Desde San Lázaro

Los impuestos como botín político

Ya que la mayoría piensa que con el voto se termina la responsabilidad y compromiso con la democracia, los candidatos ganadores se olvidan de todo lo que prometieron.

Bien dice el dicho que prometer no empobrece y eso es exactamente lo que hacen la mayoría de los candidatos que aspiran a ganar en la elección respectiva. Desde los candidatos presidenciales, hasta los que buscan una gubernatura, senaduría, diputación, alcaldía y todos los demás cargos de representación popular, mienten y engañan con tal de granjearse el voto popular.

El caso más representativo es el presidente López Obrador, que prometió las perlas de la Virgen para deslumbrar a millones de ilusos que le extendieron un cheque en blanco, que a la postre fue llenado con varios ceros.

Ya que la mayoría de los votantes piensan que, con la emisión de su voto se termina su responsabilidad y compromiso con la democracia, los candidatos ganadores se olvidan de todo lo que prometieron y, en el mejor de los casos, solo atinan a culpar a otros para justificar su incumplimiento y fracaso.

Debería crearse un comité ciudadano para evaluar el comportamiento de todos los candidatos mentirosos que ganaron sus elecciones merced a esta virtud y no a sus méritos y menos por el cumplimiento de sus promesas.

Ahora que ya están en campaña los aspirantes a la jefatura de Gobierno de la CDMX, la candidata del oficialismo, Clara Brugada, se aventó la puntada de prometer la pensión para adultos mayores para aquellos que tengan cumplidos 57 años y poco le faltó para prometer dos meses de aguinaldo, semanas de 20 horas de trabajo y vacaciones pagadas, aunque no se tenga derecho a ellas.

Ofreció la extitular de la alcaldía de Iztapalapa más becas, movilidad, seguridad, agua y salud, al tiempo que les dará apoyos económicos a los capitalinos desde su nacimiento, que consiste en entregar dinero público a todos los menores durante los primeros mil días de vida.

El populismo a todo lo que da y la irresponsabilidad sobre el manejo de los recursos públicos se plasma en estos candidatos que, con tal de ganar, prometen lo absurdo e inverosímil.

Esos programas populistas están orillando al gobierno federal a padecer una quiebra técnica y a aumentar la deuda pública a niveles inéditos, pero eso qué importa si se mantiene la 4T en el poder.

Acaso, a alguno de los candidatos presidenciales se les ha ocurrido, por ejemplo, preguntar a los contribuyentes en qué quieren que se gasten sus impuestos, toda vez que ellos, con base en su trabajo, son los que generan esos invaluables recursos para el erario público y para cristalizar, por desgracia, las ocurrencias que de repente tiene el presidente de la República, como la refinería Dos Bocas, el Tren Maya y el AIFA, tan solo por enumerar algunas.

En un sistema democrático se supone que los representantes populares que cobran en el Senado y en la Cámara de Diputados son los que tienen que vigilar el gasto público a través de la Auditoría Superior de la Federación y de otros órganos de control. Sin embargo, solo son tapaderas, por lo menos los de Morena, PT y PVEM, de los desvíos de recursos y de la corrupción que existe precisamente en esos programas de asistencia social con tintes electoreros que se implementaron en esta administración.

Ahora que estamos en tiempos de campaña, esperamos que alguna candidata presidencial o incluso Álvarez Máynez, pongan en la mesa la propuesta de defender a los contribuyentes ante los excesos del SAT y sobre todo, en la toma de decisiones sobre los criterios para gastar esos ingresos tributarios que tiene el Estado.

Todos los candidatos hacen caravana con sombrero ajeno porque prometen el uso del presupuesto y del dinero que no es suyo, en sus ocurrencias sin importar que ello represente en términos macroeconómicos, comprometer las finanzas públicas con un endeudamiento desorbitado que, incluso, pegue a las futuras generaciones.

El uso de los impuestos como botín político y señuelo para ganar elecciones.

En este espacio vamos a comentar las propuestas más absurdas, ridículas y populistas de los candidatos presidenciales, a gobernador y al Congreso federal. Igual en una de esas encontramos la panacea que resuelva los problemas más acuciantes por los que transita México, como la inseguridad, la violencia, los desplazados y el control territorial que tienen los grupos criminales en buena parte del territorio nacional.

La impunidad y la corrupción, la crisis hídrica y ambiental y el resquebrajamiento del sistema de salud y educativo, son tan solo algunos de esos temas que requieren resultados y no promesas estúpidas e irresponsables.


COLUMNAS ANTERIORES

La CDMX para Taboada
De presunto delincuente a prócer de la 4T

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.