Desde San Lázaro

El ‘comandante Nuño’

Aurelio Nuño impuso una reforma educativa de corte neoliberal, diseñada por Carlos Mancera Corcuera y Claudio X. González, plagada de prejuicios en contra de los maestros.

¿Cómo pretende ganar las elecciones Xóchitl Gálvez, si encabeza un infausto equipo de políticos impresentables en sociedad, postulados por el trío de partidos de su coalición? Los amigos de Marko Cortés, los leales de Jesús Zambrano, los cómplices de Alito Moreno.

¿Cómo busca, siquiera, tener una candidatura presidencial competitiva si los partidos políticos que le dan soporte (y registro) le impidieron postular candidaturas ciudadanas novedosas al Congreso?

Si Xóchitl ha tenido dificultades para tomar relativa distancia, sin deslindarse, de los negativos que arrastran los partidos políticos que la postulan y sus dirigentes nacionales, ahora el escenario se le complica porque a alguien se le ocurrió postular (sin consultarla) a Aurelio Nuño como candidato plurinominal del PRI a diputado federal, quien fuera jefe de la Oficina del presidente Enrique Peña y posteriormente, secretario de Educación Pública y uno de los responsables de la represión mortal de Asunción de Nochixtlán, Oaxaca.

¿Por qué lo hizo Alejandro Moreno, dirigente nacional tricolor? ¿Por qué decidió incorporar a la lista plurinominal al más identificado colaborador de Luis Videgaray? Simple y sencillamente porque se la debía. Algo extraño, hay que reconocerlo, Alito pagó una deuda, aunque el acreedor era el presidente Enrique Peña Nieto y no directamente Nuño.

Por iniciativa de Manlio Fabio Beltrones, Aurelio Nuño y el finado Enrique Jackson (padrino político de Aurelio), convencieron a José Narro Robles a lanzarse por la presidencia del Partido Revolucionario Institucional, tras el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en la elección presidencial.

Peña ya se había apalabrado con Beltrones para impulsar la renovación del PRI con Narro como titular. El exrector de la UNAM titubeó en un comienzo, pero como toda su vida, más que un epidemiólogo fue un político, se lanzó con todo en pos de alcanzar la presidencia del instituto político, cuyos gobiernos siempre le brindaron oportunidades relevantes (subsecretario de Gobernación, titular de la Secretaría de Salud). Además, cuando la Fundación Colosio era un centro de pensamiento, Narro ya la había dirigido. Quizá fue el último intelectual al frente de ese organismo partidista, porque no podemos pensar que César Camacho o Alejandro Murat lo hayan sido.

Es en ese contexto en el que se da la traición de Aurelio Nuño a José Narro. El punto de quiebre se dio cuando este último se reunió con el senador Miguel Ángel Osorio Chong, coordinador de los senadores priistas y principal némesis de Nuño. Craso error, de inmediato fue enterado el presidente Peña Nieto.

El desenlace de esta historia es la negociación con Alito Moreno para que ocupara la presidencia del PRI a cambio, entre otras cosas, de la candidatura plurinominal para uno de los consentidos del expresidente, una vez que regresara a México de su autoexilio dorado en Estados Unidos.

Otro infumable, Alfredo del Mazo, fue la correa de transmisión para designar a Alito al frente del tricolor. Hasta Claudia Ruiz Massieu (quien presidía al PRI) se unió a la traición a Narro, cuyo destino fue renunciar al partido que quería renovar.

Hay personajes que no suman al proyecto de la oposición por los pasivos políticos que arrastran.

¿Por qué afirmamos que Aurelio Nuño le resta votos al PRI y le ahuyenta seguidores a Xóchitl?

Porque provoca un consenso general en el magisterio nacional, ¡en contra!

Aurelio impuso una reforma educativa de corte estrictamente neoliberal, diseñada originalmente por Carlos Mancera Corcuera y Claudio X. González, plagada de prejuicios en contra de los maestros, cuya imagen fue vilipendiada.

Cuando hablamos de un consenso magisterial en contra, incluimos a la CNTE, que fue reprimida por Nuño. Recurrió a la Policía Federal y a las policías estatales para obligar, bajo asedio, a que el magisterio de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán asistiera a las evaluaciones punitivas que impuso, de ahí el mote de “comandante Nuño”, recogido por varios medios y recordado por maestras y maestros.

Solo unos datos para refrescar la memoria: Aurelio Nuño avaló la represión en junio de 2016 de los maestros de la sección 22 del SNTE en Nochixtlán, Oaxaca, con un saldo de ocho muertos, 27 detenidos, 150 heridos de bala, cientos de personas intoxicadas con gases lacrimógenos, y centenares de perseguidos y desplazados. Probablemente, Osorio Chong y Luis Miranda estuvieran involucrados, pero la responsabilidad es de Nuño o, al menos, a él se la atribuyen los maestros de Oaxaca.

Nuño cuestiona ahora que los dirigentes sindicales movilizaban electoralmente a los maestros cuando él mismo, como coordinador de campaña de Meade, los presionó para que apoyaran a su candidato infructuoso y neutralizó cualquier posibilidad de libertad política. Claro, el miedo no anda en burro y su mano dura se sintió con el apresamiento de Elba Esther Gordillo y de Rubén Núñez (entonces dirigente de la Sección 22).

Como hemos escrito en otras colaboraciones, Xóchitl Gálvez duerme con el enemigo en casa y aunque no se puede deshacer de la partidocracia que la apoya, sí puede, llegado el momento, depurar ese equipo de supuestos incondicionales que la respaldan.

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