Análisis sin Fronteras

La importancia de supervisar construcción de carreteras en Badiraguato

Mientras que el presidente planea su visita a Badiraguato, en el estado vecino, Sonora, se vive una guerra civil, en parte propiciada por organizaciones que tienen cede en Sinaloa.

“Y voy a supervisar caminos. Voy a Badiraguato, voy a Tamazula, voy a San Ignacio, toda la parte de la sierra…”, dijo el mismísimo presidente Andrés Manuel López Obrador aparentemente despreocupado del impacto que tendría que el hecho de que el presidente de México visite, por tercera vez, para supervisar (supervisar, no inaugurar) la construcción de carreteras en Sinaloa el mismo fin de semana que se llevará acabo la consulta popular. La fecha aparentemente es suficiente para justificar que la prensa no esté presente en los eventos donde participaría Andrés Manuel. ¡Linda casualidad!

Tal vez, ahora sí, sería difícil para el presidente justificar videos o audios de posibles reuniones con familiares del Chapo Guzmán, abogados o miembros de algún grupo del crimen organizado. Pero seguramente alguien estará grabando audio y video -y se filtrará- de los eventos y conversaciones que se llevarán a cabo en la querencia y la vecindad del Chapo Guzmán.

¿Alguien verdaderamente cree que López Obrador es tan ingenuo que no entiende las implicaciones que tendrá una visita más a Badiraguato? ¿O los operadores del presidente asumen que el presidente teflón no sentirá el impacto político y en materia de seguridad el insistir en que él tiene que supervisar la construcción de carreteras?

Esta visita a Badiraguato envía un mensaje a todas las organizaciones criminales (nacionales e internacionales) presentes en el país, a los policías y soldados que tienen la responsabilidad de arriesgar su vida en defensa de la integridad física de mexicanos amenazados por el crimen organizado y una posición del gobierno del presidente ante otros gobiernos y organizaciones internacionales.

También esto enviará el mensaje de que el jefe del Ejecutivo federal o no sabe negociar o fue subyugado por alguna organización criminal. Las decisiones del presidente, ya sea en el uso de su lenguaje, las decisiones de dónde y cuándo hacer giras, y su agenda diaria -la forma en que usa su tiempo- se interpreta como las prioridades y el uso de recursos del gobierno federal. Y aún, asumiendo que en el mejor de los casos, López Obrador decidió que el mejor uso de su tiempo es supervisar la construcción de carreteras en Badiraguato, organizaciones criminales tendrán ‘otros datos’. Y esto es particularmente peligroso si es que organizaciones criminales antagónicas interpretan que el gobierno ya ha escogido a sus aliados para pacificar al país.

La visita a Badiraguato podría interpretarse literalmente como una invitación a organizaciones criminales y paramilitares a hacer uso de la violencia para que el ‘mismísimo presidente busque negociar’. Pobladores que se sienten abandonados por el Estado mexicano tienen incentivos de protestar, de tomar las alcaldías, de detener alcaldes, policías o guardias nacionales, porque tal vez así también venga el mismo Andrés Manuel a supervisar la ‘construcción de carreteras’.

Y seguramente estarán muy avanzados los planes del presidente para supervisar la construcción de carreteras en tierra de narcos. Pero no le alcanzó el tiempo para reunirse con el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, que de plano tuvo que viajar a Washington para reunirse con el secretario general de la OEA, el ‘odiado’ Luis Almagro, con ‘evidencia’ de que México estaría convirtiéndose en un narcoestado por la participación de estos grupos en las elecciones intermedias. A días de visitar Badiraguato, AMLO hace un llamado a que desaparezca la OEA, por injerencista. Vaya forma de enviar el mensaje sobre cuál es la posición de México ante el criminen organizado.

Mientras que el presidente planea su visita a Badiraguato, en el estado vecino, Sonora, literalmente se vive una guerra civil, en parte propiciada por miembros de organizaciones que tienen cede en Sinaloa. Las imágenes no mienten. En Magdalena, ciudad que se encuentra en una de las carreteras fundamentales para el transito de exportaciones a Estados Unidos, lleva más de una semana de balaceras entre bandas criminales. La población está aterrada, se encuentran cerradas los comercios y bancos. Claman apoyo de la gobernadora Claudia Pavlovich, que no ha reaccionado públicamente. Y el gobernador electo, Alfonso Durazo, se encuentra en Arizona, tratando de convencer a empresas estadounidenses de las bondades de invertir en estado de Sonora, que se encuentra en este momento en una histórica ola de violencia.

El vacío de poder es palpable y las organizaciones criminales aprovechan ese vacío.

El mensaje para los policías y soldados es aterrador: ¿cómo cumplir con su deber de proteger la integridad física de la población y la persecución de los violentos en este país, si el comandante en jefe está supervisando la construcción de carreteras en Badiraguato?

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