Análisis sin Fronteras

La invitación del presidente a la violencia

El Estado está permitiendo que más y más grupos armados controlen vastas regiones del país.

Posiblemente es la falta de experiencia del presidente López Obrador y su equipo en negociaciones. Seguramente también influye el hecho de que, desde la campaña presidencial, López Obrador aseguraba que él resolvería la violencia en el país con programas sociales. O simplemente AMLO tiene un problema de soberbia extrema que no le permite reconocer errores.

Pero ante el incremento de la violencia, el seguir insistiendo en usar frases como ‘abrazos y no balazos’ o ‘violencia no se resuelve con violencia’ es una clara señal que él no tiene, o no puede cambiar de estrategia, aún cuando es obvio que el Estado está permitiendo que más y más grupos armados controlen regiones del país. De hecho, el presidente reafirmó su posición de no hacer uso de la fuerza recientemente durante la conferencia matutina al comentar sobre la situación de Aguililla, sin importar las amenazas en contra de la población y las provocaciones hacia el Ejército y la Guardia Nacional. “No me harán cambiar de opinión”, dijo el mandatario.

Y con esta posición, el presidente ha invitado a todos los grupos armados y del crimen organizado que tienen presencia en el país, que fortalezcan su presencia local mediante la adquisición de armas y la intimidación de la población y autoridades locales. Parecería que mientras más amenazan y provocan a la población, a las autoridades locales y a las fuerzas del orden, menos dispuesto estará el presidente a enfrentarlos.

Podríamos llamar a esto el ‘síndrome Ovidio’, una estrategia desarrollada por el Cártel de Sinaloa que, teniendo gran capacidad bélica, amenazando a la población y a las autoridades federales y a las Fuerzas Armadas, pudieron no solo asegurar que Ovidio, hijo del capo El Chapo Guzmán, sino ahora esta organización tiene literalmente una carta de ‘inmunidad’. El amenazar los intereses de los individuos que conforman esta organización podría traducirse en un enfrentamiento donde la población y las fuerzas de seguridad serían rehén de esta organización.

Además, usar la fuerza te da interlocución con la presidencia, es el otro mensaje aprendido del ‘culiacanzo’.

Y el ‘síndrome de Ovidio’ se está viviendo en diferentes partes del país, donde otras organizaciones criminales, que rápidamente han reconocido que el presidente tiene una aversión de reconocer que se equivocó de estrategia y que continúa soñando que los programas sociales resolverán los problemas de seguridad pública en este país.

El problema es que, aún con las imágenes que surgieron de Aguililla esta semana, el presidente aseguró que no cambiará de parecer ni de estrategia, aún con las provocaciones y el llamado de la población de que las autoridades intervengan. Fue vergonzoso el comentario del presidente asegurando que al negociar con la ‘población’ lo que pidieron en la ‘negociación’, entre otras cosas, fue una sucursal del Banco del Bienestar.

Estos comentarios del presidente no solo subrayan que no hay una estrategia para resolver la ola de violencia en Michoacán, está documentado que el presidente está dispuesto a ceder parte de ese estado a un grupo del crimen organizado.

Básicamente es una invitación para todos los grupos armados y organizaciones criminales en el país a tomar las armas y empezar la ‘guerra’ por territorios y gobiernos locales. El presidente está reconociendo que, por ahora, no quiere o no puede enfrentarlos. Y este mensaje de Andrés Manuel López Obrador se traducirá en una ola épica de violencia con un impacto catastrófico en la población. Y para el Ejército, esta guerra de ‘baja intensidad’ podría traducirse en años de enfrentamientos, con un alto costo para las vidas de civiles y militares.

Es fácil ceder territorio. Podría tardarse años el Estado en recuperarlo. No importa cuántas ‘sucursales bancarias’ decidan instalar en estas zonas de ‘guerra’.

El presidente está invitando a todos a todas las organizaciones violentas y grupos armados a ejercer la violencia y buscar marcar territorio haciendo uso de la fuerza. Porque el estado no los detendrá.

No entiendo por qué los asesores no insisten en recordarle al presidente que el no proteger a la población de actores entre los más violentos del planeta, es una negligencia del Estado que podría conllevar acusaciones y responsabilidades para él y el Estado mexicano. Y no podrá, ante las cortes internacionales, usar como defensa las fallas de sexenios anteriores, el complot de los neoliberales, ni su estrategia de ‘abrazos y no balazos’.

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