Repensar

Mujeres afganas

Los voceros de los talibanes aseguran que respetarán la libertad femenina; ellas no lo creen, están quemando su ropa occidental y sus diplomas.

En toda la historia de lo que hoy es Afganistán, las mujeres han vivido relegadas. En algunos periodos las esposas de los reyes las protegieron. Apenas, durante la Guerra Fría y la ocupación soviética se les declaró en igualdad jurídica con los varones. Eso terminó drásticamente con el triunfo de los talibanes a mediados de los noventa.

Los fundamentalistas islámicos eliminaron los derechos políticos y civiles. Por ley, todos los afganos debían ser musulmanes. Establecieron un régimen teocrático muy violento. Prohibieron todo lo relacionado con la cultura occidental. Era delito ver televisión, tomar fotografías, usar ropa de color o zapatos tenis.

Empleados del ‘Ministerio para la propaganda de la virtud y la prevención del vicio’ patrullaban las calles para descubrir si alguien organizaba una fiesta con bailes y música extranjera.

Los viernes, después de la oración, había ejecuciones públicas en las plazas. A los no creyentes los decapitaban; a los homosexuales los aventaban desde las torres; a los adúlteros los lapidaban; a las niñas que eran descubiertas yendo a las escuelas secretas les echaban ácido en la cara; a los ladrones les amputaban una mano. A los muchachos que se embriagaban o no tenían la barba suficientemente larga apenas les tocaban unos cuantos azotes.

La ley islámica permite la poligamia para los hombres. Establece que las mujeres deben casarse a los 16 años con personas de la misma secta religiosa y tribu. Los matrimonios los arreglan los padres e incluyen una dote. Los varones pueden divorciarse sin avisar a la esposa. En cambio, ella lo tiene que justificar ante los mayores de la tribu y requiere la aprobación del marido. Se tolera la violencia doméstica y el homicidio ‘por honor’.

Las mujeres viven en una especie de arresto domiciliario. Las ventanas están pintadas para que no se pueda ver el interior de las casas desde afuera. No tienen permitido asistir a la escuela, trabajar fuera de casa ni socializar con hombres que no sean de su familia; ni siquiera estudiar el Corán. Lo que les queda es coser, tejer y bordar.

De enfermarse tienen que atenderse con alguna de las pocas mujeres que en cada comunidad eran escogidas para estudiar medicina.

No pueden usar taxis o transporte público. Sólo se les autoriza salir a la calle en compañía de un varón que sea su esposo, padre o hermano y casi exclusivamente para ir al mercado o a la mezquita. En las calles, solas, únicamente pueden andar las mujeres muy ancianas que piden limosna.

Como símbolo de modestia, es obligatorio el uso del burka, prenda que les cubre todo el cuerpo, de pies a cabeza; que no deja ver el rostro y que restringe la visión. Tampoco es aceptable pintarse las uñas o el pelo, ponerse bisutería o maquillaje.

No pueden interrumpir cuando habla un hombre; mucho menos subirle la voz o contradecirlo.

Un respiro

Estados Unidos financió a los talibanes para que expulsaran a los soviéticos; luego, los dejó que se apoderaran del país. Cuando Al Qaeda atacó las Torres Gemelas y el Pentágono desde bases afganas, los estadounidenses, con sus aliados, invadieron esa nación. Durante veinte años estuvieron combatiendo a los fundamentalistas y tratando de sostener a un gobierno moderado.

Para las mujeres esas dos décadas fueron un alivio. Aunque en las zonas rurales siguieron predominando las actitudes discriminatorias, en las ciudades pudieron ir libremente a escuelas y universidades.

La Constitución de 2004 estableció un sistema democrático con mayor libertad religiosa; amplió sus libertades y estableció una cuota de 27 por ciento de los asientos del Parlamento para ellas. Empezó a haber policías, militares, alcaldesas, juezas, embajadoras, gobernadoras y ministras.

Con el crecimiento de la economía y la apertura social se abrieron oportunidades laborales para maestras, científicas, deportistas, presentadoras y actrices de televisión, empresarias, periodistas, directoras de orquesta y pilotas de avión.

Aparecieron revistas, películas y programas de televisión con temática femenina y pudieron obtener licencias de manejo. Mejoró el cuidado materno-infantil y obtuvieron ayuda legal para enfrentar la violencia intrafamiliar.

Ahora que regresan triunfantes, los clérigos llaman a dar vigencia a la Sharia, ley islámica con todas sus prohibiciones. Los voceros de los talibanes aseguran que respetarán la libertad femenina. Ellas no lo creen: están quemando su ropa occidental y sus diplomas. ¿Qué hará por ellas Joe Biden? ¿Y Kamala Harris? ¿Qué haremos todos nosotros? Afghan women lives matter.

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