Punto de encuentro

El mensaje del 2 de junio

México ganó el domingo: continúa el proyecto de nación con justicia social y con un serio compromiso y vocación por el servicio público.

El domingo tuvimos una jornada electoral histórica. No solamente elegimos a la que será la primera presidenta de México, quien además tiene un compromiso en favor de la igualdad de género, pues sabe de primera mano que las mujeres tenemos mayores obstáculos para abrirnos camino en el ámbito público. También será la primera dirigente con un gobierno científico-ambientalista, aderezado con un perfil humanista, de izquierda y con vocación de justicia social. Todo ello constituyó una gran motivación para su elección por parte de múltiples sectores de la población: mujeres, jóvenes, personas académicas y científicas, personas en situación de pobreza, entre otros.

Nuestra presidenta electa es, además, una persona de resultados. Parte de su legado como jefa de Gobierno de la CDMX lo constituyen la Agencia Digital; las universidades de la Salud y Rosario Castellanos, la beca escolar universal para niños y niñas; y, una estrategia de seguridad de cero impunidad basada en atención a las causas.

Todo esto explica por qué, según las encuestas de salida, el voto a favor de Sheinbaum fue rotundo en todas las generaciones; en todas las clases sociales (Gálvez se acercó a sus niveles de votación solamente en la clase alta); en todas las profesiones y en todos los grados escolares. Lo anterior permitió derrotar el mito que rezaba que se vería beneficiada solamente por el voto de personas de escasos recursos y con baja escolaridad.

Su perfil, su trayectoria, su legado y el éxito de su campaña hicieron que hoy Sheinbaum sea la persona más votada en la historia democrática de nuestro país, incluso por encima del récord de López Obrador en 2018.

Ahora bien, además de la Presidencia, las y los mexicanos enviaron un mensaje muy contundente al elegir esa mayoría morenista en el Congreso de la Unión, en la CDMX y en diversas gubernaturas: quieren la continuidad del proyecto de nación obradorista. Ello se entiende desde las cifras.

Según el comparativo publicado esta semana por el presidente de la Conasami (con información del INEGI y el IMSS), en términos económicos, la proporción de personas trabajadoras ocupadas que pasaron de una ausencia de ingreso a recibir un salario mínimo descendió de 53.3 por ciento a 44.3 por ciento; ello mientras que el salario mínimo profesional se incrementó en un 20 por ciento, mejorando así el poder adquisitivo y la economía nacional sin un impacto negativo en la inflación. Lo anterior implicó que el ingreso del 10 por ciento más pobre de la población trabajadora subiera un 98.8 por ciento; esto, si lo contrastamos con los resultados de los gobiernos de Fox (que aumentó un 25.7 por ciento), Calderón (con una disminución del 0.7 por ciento) y Peña (con una subida del 8 por ciento), nos habla de la eficacia de las políticas públicas de López Obrador: por el bien de TODOS, primero los pobres.

El movimiento morenista, con el gobierno de AMLO, cambió las reglas del juego y demostró su valor con resultados. Emparejando la cancha y dando posibilidad a quien no podía tenerla por las simples reglas del mercado, colocó en el centro la dignidad social. Esto, si bien inicia en beneficio de las personas en situación de pobreza, va impactando positivamente a todas las personas sin importar su clase o estatus. Tal vez algunos vieron disminuido su poder o reconocimiento público, pero en ello no perdieron derechos sino privilegios injustificados.

En una democracia, el punto de encuentro lo marca la mayoría en las urnas. Ahora es tiempo de dar resultados, de un gobierno con consenso social basado en el respeto de los derechos de todas y todos. Es importante saber perder, pero sobre todo saber ganar.

México ganó el domingo: hoy, millones de niñas saben que ningún espacio se nos está negado; hoy, las y los mexicanos tendremos un gobierno con decisiones basadas en cifras, datos y evidencias científicas; hoy, continuaremos un proyecto de nación con justicia social y con un serio compromiso y vocación por el servicio público. Esto no le resta a nadie, por el contrario, nos suma a todos y todas.

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