Mis Finanzas y Coaching

El tercer acto profesional

Alberto Tovar habla sobre el retiro y cómo algunos profesionistas desean volver al mercado laboral.

Llegar a la edad de retirarte no siempre apaga el deseo de trabajar. Después de décadas tomando decisiones, formando equipos y resolviendo problemas, dejar la agenda de golpe puede sentirse menos como descanso que como pérdida de identidad.

Esa continuidad merece una revisión honesta, pues tal vez responde al deseo de seguir aportando, aunque también puede tener como origen el miedo a dejar de ser necesario o a no saber qué hacer con el tiempo libre. Ambas motivaciones suelen convivir. Reconocerlas evita construir una nueva ocupación para llenar el vacío.

Antes de aceptar una invitación o diseñar una agenda, vale la pena preguntarte qué extrañarías del trabajo si mañana desapareciera tu cargo. La respuesta ayuda a distinguir el gusto por una actividad de la necesidad de reconocimiento, poder o costumbre.

En coaching ejecutivo hablamos de la ecología de una decisión cuando examinamos su efecto sobre el conjunto de la vida. Una consultoría atractiva, la participación en dos consejos o un emprendimiento pueden ofrecer sentido e ingresos, pero también devolver las llamadas nocturnas, los viajes y la disponibilidad permanente. Quizá tu pareja esperaba otra etapa, con tiempo compartido y menos subordinación a una agenda. Ese proyecto también le concierne y requiere conversación antes de convertirse en compromiso.

La salud también impone su propio criterio. La experiencia puede crecer mientras cambian la energía, la recuperación y la tolerancia al estrés. Bajarle tres rayitas a la intensidad exige algo más que trabajar pocos días. Supone fijar horarios y elegir responsabilidades.

Existe una dificultad frecuente, pues muchos profesionales sénior desean intervenir en decisiones relevantes sin regresar a la operación cotidiana, mientras las organizaciones todavía ofrecen puestos pensados para presencia completa, exclusividad y urgencia. Por eso puede resultar más realista una opción intermedia, como la consultoría, la mentoría, la docencia, la participación en consejos, la escritura, el emprendimiento o el servicio social.

La mezcla adecuada rara vez surge el día del retiro. Conviene prepararla mientras aún tienes margen para explorar. Separar tu identidad del cargo, cuidar la red de relaciones, ordenar las finanzas y desarrollar capacidades distintas amplía las opciones. También ayuda ensayar en pequeño aquello que imaginas para después.

El tercer acto profesional puede conservar el sentido del trabajo sin heredar todas sus exigencias. Su diseño comienza al definir qué deseas mantener de tu vida profesional y qué estás dispuesto a soltar. Quizá la medida adecuada consista en decidir cuánto deseas trabajar y cuánto espacio reservas para la vida que durante años también esperó su turno.

¿Listo para tu tercer acto? Coméntame en LinkedIn, Instagram o X, y sígueme en el podcast “Dinero y Felicidad”, disponible en Spotify, Apple Podcasts y otras plataformas.

Alberto Tovar

Alberto Tovar

Economista, especializado en negocios y finanzas personales; certificado como coach de vida y equipos. Actualmente es el Director Regional de la Zona Norte de El Financiero. Ofrece conferencias, consultoría y coaching a organizaciones diversas.

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