Desde San Lázaro

¡Arraaancan!

Lo ideal es que, al margen de la ganadora de la contienda, los comicios se desarrollen en paz y que el conflicto poselectoral, si lo hay, se conduzca por los caminos institucionales.

Se acabó el periodo conocido en la jerga electoral como ‘intercampañas’ y a partir del primer minuto del 1 de marzo, pasado mañana, iniciarán las hostilidades con el arranque de las campañas que tendrá miles de spots al aire en los medios electrónicos y con el proselitismo electoral abierto para captar la voluntad de los electores, quienes serán presas inermes de ese bombardeo indiscriminado de mensajes publicitarios que presentan los candidatos y candidatas de todos colores partidistas a los más de 20 mil cargos de representación popular que estarán en juego el próximo 2 de junio.

Se habla de 32 millones de spots de candidatos y partidos en tan solo 90 días y ello, de suyo, representa un total exceso que requiere, en su momento, una nueva reforma electoral que regule este salvaje marketing electoral.

Así las cosas, diremos que ya tienen todo listo las candidatas presidenciales para arrancar sus campañas, mientras que Claudia Sheinbaum estará en el principal bastión de Morena, el Zócalo de la CDMX, Xóchitl Gálvez lo hará en Fresnillo, Zacatecas, el municipio más peligroso del país; en tanto, Jorge Álvarez Máynez, de MC, arranca en Sonora.

Más allá de las filias y fobias, o de incluso resolver la falsa disyuntiva entre democracia y totalitarismo, que representa votar por una u otra candidata, se requiere que se respete el voto de las mayorías y que las autoridades electorales hagan su trabajo con plena independencia y autonomía.

Efectivamente, hay mucho en juego como el mismo futuro del país y de las nuevas generaciones, por eso se requiere altura de miras de las candidatas y, por supuesto y principalmente, del presidente de la República.

Las dos candidatas enfrentarán retos formidables por el contexto en que se dieron sus nominaciones, ya que, por un lado, se acusa a una de ser una marioneta del presidente; y a la otra, de estar manejada por la partidocracia que representan las cúpulas nacionales de los priistas, panistas y perredistas.

Xóchitl trae atada al cuello una cadena de mando por lo más rancio, corrupto y reaccionario del PRI y del PAN; en tanto, Claudia no se sacude el argumento de que es tan solo una pieza más del obradorato que pretende gobernar en los próximos seis años.

En contraparte, diremos que ambas féminas son talentosas e inteligentes y tienen la madurez suficiente, la fuerza de carácter y don de mando para sacudirse esos estigmas.

Lo que es un hecho es que por primera vez en la historia, México tendrá una presidenta, constituyéndose como un parteaguas fundamental para la paridad de género y la igualdad de oportunidades.

Se avecinan tiempos venturosos, si todo se resuelve por los caminos institucionales y pacíficos, con el arribo de una mujer a la máxima responsabilidad política para dejar atrás, el patriarcado, el machismo y la misoginia.

Ciertamente, como lo dijo Claudia Sheinbaum, habrá un México con ojos de mujer.

Mientras, diremos que, no obstante que se presentaron tres aspirantes para suceder a AMLO, solo las dos mujeres, Claudia y Xóchitl, tienen posibilidades de ganar la elección presidencial, mientras que el abanderado naranja tratará de rasguñar el 3 por ciento de la votación para que MC mantenga su registro a nivel nacional.

La coalición Sigamos Haciendo Historia, conformada por Morena, PT y PVEM, se enfrenta a la alianza Fuerza y Corazón por México, integrada por el PAN, PRI y PRD; en tanto, Jorge Álvarez va apoyado solo por Movimiento Ciudadano.

En tres meses pueden darse todo tipo de imponderables que, incluso, cambien la posición de los candidatos en las encuestas, sobre todo en estos tiempos convulsos en donde “los demonios andan sueltos”.

Lo ideal es que, independientemente de la ganadora de la contienda, los comicios se desarrollen en santa paz y que el conflicto poselectoral, si lo hay, se conduzca por los caminos institucionales para dar paso por parte del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación a la calificación de la elección en donde se entrega la constancia correspondiente al ganador como presidente electo.

Para llegar a ese momento (esperemos que solo sea un trámite legal y no el desenlace o el inicio de un conflicto de consecuencias insospechadas), habrá un largo periplo no libre de escollos y de todo tipo acusaciones por parte de los perdedores, para anular las elecciones.

Las elecciones están amenazadas por la violencia y la intervención del crimen organizado, además del dinero que viene de ellos para apoyar a los candidatos que les abran la puerta. Por eso, es menester y responsabilidad del Estado evitar que ocurra esta injerencia, como ya sucedió en las elecciones del 2021.

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