Punto de encuentro

Lo que nos incomoda del episodio del calendario escolar

La polémica comenzó al terminar el anuncio del secretario de Educación Cuando el Estado no construye políticas públicas de cuidado, el trabajo no remunerado de las mujeres termina subsidiando la improvisación gubernamental.

Monsiváis advirtió que en México “se vive de la manera más lamentable en la improvisación”. Décadas antes, Octavio Paz escribió que nuestras instituciones “viven una vida ficticia”.

Y es que nadie puede negar que las y los mexicanos sentimos cotidianamente que vivimos entre estructuras con solemnidad que coexisten con el caos que provoca una política llena de grandes discursos que reposan en la fragilidad sistémica.

La polémica comenzó al terminar el anuncio del secretario de Educación Pública sobre la posibilidad de concluir anticipadamente el ciclo escolar 2025-2026, debido al Mundial y a las olas de calor.

La propuesta provocó indignación inmediata: familias, docentes, especialistas y gobiernos estatales cuestionaron una medida que calificaron de ocurrente y desproporcionada.

Después, las críticas se avivaron ante las declaraciones del propio Delgado, quien afirmó que “tras la entrega de calificaciones hay una inercia [...] en la que […] se aprovecha para la descarga administrativa”, durante la cual la escuela “se convierte en una estancia forzada” cuando en realidad “es un territorio de aprendizaje, no un resguardo de niñas y niños por conveniencia del mercado”.

Lo anterior, además, reflejó la ausencia de un verdadero Sistema Nacional de Cuidados. Así, la propuesta lamentablemente trasladaba el problema a las familias, en las que se asume que siempre hay una mujer disponible para cuidar: madres, abuelas, hermanas y trabajadoras del hogar.

Cuando el Estado no construye políticas públicas de cuidado, el trabajo no remunerado de las mujeres termina subsidiando la improvisación gubernamental.

Finalmente, después de un desgaste político interesante, el 11 de mayo pasado la SEP anunció que el calendario escolar concluirá en sus términos originales, dando libertad a las entidades federativas de modificar sus propios calendarios locales.

Me cuesta trabajo pensar que la responsabilidad de este episodio radique únicamente en un funcionario o dependencia.

Ser país sede del Mundial y las próximas jornadas de calor no son novedad de últimos días, y, sin duda alguna, ambas cuestiones tienen múltiples aristas de alta complejidad: movilidad e infraestructura; relación política con uno de los sindicatos más poderosos del país; una guerra que se ha encargado de encarecer insumos que permitan climatizar aulas; y un largo etcétera.

Para mí, este capítulo reactiva una memoria mucho más profunda: una herida histórica y colectiva en la que México, desde la posrevolución, se ha visto frecuentemente envuelto en decisiones que se toman desde el simbolismo; en el que estamos acostumbrados a una comunicación política dirigida antes que a una planeación técnica y continua; un país con frecuentes actuaciones que se van corrigiendo sobre la marcha.

Hubo tiempo para proyectar estadios, movilidad, turismo y campañas internacionales, pero no para diseñar políticas educativas, climáticas y de cuidados que permitieran enfrentar el impacto cotidiano del Mundial en la vida de millones de personas.

La propuesta tampoco era neutra. Reducir semanas de clase afecta el aprendizaje y profundiza desigualdades educativas acumuladas desde la pandemia. Por supuesto, los más afectados hubiesen sido los de siempre: mujeres y personas en situación de pobreza.

El debate de fondo nunca debió ser si las vacaciones empezaban antes o después. La verdadera discusión es por qué México sigue enfrentando fenómenos previsibles sin políticas públicas integrales de cuidados y adaptación climática. El Mundial no creó esta crisis.

En realidad, este episodio nos recuerda que el verdadero antídoto al laberinto que Paz describió no es la salida apresurada, sino la planeación sostenida.

Debemos emanciparnos de nuestra historia cortoplacista y migrar a una política pública programada: el verdadero punto de encuentro para construir instituciones que resuelvan lo importante antes de que se vuelva urgente.

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