Hace unos años publiqué el estudio Inclusión financiera en México para la Coparmex CDMX. Entonces entendí lo que mi socio, Fer, ya me había adelantado años antes: la inclusión financiera no es más que un rebranding de la exclusión social. Hoy casi ocho de cada diez mexicanos tenemos al menos un producto financiero. Hace apenas unos años éramos sólo la mitad. La bancarización avanzó como nunca gracias a las cuentas de nómina y a los programas sociales. Sin embargo, si el problema sólo fuera abrir cuentas, la misión ya se hubiera cumplido y no estaríamos viviendo así.
Por ejemplo, ocho de cada diez pagos en México se hacen con efectivo, cinco veces más que nuestros socios del T-MEC. ¿Qué hacemos los mexas cuando nos cae el depósito? Vamos al cajero y sacamos todo en efectivo porque cuatro de cada diez desconfían del banco donde tienen su dinero y cinco de cada diez considera que están desamparados si llegan a tener un problema con su cuenta (y la neta tienen razones para ello). Si habláramos de cuentas de inversión, mercado de valores o fideicomisos, la estadística sería algo como: “sólo el pie derecho de uno de cada diez” cuenta con uno. El quid es que confundimos bancarización con inclusión, y acceso con bienestar.
El uso del efectivo no es el problema, sino el síntoma. La verdadera inclusión significa saber usar el dinero para construir patrimonio, cuidar la familia, financiar un negocio o enfrentar una enfermedad sin arruinarse. Es decir, educación financiera. Nuestros padres nos enseñan a lavarnos los dientes, pero no nos enseñan a usar una cuenta bancaria o manejar un crédito, porque ni ellos lo saben. A veces lo comparo con un arma: nadie le daría una a un niño. Lo mismo ocurre con un préstamo o un crédito. Si se lo otorgas a alguien que no sabe usarlo, lo expones a riesgos que ni siquiera entiende. Y no hablo generalidades, a los 21 tuve mi primera y última tarjeta de crédito en mucho tiempo. Como tantos, confundí capacidad de gasto con capacidad de pago, así que me chuté mi crédito en un par de meses, que no pude pagar y entonces quedé marginado del sistema.
Con el acuerdo anunciado de México Paga Digital tenemos una gran oportunidad. Sistema financiero, grandes empresas, autoridades, organismos empresariales y la presidenta Claudia Sheinbaum se unieron para impulsar con turbo la digitalización del dinero y eliminar el uso de efectivo. Las ventajas son enormes para el país: crecimiento económico, más seguridad en general, combate al crimen organizado y, más importante, al desorganizado, así como disminuir la corrupción y apoyar a las Mipymes. Pregúntale a tu IA de confianza y encontrarás los mecanismos acordados, que celebro y me entusiasman.
Esto es un gran paso para México, pensemos en el siguiente. Tenemos de nuevo la oportunidad de enfocarnos en la educación financiera. Imaginemos cosas chingonas: ¿y si sí… el siguiente paso es una materia obligatoria en el plan de estudios en educación básica? O un curso obligatorio para acceder a tu primer crédito que te permita darle click en “acepto”. El reto ya no es abrir más cuentas, sino que los mexicanos sepamos usar el dinero y sus vehículos para ser felices y prósperos. Que México pague digital significará que nadie en México se quede atrás. Que sepamos hacer del dinero nuestro amigo, pero nunca nuestro mejor amigo.
(Por cierto, si te interesa conocer más del tema, lee Poderoso Compañero es el dinero de Editorial Océano, es educación financiera para la banda escrito desde la relación emocional que tenemos con la lana).