Desde San Lázaro

Control total de los tres poderes

Claudia Sheinbaum tendrá más poder que López Obrador cuando este llegó a la Presidencia. Por eso, la presidenta debe mantener autocontrol y no perder piso.

Más allá de los escenarios posibles que van a ocurrir en el Congreso con la nueva conformación de ambas cámaras legislativas, está el hecho incontrovertible de que el triunfo avasallador de Morena, PVEM y PT ha relegado al PAN y PRI a un segundo plano y al PRD lo mandó al cajón de los partidos políticos extintos, mientras que Movimiento Ciudadano y su repunte en las preferencias electorales, le garantiza a Morena la posibilidad de aprobar cualquier reforma constitucional.

Aunque le falten algunos asientos al oficialismo para tener el 75 por ciento de los votos en el Senado y en la colegisladora, lo cierto es que podrán granjearse la voluntad de algunos legisladores del PAN, PRI e incluso de MC para alcanzar ese objetivo.

Cuando AMLO ganó la Presidencia en 2018 logró un control importante del Congreso al obtener la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y ahora Claudia Sheinbaum con el control total del Congreso casi en la bolsa, tendrá un enorme capital político que le permitirá emprender los cambios que ella vislumbre para atender las principales demandas de los mexicanos; entonces para qué tanto brinco estando el piso tan parejo; es decir, la doctora tendrá camino libre en el Congreso para la aprobación de las reformas constitucionales que según su visión requiera el país, en cuanto al control de Suprema Corte de Justicia de la Nación ocurre lo mismo, ya que ella nombrará en unos meses a los nuevos ministros que ocuparán los cargos vacantes y con ello, tendrá también mayoría afín en el máximo tribunal del país.

Claudia Sheinbaum tendrá más poder —si es que se puede tener más— que López Obrador cuando este llegó a la Presidencia, porque no solo mantendrá su égida sobre el Poder Ejecutivo, sino también en el Legislativo y el Judicial.

Por eso hemos mencionado en otras colaboraciones que la presidenta debe mantener un autocontrol para no desbordarse con el canto de las sirenas, es decir, con esa bola de lambiscones que están siempre alrededor del poder y que no escatiman comentario positivo alguno para granjearse la voluntad del poderoso; por ello, es de suma relevancia la conformación de un gabinete y de sus principales colaboradores con carácter, porque de ellos dependerá no solo cumplir con la responsabilidad de las tareas por las que serán nombrados, sino de mantener a su jefa con los pies en la tierra.

El común de las personas no puede controlar el poder y el dinero aunque estos sean en dimensiones diminutas, ahora imagine el exorbitante poder que tendrá la primera mujer presidenta en México, con el control de los tres poderes de la Unión, de las Fuerzas Armadas y virtualmente sin contrapesos de altura.

El único contrapeso que tendrá serán su propia conciencia y sus valores; su cosmovisión y su compromiso con la gente, entendido este como plena expresión del humanismo y de la compasión.

Si realmente quiere cumplir con su promesa de “primero los pobres”, tiene absolutamente todo para sacar de la marginación y la pobreza a la mitad de los mexicanos, quienes actualmente viven con esa condición.

La presidenta debe tener la sensibilidad de que, por mucho poder que tenga, no contará con los recursos económicos suficientes para atender todas las demandas de la población, y por ello requerirá la participación de la iniciativa privada, de los inversionistas y su capital, para conformar mecanismos público-privado y fortalecer, por ejemplo, el sector energético; revertir la crisis hídrica y ambiental, pero sobre todo mejorar sustancialmente al sector de salud pública y todo el andamiaje educativo que permita darle una educación de calidad a todos los estudiantes, sin importar el nivel escolar.

De hecho, la piedra angular de todos los cambios que requiere México, es apostarle a la educación para apuntar la inclusión social y el fortalecimiento del tejido social.

Como se aprecia, Claudia Sheinbaum puede convertirse en la mejor presidenta de México si tiene la sabiduría, la humildad y la visión de estadista para canalizar todo el poder que ostentará a partir del 1 de octubre en favor de las causas de las mayorías.

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