Sin dejar a nadie atrás

¿Estamos ante una burbuja artificial? 

Cuando la IA construya el futuro que esperan, los rendimientos van a ser tan altos que posiblemente será la inversión más redituable que harán en sus vidas.

Esta es una era de profundas transformaciones y grandes avances en prácticamente todas las ramas del conocimiento, pero si tuviéramos que ponerle un nombre, seguramente sería “Era de la IA”, pues es la industria más prometedora del momento. Las cosas que nos promete la IA son tan maravillosas que ignorarlas sería un desatino: programas inteligentes que pondrán la suma del conocimiento de la humanidad al alcance de todos y, de desarrollarse lo suficiente, hasta volverán obsoletos algunos trabajos. Para los accionistas e inversores, las compañías de IA representan una mina de oro: cuando la IA construya el futuro que esperan, los rendimientos van a ser tan altos que posiblemente será la inversión más redituable que harán en sus vidas. Al menos eso es lo que afirman.

Claro está que nada es tan fácil como parece, y la industria tiene varios obstáculos importantes por superar. Según un estudio de la consultora PwC, más del 55% de las compañías que han adoptado herramientas de IA no han visto un beneficio financiero, y de ese total, 12% han visto cómo sus costos suben, pero sus ingresos se mantienen iguales. Por otro lado, J.P. Morgan estima que la industria necesita generar 650 mil millones de dólares en ganancias anuales para 2030 si desea un ROI de 10%. Aún no aparecen los beneficios esperados y la mayoría de las empresas de IA dependen de que sus inversionistas sigan teniéndoles fe porque aún están lejos de ser rentables. En otras palabras, estas empresas son los nuevos unicornios, por lo que no sorprende que la solución que plantean a estos y otros problemas sea, simplemente, crecer más y más cada día: la misión principal es construir más data centers y generar el poder de cómputo suficiente para satisfacer una demanda que aún no se materializa, mientras compiten por ver quién será el primero en desarrollar la primera conciencia artificial —o lo que más se le acerque—.

Con un plan así de arriesgado, es natural preguntarse qué pasará si fracasan. Si las palabras de sus más férreos críticos se hicieran realidad, OpenAI y Anthropic no serían los únicos que sufrirían las consecuencias. Todas las empresas adyacentes, como NVIDIA y Oracle, así como los cientos de negocios que han usado la IA no como herramienta, sino como un sustituto del talento humano, se verían afectados: despidos masivos, inversiones perdidas y una infraestructura que se construyó de tal manera que no serviría para realizar otro tipo de actividades. Posiblemente sería la antesala de una crisis económica mundial. El pinchazo a la burbuja de las IA.

Una crisis que nacería debido a la irresponsabilidad y de haber olvidado lo que realmente importa en una empresa: la rentabilidad. Nosotros, como empresarios, tenemos que velar tanto por nuestros clientes como por nuestros empleados: los productos o servicios que vendamos tienen que satisfacer necesidades con el menor riesgo posible, y nuestra empresa debe ser resiliente porque es la fuente de trabajo de nuestros colaboradores. Hay ocasiones en las que es necesario crecer de manera acelerada, pero nada justifica hacerlo a costa de poner en riesgo el patrimonio de los demás.

Si alcanzar tus objetivos es cuestión de levantar capital y no de habilidad, entonces tu compañía no es más que una gran burbuja. Si tenemos que desacelerar para recuperar el aliento y replantear nuestra estrategia para no estrellarnos, hagámoslo antes de que sea demasiado tarde, porque las empresas no son solo nuestras, sino de todos.

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