiones que se puedan ejercer desde el exterior.

Una de las reglas que ha permitido que ambos países puedan mantener públicamente un nivel de cordialidad es la de no negociar ni ofender a su contraparte públicamente. En el caso de Donald Trump, aunque atacaba a los migrantes y a México semanalmente, él aseguraba reconocer a López Obrador como un “gran hombre, un gran líder”. Con estos comentarios casi casi ponía al presidente de México como parte de su ‘club’ de gobernantes antidemocráticos. Y López Obrador no solo sigue asegurando que Trump es un amigo y que lo respeta, pero que también hay que respetar a otros gobiernos autoritarios como el Diaz-Canet, Maduro y Ortega.

Todos son parte del club de los autoritarios que buscan destruir los procesos democráticos para mantenerse en el poder. Y sí, las democracias en el hemisferio corren peligro.

Esto nos lleva al enfrentamiento público que tiene López Obrador con Joe Biden. En parte tiene que ver con la decisión del presidente de México de alinearse con gobernantes con los que él siente identificación ideológica, en parte puede ser porque AMLO, en los últimos 20 años, acumuló favores que hoy tiene que pagar.

Pero creo que la explicación es más simple: López Obrador necesita distanciarse no solo del gobierno de Estados Unidos, sino de la Unión Europea, particularmente España. También hay que destruir la OEA y cuestionar la ONU.

¿Por qué?

Andrés Manuel López Obrador busca asegurar que, a diferencia del pasado, ningún gobierno extranjero, organización multilateral, ONG o prensa extranjera pueda influir en la opinión pública y las encuestas en México. Especialmente, ante la eventualidad de que puedan surgir videos, audios, reportajes o información que señalen al presidente de México por lo que es: un presidente que preside un gobierno que negoció con el crimen organizado, con otros gobiernos, políticos y empresas corruptas. Y que, de hecho, López Obrador sí es diferente a otros gobiernos: es autoritario y no cree en la democracia como la base de todo gobierno.

Al surgir más información sobre la violencia, las desapariciones y el incremento de control territorial, AMLO buscará blindarse atacando y minimizando el contexto internacional, incluyendo un enfrentamiento abierto con el presidente de Estados Unidos. Y para los que aseguran que las amenazas económicas en el ámbito comercial o el hecho de que Estados Unidos cierre la frontera son incentivos para que López Obrador no se enloquezca, desafortunadamente se equivocan. Al presidente de México ya no le preocupa el impacto de sus decisiones en la economía porque los afectados son los empresarios, la clase media y sus enemigos políticos. Mientras que pueda asegurar las elecciones a favor de su candidato en 2024, la verdad es que no importa en qué condiciones reciba el nuevo presidente el país, ya que AMLO y su tribu estarán protegidos, sin importar los videos, los audios, las fotografías, los reportes que se publiquen en México y en el exterior. El estará resguardado en su rancho ‘La Chingada’, en Palenque, Chiapas.

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