Desde San Lázaro

Migrantes climáticos, una realidad en México

A los desplazados nacionales hay que sumarle los miles de migrantes que se quedan en el país, al verse frustrados sus sueños de llegar a Estados Unidos.

Los efectos del cambio climático ya causan estragos entre la población mundial y aquello que parecía lejano en el tiempo, ya es una cruenta realidad que cobra vidas y altera la faz de la Tierra.

La gestación del huracán Otis categoría 5 fue vertiginosa y aunque el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos alertó al gobierno mexicano en tiempo y forma, este no detonó los protocolos de emergencia para proteger a la población civil.

La combinación del efecto climático y la ineptitud de los gobiernos causan que las víctimas humanas aumenten exponencialmente, al tiempo de que, por desgracia y como siempre, se ven más afectados los sectores de la sociedad más vulnerables.

La tragedia de Acapulco ha generado miles de desplazados que a diario salen del puerto para buscar mejores condiciones de vida ante la escasez de alimentos, agua potable y fuentes de trabajo, entre otros insumos básicos.

Los cálculos optimistas en cuanto a la recuperación de Acapulco son improbables de concretar, ya que no hay forma de que por lo menos en dos lustros se normalice la situación, por varios factores, entre ellos, la falta de recursos económicos del gobierno federal y las pocas oportunidades de trabajo para, por lo menos, 500 mil damnificados.

En el pasado, ante la devastación de los huracanes y tormentas tropicales en Acapulco, los presidentes en turno casi a diario visitaban la zona del desastre e incluso pernoctaron durante varios días en el puerto para supervisar personalmente los avances en la reconstrucción, ahora el presidente dice que ha ido tres veces y en una de esas veces, la mayor parte del tiempo estuvo literalmente en el lodo.

Pero, bueno, a esos desplazados que migran a otras ciudades, hay que sumarle los miles de migrantes que se quedan en el país, al verse frustrados sus sueños de llegar a Estados Unidos y que aunque son dos fenómenos diferentes, la inmigración y los migrantes climáticos, causan serios problemas en donde pretenden asentarse, que van desde una excedida demanda de servicios públicos, de salud, educación vivienda, trabajo, alimentos, hasta todo aquello que implica el bienestar en la vida cotidiana de las personas.

Esos miles de desplazados de Acapulco y comunidades afectadas –se calcula que a siete días del embate del huracán han sido del orden de 100 mil personas– buscan incorporarse a la actividad productiva en otras ciudades de Guerrero, Morelos y por supuesto la CMDX y zona metropolitana, principalmente.

La degradación medioambiental y las catástrofes naturales provocan el desplazamiento forzoso de sus habitantes.

De acuerdo con la información emitida por el Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno (IDMC), que depende del Norwegian Refugee Council, se han desplazado 24.9 millones de humanos en 140 países y territorios y esto tan solo en 2019, seguramente esas cifras aumentan cada año, hasta conformar un nuevo diseño poblacional y urbano.

Los migrantes climáticos generalmente se desplazan a otra región de su propio país, para poner a salvo su vida.

En México y en el caso que nos ocupa, el de Acapulco, no se necesita tener habilidades de adivinador para adelantar que se seguirá padeciendo el impacto de los huracanes y estos serán más destructivos, si es que no se revierte el cambio climático, lo que significa que este sitio turístico se mantendrá bajo el asedio de los meteoros.

Paradójicamente, los países más afectados por las variaciones en el clima son los llamados emergentes y estos son los que menos esfuerzos hacen para combatirlo, como es el caso de México, que en la actual administración se han incrementado las emisiones de contaminantes a la atmósfera en relación con los últimos 30 años.

Los compromisos contraídos por México para revertir el cambio climático, no solo no se han cumplido, sino que hay más emisiones de gases efecto invernadero por parte, principalmente, de las termoeléctricas y la permisividad gubernamental que es omisa ante las industrias contaminantes.

Los gobiernos mexicanos han suscrito diversos acuerdos con la comunidad internacional para combatir el cambio climático, como el Acuerdo de París, en el cual se contrajo el compromiso de evitar que el incremento de la temperatura media global del planeta no supere los 2 grados centígrados, respecto a los niveles preindustriales y busca, además, promover esfuerzos adicionales que hagan posible que el calentamiento global no supere los 1.5 grados centígrados.

La reducción de gases efecto invernadero es la meta inmediata y para ello, el gobierno de AMLO se comprometió a que el 35 por ciento de la energía generada para el 2024, y el 43 por ciento para 2030, sea limpia, empero, vamos rezagados en esas metas.

El plan gubernamental de 20 puntos para activar la reconstrucción de Acapulco no atiende el tema de los migrantes climáticos, al tiempo de que los 61 mil millones de pesos que meterá supuestamente el gobierno para atender la crisis, sirven de muy poca cosa.

COLUMNAS ANTERIORES

La no reelección
Reforma judicial atenta contra la Constitución

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.