Mis Finanzas y Coaching

El efecto Ikea en tus decisiones financieras

El “efecto Ikea” y puede traer consecuencias serias o volverse una herramienta útil, según la manera en que lo gestiones.

Hay un mueble que uno arma y, a pesar de haber quedado chueco y con alguna pieza sin embonar, lo defiendes y lo mantienes en casa. Cada vez que lo ves, recuerdas el tiempo, el esfuerzo y la paciencia que te exigió. A ese fenómeno, en la economía conductual, se le conoce como “efecto Ikea” y puede traer consecuencias serias o volverse una herramienta útil, según la manera en que lo gestiones.

Desde la psicología económica se ha documentado que las personas tendemos a sobrevalorar aquello que construimos con nuestras propias manos.

Pasa, por ejemplo, cuando una compra se complicó desde el inicio. Deshacerse del activo cuesta y se prefiere seguir pagándolo a crédito, aunque el costo financiero resulte desproporcionado frente al beneficio actual.

En las inversiones ocurre algo similar al destinar largas horas en investigar y elegir una opción. El instrumento deja de ser solo una vía de rendimiento y se convierte en una valoración sobre nuestro propio criterio.

El fenómeno aparece con frecuencia en negocios personales que dejaron de ser rentables, o que nunca lo fueron. Se sostienen por lo que costaron y cerrarlos se vive como derrota.

Un primer antídoto consiste en separar identidad y resultado. Lo valioso fue el aprendizaje, más que la decisión en sí.

Hasta aquí, el efecto Ikea luce como un obstáculo. Sin embargo, tiene una segunda cara menos explorada y, bien utilizada, puede jugar a favor.

Si el esfuerzo genera apego, el objetivo es construir compromisos inteligentes. En finanzas personales muchos hábitos fallan porque nacen sin ese involucramiento.

Si dedicas tiempo a elaborar un presupuesto y planeas con calma dónde ajustar, aumentan las probabilidades de cumplirlo. Algo parecido ocurre con el ahorro. Si reuniste un patrimonio, tiendes a protegerlo y a fortalecerlo.

Lo mismo sucede con el seguimiento. Registrar gastos exige presencia. Ese esfuerzo cotidiano crea una relación distinta con el dinero.

Es importante reconocer que la participación personal cambia la manera en que valoramos las cosas. Ese mecanismo, cuando se deja suelto, empobrece decisiones y al encauzarlo, ayuda a sostener mejores hábitos.

¿Cuál de tus decisiones podría tener el efecto Ikea? Coméntame en LinkedIn, Instagram, o X y sígueme en el podcast “Dinero y Felicidad”, en Spotify, Apple Podcast, entre otros.

Alberto Tovar

Alberto Tovar

Economista, especializado en negocios y finanzas personales; certificado como coach de vida y equipos. Actualmente es el Director Regional de la Zona Norte de El Financiero. Ofrece conferencias, consultoría y coaching a organizaciones diversas.

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