Desde San Lázaro

Nueva ministra espuria

Será nombrada la suplente de Arturo Zaldívar que traerá el ADN del obradorato, y con ello se convertirá de facto en una ministra espuria.

Al final del proceso legislativo para aprobar el nombramiento del ministro que ocupará el lugar de Arturo Zaldívar, se impondrá la voluntad del presidente, al sentar a uno de los suyos en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, transgrediendo con ello la Constitución, que señala que la principal cualidad que debe tener un ministro es precisamente la autonomía e independencia.

Con el cordón umbilical atado al cuello será nombrada la nueva ministra que trae el ADN del obradorato, reconocida esta condición por la tripleta rechazada en el Senado y por el propio jefe del Ejecutivo federal y con ello, se convierte de facto en una ministra que carece de los requisitos que mandata la Carta Magna.

Los jueces requieren de un sistema judicial sin factores internos o externos que influyan en él, pues son los principales actores para lograr la protección judicial de los derechos humanos en un régimen democrático.

Recordemos que los cuatro principios rectores fundamentales de la ética judicial son: independencia, imparcialidad, objetividad y profesionalismo.

Estos simples esbozos sobre la independencia y la autonomía en que deben encuadrar su comportamiento los juzgadores, chocan de frente con la amistad, comunión de propósitos y acercamiento personal y profesional de las tres propuestas de AMLO para ser ministras, por lo tanto no son aptas legalmente para cubrir la vacante.

La composición actual de la SCJN es de ocho ministros independientes del Ejecutivo, dos subordinadas a él y una vacante. Con la incorporación de la nueva ministra se mantendrá la supremacía de los constitucionalistas y tendrán el número mágico para alcanzar la mayoría calificada en la Corte, aunque esta ecuación cambiará en el próximo sexenio, ya que a cuatro ministros se le terminará su encargo y con ello, la próxima presidenta podrá configurar a la SCJN conforme a su gusto y conveniencia.

Las tres candidatas que AMLO propuso para la Suprema Corte de Justicia de la Nación son cercanísimas a él, reconoció el presidente, al aceptar que tiene vínculos cercanos con ellas: “tienen razón, las tres están muy vinculadas con nosotros, las conozco desde hace tiempo”, dijo.

El bloque opositor en el Senado considera que son perfiles no idóneos por su falta de independencia respecto al Ejecutivo.

Así que Bertha Alcalde, Lenia Batres y María Estela Ríos fueron rechazadas por la Cámara alta, al carecer Morena y rémoras de la mayoría calificada para aprobar el nombramiento de alguna de las tres.

Luego de este rechazo, vendrá otra terna que podría estar integrada por al menos dos de las propuestas inicialmente, para que, finalmente, el presidente nombre a quien le dé la gana y con ello, tendremos una ministra espuria.

Las aspirantes a ministras de la SCJN son actuales funcionarias del gobierno federal y familiares de amistades del presidente.

Bertha Alcalde Luján es hermana de la secretaria de Gobernación, Luisa María Alcalde, y funcionaria de la Cofepris, anteriormente fue propuesta como consejera presidenta del INE y fue rechazada por los legisladores de oposición; María Estela Ríos es la consejera jurídica del Ejecutivo federal, y Lenia Batres es hermana del jefe de Gobierno de la CMDX y consejera adjunta de la Consejería Jurídica de la Presidencia.

Entonces con cuál independencia y autonomía votarán en los casos que implique ir en contra de la voluntad presidencial, tal como ha sucedido con los ministros, quienes han antepuesto el orden constitucional por encima de los asuntos que impulsa el Ejecutivo.

Señores, más respeto a la Constitución, ya basta de que la “ley soy yo”.

Esta postura es propia de esos gobiernos totalitarios de la región que imponen a ministros y jueces al modo del gobernante, al tiempo de imponer sus condiciones en el Poder Legislativo.

No es posible que en un Estado democrático se burle la ley por el titular del Poder Ejecutivo, y menos tratar de desestabilizar el equilibrio republicano y democrático al imponer ministros subordinados para controlar al máximo tribunal.

Si tuvieran tantita vergüenza las postulantes al cargo, ni siquiera tendrían que aceptar ser parte de la terna, pero en tiempos de la 4T, todo sea por el hueso y por tener contento al principal huésped de Palacio Nacional.

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