Mis Finanzas y Coaching

El vacío después del logro

El vacío después de un logro no necesariamente indica un error de elección. Sobre esto escribe Alberto Tovar.

¿Te ha pasado que después de tener un logro sientes menos satisfacción de la que esperabas? Tal vez conseguiste un ascenso, cerraste un proyecto, compraste un departamento o alcanzaste ese resultado que ocupó buena parte de tu energía, y aun así apareció un vacío, un cansancio extraño o una pregunta inquietante sobre lo que sigue.

Algunos autores han llamado a esta experiencia la ilusión de llegada (Arrival Fallacy) y consiste en esperar que cierto logro traiga una plenitud más estable de la que en realidad produce. La persona imagina que, al alcanzar ese punto, sentirá paz, reconocimiento, seguridad o una sensación de haber cumplido. Luego llega ahí y descubre que la satisfacción existe, aunque dura menos de lo esperado.

En el mundo ejecutivo y de los negocios esta experiencia adquiere mayor visibilidad porque las metas suelen ser intensas, medibles y públicas. Los objetivos orientan la acción y dan estructura emocional, pues ayudan a explicar sacrificios, ordenar prioridades y decidir qué hacer cada mañana. La dificultad aparece cuando la identidad queda sostenida por aquello que ya fue alcanzado.

Por eso, el vacío posterior rara vez significa que la meta haya sido equivocada. A veces revela que le cargamos un peso emocional excesivo.

La diferencia está en la capacidad de redefinir la ruta. En pocas palabras, hace falta aprender a valorar el camino. La frase ha sido tan repetida que a veces pierde fuerza, aunque contiene una verdad práctica. Cuando todo el sentido está puesto en llegar, cada meta alcanzada deja una especie de hueco. En cambio, cuando el trayecto tiene valor, el triunfo forma parte de un proceso más amplio y ya no es el único punto capaz de justificarlo.

En procesos de coaching, algunas personas llegan pensando que necesitan definir el siguiente objetivo, cuando en realidad requieren revisar desde dónde están eligiendo sus metas. La diferencia importa. Una cosa es correr hacia otro resultado para recuperar la sensación de movimiento, y otra elegir un camino con mayor claridad interior.

También vale la pena mirar qué función cumplía esa meta. Probablemente daba identidad o sensación de control. Tal vez permitía aplazar una conversación familiar, ignorar un cansancio acumulado, esquivar una pérdida pendiente o dejar en segundo plano una duda profesional más profunda. El logro conserva su valor, aunque deja de cargar con la obligación de resolverlo todo.

Por eso, el vacío posterior al logro merece ser analizado con cuidado, pues abre una invitación a mirar con mayor amplitud. Durante mucho tiempo, la meta ocupó el centro de la vida y ayudó a transitar. Cuando llega a cumplirse, aparece un espacio nuevo. Ahí conviene detenerse y preguntar, con honestidad, qué camino quieres seguir ahora.

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Alberto Tovar

Alberto Tovar

Economista, especializado en negocios y finanzas personales; certificado como coach de vida y equipos. Actualmente es el Director Regional de la Zona Norte de El Financiero. Ofrece conferencias, consultoría y coaching a organizaciones diversas.

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