Análisis sin Fronteras

Negociando con el ‘frenemy’ (segunda parte)

El concepto ‘frenemy’ permite entender mejor la crisis diplomática, y posiblemente de seguridad nacional, que se está viviendo entre México y EU.

Si aceptamos la definición de la palabra ‘frenemy’ como una persona con la que uno es amistoso, a pesar de ser rival o de tener una diferencia fundamental, la relación con Estados Unidos claramente es entre ‘frenemy’.

“Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”, se le atribuye a Porfirio Díaz y refleja una visión de dos países vecinos, pero distantes. Esta frase no refleja remotamente la interdependencia política, económica, cultural y de seguridad que existe entre ambos países. Por eso prefiero usar la palabra ‘frenemy’ para describir la relación bilateral. Este concepto permite también entender mejor la crisis diplomática, y posiblemente de seguridad nacional, que se está viviendo entre ambos países.

Como les comentaba en la última entrega, la negociación entre Estados Unidos y México tiene características especiales debido a los 3 mil 152 km de frontera que divide ambos países. Y negociar con el ‘frenemy’ no es fácil y ciertamente se requiere de negociadores con un apoyo absoluto de sus presidentes.

Durante la presidencia de Donald Trump, las instituciones y reglas que tradicionalmente habían permitido una relación viable y de confianza burocrática, fueron ‘borradas’ por el controversial mandatario, literalmente con la publicación de un tuit. Una de las reglas más importantes para negociar entre ambos países es el respeto público, confianza y sobre todo, evitar sorpresas. Trump negociaba como un bully, maltrataba a los gobernantes del mundo (con la excepción de Vladimir Putin) y creía que la sorpresa era una de sus herramientas más poderosas como negociador. Y el presidente Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador fueron víctimas del caótico mundo de Trump.

Pero ahora, parecería que el gobierno de México olvidó o no reconoce algunas de las reglas de negociación que fueron aprendidas por diplomáticos y burócratas a través de las décadas.

Además de la importancia de promover confianza y evitar sorpresas (como les comenté en la última entrega), es fundamental que ambos países busquen fortalecer a los negociadores que conocen y han vivido los vaivenes de la relación bilateral.

La pregunta es si el equipo mexicano tiene esa profundidad burocrática, y sobre todo, la coordinación necesaria para, adecuadamente, enfrentar la fuerza burocrática del gobierno estadounidense. El problema fundamental para México es que su negociador principal, Marcelo Ebrard, no solo es canciller, también es posible candidato para la presidencia en 2024. Y la experiencia histórica nos recuerda que las ambiciones políticas no necesariamente son las mismas prioridades de la política exterior o de López Obrador.

Cuando un funcionario de la Casa Blanca y del Departamento de Estado se sienta a negociar con el canciller Marcelo Ebrard, ¿el representa los intereses del presidente López Obrador?, ¿los intereses estratégicos de México ante Estados Unidos?, ¿o están negociando con un funcionario que busca ser el siguiente presidente de México?

La respuesta a estas preguntas es fundamental para entender las decisiones que se estarían tomando en este momento en las cancillerías en ambos países.

Pero la otra regla del juego de negociaciones entre ‘frenemy’ de México y Estados Unidos es buscar áreas de acuerdo que se puedan anunciar públicamente. Y parecería que, en las últimas semanas, después de cada reunión de alto nivel, funcionarios de ambos países anunciaban públicamente acuerdos o decisiones que se contradecían. En este momento parecería que, en Washington y Ciudad de México, funcionarios de ambos países tienen pocas áreas en común. Esta situación ha sucedido en el pasado. La diferencia es que ahora es bastante público este distanciamiento.

Otra regla del juego es que en ambos países los negociadores deben tener consideraciones para los objetivos políticos de sus ‘frenemy’. Joe Biden enfrenta elecciones intermedias donde hay una posibilidad real de que los demócratas pierdan ambas cámaras. En el caso de López Obrador, su presidencia más y más está enfocada en consolidar el poder de su partido, su legado político y asegurar que su delfín gane las elecciones presidenciales en 2024. En ambos casos, la estrategia que asuman los países en materia de migración, violencia, control del crimen organizado y la economía podría tener un impacto fundamental en las decisiones que tomen los electores en ambos países.

Y es aquí donde es fundamental entender el concepto de ‘frenemy’, porque los intereses políticos, económicos y de seguridad tiene espacios donde coincidir.

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