Sin dejar a nadie atrás

Conocimiento y libertad económica

El Programa de Autonomía Económica de las Mujeres que lanzó Clara Brugada y que coordina María Elena Esparza, me parece muy alentador, ya que ofrece educación y capacitación integral para formar empresarias en toda la CDMX.

Este fin de semana, después de casi un año de promoción, presenté por última vez mi libro Poderoso compañero es el dinero, en la Feria Nacional del Libro de León, en Guanajuato. Estas ferias tienen un valor tanto comercial como simbólico dado que el acceso a la lectura fortalece las democracias al ampliar la alfabetización, la comprensión lectora y la autonomía informativa necesarias para formar opiniones, votar, asociarse y exigir rendición de cuentas. El Manifiesto IFLA-UNESCO sobre las Bibliotecas Públicas de 2022 sostiene que la participación democrática depende de una buena educación y del acceso libre al conocimiento; además, una encuesta comparada muestra que los adultos con mayor alfabetización son más capaces de comprender e influir en la vida política. La desigualdad rompe esa cadena: los hogares desfavorecidos tienen más dificultades para proveer libros, mientras las brechas digitales reducen el acceso a información útil para trámites, servicios y participación de manera autónoma. Por ello, las políticas eficaces combinan bibliotecas públicas, adquisiciones, subsidios y reglas de préstamo y propiedad intelectual que permitan el acceso remoto a los libros. En España, las misiones pedagógicas del siglo pasado llevaron miles de libros a los pueblos, reduciendo la brecha sociocultural y difundiendo los valores republicanos. En Colombia, los Parques Biblioteca funcionan como espacios de inclusión, memoria y participación comunitaria, ampliando capacidades para ejercer efectivamente los derechos civiles y políticos.

El conocimiento, los derechos fundamentales y la capacidad de actuar libremente son los pilares de las democracias modernas. No es coincidencia que la transición hacia los gobiernos democráticos y comunistas se hayan dado al mismo tiempo que la primera Revolución Industrial y que esta, a su vez, haya impulsado la alfabetización; tan solo en el Reino Unido, casi 100% de los ciudadanos sabían leer y escribir a principios del siglo XX. Las nuevas formas de producción requerían personas que supiesen leer para acceder al conocimiento de la época, lo cual llevó a que empezaran a conocer sobre sus derechos y a que participaran en la vida política. La importancia de la educación ha sido reconocida por todos: una democracia solo puede construirse por trabajadores educados, emprendedores capacitados y empresarios comprometidos.

Quiero poner sobre la mesa un solo ejemplo concreto sobre la importancia del acceso al conocimiento. Mis esfuerzos por promover la educación financiera nacen de la misma preocupación: en una sociedad democrática, la participación efectiva en la vida económica depende también del conocimiento que se posean sobre los derechos, las instituciones y los conceptos. En ese contexto es urgente atender, como herramienta liberadora, la capacitación financiera de las mujeres. Como lo he dicho anteriormente, esta responsabilidad no sólo recae en los gobiernos, sino también en la iniciativa privada.

En ese sentido, el Programa de Autonomía Económica de las Mujeres que lanzó Clara Brugada y que coordina María Elena Esparza, me parece muy alentador, ya que ofrece educación y capacitación integral para formar empresarias en toda la CDMX. La tesis es clara: combatir la violencia económica ayuda a resolver el gran problema multifactorial que supone la violencia de género. Por la naturaleza de sus actividades, una empresaria está preparada para alzar la voz y poner un alto a la inequidad. Desde Coparmex CDMX nos sumamos en esta cruzada por más y mejores empresarias para demostrar que la prosperidad compartida se construye desde la productividad compartida. Y para este objetivo, ¿los empresarios Coparmex estamos listos?

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