Análisis sin Fronteras

Lecciones aprendidas de la insurrección del 6 de enero

Joe Biden tendrá que tomar la decisión de usar la fuerza para detener la nueva insurrección, con lo que dividirá aún más a la población y el electorado.

Aunque sucedió hace un año, el 6 de enero de 2021, será recordado cada año como una fecha clave para la democracia estadounidense. No exageran los analistas y los legisladores que subrayan que los eventos que sucedieron ese día pusieron entredicho el futuro de la democracia estadounidense, por ende, el futuro de la seguridad y economía.

Fue ese día cuando una turba, incitada por el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegaron al Capitolio para interrumpir la certificación de las elecciones presidenciales por parte de los legisladores, como lo especifica la constitución. A pesar del ataque, amenazas y muertes que sucedieron ese día, y bajo amenaza del mismo Trump, el vicepresidente Mike Pence certificó la elección y se inició la transición para que semanas después tomara protesta Joe Biden.

Y seguramente habrá lectores y funcionarios que aplauden la crisis que se vive en la vecindad, por odios antaño al ‘imperio’. Pero, aunque parece una obviedad, es importante recordar que la estabilidad política y económica de Estados Unidos en los siguientes años es fundamental para la recuperación global de la pandemia por COVID-19. Particularmente importante, para los que creemos en sistemas democráticos -aunque imperfectos- es promover reglas y procesos con pesos y contrapesos, que detienen los peores instintos de los autoritarios.

Y es vital estudiar las lecciones aprendidas de la insurrección y ataque al Capitolio hace un año, para entender lo endeble que son los sistemas democráticos en Estados Unidos, y empezar a anticipar la posibilidad de que la crisis política en ese país continúe por muchos años.

Lo que sucedió en Estados Unidos es obviamente importante para entender lo que está en juego en México y varios países centroamericanos y latinoamericanos, donde hay gobernantes que no respetan los pesos y contrapesos que son fundamentales para el futuro de democrático de cualquier país.

Una de las lecciones más importantes que surge, un año más tarde, es la importancia de los pesos y contrapesos que sobrevivieron los cuatro años del polémico Donald Trump: legisladores demócratas y una decena de republicanos dispuestos a investigar y cuestionar lo que sucedió ese día. De hecho, la comisión legislativa que está investigando la ‘insurrección’ del 6 de enero ha tenido acceso a documentos, texto de chats además de haber entrevistado a decenas de exfuncionarios y testigos tratando de descifrar el papel del expresidente Donald Trump en incitar la insurrección. Y aunque son pocas las posibilidades de que sean castigados penalmente Trump y su equipo cercano, por lo menos la divulgación de lo que sucedió ese día será un recordatorio para los electores que votarán este año en las elecciones intermedias. Esto subraya la importancia de la independencia de la rama legislativa.

Y aunque no sea castigado Trump, por lo menos sus seguidores ya están sufriendo las consecuencias de su decisión de participar en la insurrección del Capitolio. A un año de los eventos del 6 de enero, el FBI ha arrestado a más de 720 personas que han sido acusadas de varios delitos, incluyendo asesinato, asalto, uso ilegal de armas, daños a propiedad y amenazas a funcionarios legislativos. Según el Washington Post, 70 personas han sido sentenciadas, de las cuales 31 fueron encarceladas, 18 están en detención domiciliaria y 21 se encuentran en libertad condicional. Y también se esperan decenas de detenciones en este 2022 y más juicio para los participantes. Jueces, fiscales e investigadores capaces e independientes también son importantes para proteger la democracia de cualquier país.

Pero entre las lecciones más preocupantes que surge después de 12 meses de análisis, es la ‘ceguera’ sistemática de los fieles seguidores de Trump. La insurrección del Capitolio ha sido documentada casi minuto a minuto, la brutalidad y la violencia, por las redes sociales, con videos de los medios de comunicación y de la policía, además de testimonios y textos. Y aún así, no solo siguen apoyando a Donald Trump, buscan su reelección en 2024.

Ante la imposibilidad de que los fieles seguidores rompan con un peligroso caudillo autoritario como Trump, incrementa el peligro de enfrentamientos violentos ante los resultados electorales en las elecciones intermedias de 2022 y presidenciales en 2024. El actual presidente de Estados Unidos, Joe Biden, tendrá que tomar la difícil decisión de usar la fuerza para detener la nueva insurrección, dividiendo aún más a la población y el electorado. El uso de la fuerza siempre debilita a gobierno, aun cuando se hace para defender un gobierno demócrata. Y ese será el arma de Trump y el talón de Aquiles de Biden.

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