Bloomberg Opinión - Spinetto

¿Mundial en México? Los cárteles no son el mayor reto

Sin cerveza en el FIFA Fan Fest del Zócalo, tráfico infernal y obras sin terminar: Juan Pablo Spinetto da una guía honesta para el visitante del Mundial 2026.

Si entre sus planes está ver un partido de fútbol con una cerveza bien fría en una fresca noche de verano en la plaza más emblemática de México, tendrá que pensarlo dos veces.

Claramente me refiero a la parte de la cerveza.

El gobierno no quiere que los aficionados consuman alcohol en el FIFA Fan Fest que se está instalando en el Zócalo de Ciudad de México. Las autoridades han atribuido la decisión a las bormativas de la organización, pero esa explicación no resulta del todo convincente. Anheuser-Busch InBev NV, la cervecera de Corona y Budweiser, es uno de los principales patrocinadores del Mundial y la FIFA suele alinearse con los intereses comerciales de sus socios. Además, sí se venderá cerveza con alcohol en los Fan Fest de Guadalajara y Monterrey, las otras ciudades mexicanas sedes del torneo.

La explicación más probable es que el gobierno tema que la combinación de fútbol, alcohol y una concentración masiva de personas en el corazón de la capital derive en disturbios, una imagen que no quiere proyectar al mundo.

Sea cual sea el motivo, resulta en una pequeña decepción para los aficionados que viajan a México para asistir al mayor evento deportivo del planeta. Habrá otras, como una infraestructura lejos de ser la ideal y algunos contratiempos organizativos. Sin embargo, no colocaría la inseguridad, el gran interrogante que rodea los 13 partidos que albergará México, en el primer lugar de la lista.

Sí, México es un país violento y el hallazgo de fosas clandestinas vinculadas a los cárteles cerca del estadio de Guadalajara es profundamente inquietante. Cuando visité recientemente la ciudad, los posters de personas desaparecidas pegados en edificios emblemáticos y postes de alumbrado eran un doloroso recordatorio de lo que se esconde detrás de la elegante y vibrante capital de Jalisco. No se puede minimizar una tragedia que ha marcado al país, y los visitantes deben ser conscientes de los riesgos propios de cualquier gran área metropolitana, incluidos los carteristas.

Al mismo tiempo, el gobierno federal ha preparado un ambicioso operativo con casi 100.000 elementos de seguridad desplegados en las ciudades donde se disputarán los partidos. Además, CrashOut, un medio local especializado, informó recientemente que los cárteles han instruido a sus integrantes para que no ataquen a turistas, equipos de fútbol ni funcionarios de la FIFA durante el torneo.

Si viajas a México en las próximas semanas, es probable que te enfrentes a frustraciones mucho más mundanas. La principal de ellas será el tráfico y la logística, una pesadilla cotidiana que probablemente empeorará con la llegada de cientos de miles de visitantes. A pesar de haber tenido ocho años para prepararse, el aeropuerto de Ciudad de México sigue siendo una obra en construcción y la zona circundante es conocida por sus embotellamientos. Las disputas entre los operadores de taxis aeroportuarios y las aplicaciones de transporte han provocado, en ocasiones, que la Guardia Nacional confisque vehículos de Uber. En Monterrey, las obras de la Línea 6 del metro han colapsado la circulación durante semanas. Y eso sin contar las posibles protestas y movilizaciones de grupos que buscan obtener concesiones del gobierno, como se ha visto en los últimos días en Ciudad de México con el sindicato de maestros.

La movilidad es probablemente el mayor punto débil de este Mundial en México, así que conviene calcular tiempo de sobra para llegar a los estadios: considere salir tres o cuatro horas antes del inicio del partido. En Ciudad de México, utilice el sistema de autobuses Park & Ride para llegar al estadio anteriormente conocido como Azteca.

La temporada de lluvias, con su riesgo de inundaciones, y la especulación con los precios son otros factores que conviene tener en cuenta. La Embajada de Estados Unidos también advierte a los visitantes sobre la importancia de contar con una cobertura de seguro adecuada. Tenga cuidado con el fraude en la venta de boletos y, aunque en el estadio de la Ciudad de México no se aceptará efectivo, lleve siempre algunos pesos consigo: podrían sacarle de un apuro, créame.

A pesar del atractivo global del torneo, el gobierno de izquierda de la presidenta Claudia Sheinbaum nunca se ha sumado por completo a la euforia mundialista. El torneo se percibe como un evento elitista que desvía recursos y atención en un momento de intensas tensiones con la Casa Blanca de Donald Trump. Ni Sheinbaum ni la alcaldesa Clara Brugada asistirán a la inauguración del 11 de junio; la ciudad ni siquiera decretó un día festivo para que los trabajadores pudieran ver el partido inaugural de México. Esa frialdad oficial puede ayudar a explicar por qué algunos proyectos de infraestructura no estarán terminados a tiempo y ciertas actividades serán reducidas.

“No me parece que hay un legado duradero”, me dijo Alberto Lati, uno de los principales comentaristas deportivos del país. “Para la dimensión de los 13 partidos, yo creo que estará bien. ¿Se pudo haber hecho mejor? Sí”.

Sin embargo, nada de esto debería disuadirle de visitar el país. Al contrario, si quiere vivir una auténtica celebración alrededor del deporte rey, es difícil superar a México. Se trata del sexto país más visitado del mundo, un destino al que se llega por la pasión, la diversión y la hospitalidad, no por contar con un sistema de transporte al nivel de un país nórdico.

Incluso si no consigue una de esas entradas escandalosamente caras, ver un emocionante partido del Mundial junto a aficionados locales y seguidores de todo el planeta siempre resulta inolvidable. Las ciudades sede y los inversionistas privados también han programado actividades culturales para complementar el fútbol, lo que además pone el foco sobre una de las escenas gastronómicas más dinámicas del momento.

El debut de México frente a Sudáfrica en el partido inaugural será visto por más de mil millones de personas, lo que hará que, durante unas horas, los ojos del mundo no se centren en los problemas del país, sino en su gente, en lo que ocurre dentro del campo y en una celebración que, en esencia, equivale a una fiesta global.

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