Análisis sin Fronteras

Negociando con el ‘frenemy’ (tercera parte)

López Obrador traicionó a Biden anunciando que tres países liderados por gobernantes autoritarios tendrían prioridad sobre la relación entre Estados Unidos y México.

En las anteriores entregas les explicaba la palabra frenemy, que en inglés es la unión de la palabra friend (amigo) y enemy (enemigos). Es un concepto que refleja los vaivenes de la relación bilateral entre Estados Unidos y México. Y fue esta semana de frenemies que López Obrador se portó más como un enemy y menos como friend.

Estará por verse si Andrés Manuel López Obrador arruinó la fiesta de Joe Biden en la ciudad de Los Ángeles y cuál será el impacto que tendría a corto y largo plazos. Pero con la declaración un tanto precipitada y mal expresada del presidente, anunciando que no iría a la Cumbre de las Américas, rompió varias de las reglas que han permitido un nivel de compromiso entre frenemies.

Una de las reglas es no traicionar públicamente a tu contraparte. Los cuestionamientos a puerta cerrada deben de quedar en los oscuros cuartos de las negociaciones burocráticas. López Obrador traicionó a Biden no solo anunciando que tres países liderados por gobernantes autoritarios tendrían prioridad sobre la relación entre Estados Unidos y México. También hay que considerar que la decisión de llevar a cabo la Cumbre de las Américas en Los Ángeles era un reconocimiento de la Casa Blanca a la importancia de los mexico-americanos, la importancia de México y su liderazgo en la región.

El llevar a cabo la cumbre en LA era un guiño a México.

Al no ir a la cumbre, López Obrador también dejó colgados a los gobernantes de los países centroamericanos que acababa de visitar, donde en cada parada el presidente de México despotricaba en contra de la falta de apoyo por parte Estados Unidos para los hermanos centroamericanos. Y sí, López Obrador se comportó como un líder que podría usar su cercanía con Biden para exigir más fondos para programas de desarrollo. Pero ahora que AMLO se queda en casa, Guatemala, El Salvador, Honduras y Belice se quedaron sin su caballero de la mesa redonda.

México tradicionalmente ha jugado un papel fundamental en poner sobre la mesa de debate temas difíciles de abordar para otros países. De hecho, uno de los grandes interlocutores y defensores de Cuba ha sido México. Ahora que López Obrador no estará presente, su sueño de ser el líder de Latinoamérica desaparece, ya que México ni siquiera estará en la mesa para ser uno de los interlocutores más importantes entre los países del hemisferio y Estados Unidos. Y el presidente no estará presente porque la prioridad de la política exterior de México no es defender el pueblo cubano, venezolano y nicaragüense, ahora su prioridad es defender a tres líderes absolutamente indefensibles: Miguel Díaz-Canel, Nicolás Maduro y Daniel Ortega.

Quiero imaginarme que para López Obrador hay algún beneficio político de la decisión tomada. En el caso de Joe Biden, el daño es para su política exterior y el liderazgo que podría ejercer Estados Unidos en las Américas, en un momento en que hay poco interés en lo que sucede en el sur de la frontera estadounidense. Ucrania, inflación, COVID-19 y flujos irregulares de migrantes son los temas que estarían marcando las elecciones intermedias. Y tal vez, en un cálculo herrado, AMLO y sus asesores pensaron que Estados Unidos está enfocado en otros problemas y en otros países. Además, los índices de popularidad de Biden ahora compiten con los porcentajes del expresidente Donald Trump, por lo tanto, es un presidente débil.

Pero si los demócratas pierden ambas cámaras en noviembre, la amabilidad hacia México que ha caracterizado la Casa Blanca de Biden podría desaparecer, y tal vez en 2024 regrese a la presidencia un Donald Trump que especuló con enviar misiles a México. La relación bilateral tiene un impacto político en Estados Unidos, y el más consciente de esto es Donald Trump.

Esto fue otro error de negociación con el frenemy, ya que el futuro de la relación bilateral importa y serán funcionarios y sociedad civil que tendrán que responder en el futuro por los errores del presente de los actuales funcionarios.

México sí importa para la Casa Blanca y para Joe Biden. Pero la decisión de no participar en la Cumbre de las Américas vuelve al presidente López Obrador un débil interlocutor para pelear los intereses de México, y del hemisferio.

Estar en la mesa de negociación. Otra regla que rompió López Obrador es que dejó de ser un interlocutor confiable, no solo para Estados Unidos, también para otros países del hemisferio, por el simple hecho de que ni siquiera quiere estar presente en la mesa de discusión.

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