No sé a cuántas personas conoce usted, estimado lector, que se hayan enfermado de Covid-19 al regreso de su ‘escapada’ vacacional de fin de año, pero quien esto escribe sabe de varias familias que se tomaron unos días de descanso en las últimas semanas de diciembre. Llegaron a hoteles, por ejemplo del puerto de Acapulco, y al regreso, empezaron a tener síntomas, se hicieron la prueba y resultaron todos contagiados, niños y adultos.
Otro caso: supimos del grupo de 149 jóvenes argentinos que hicieron un viaje de graduación a las playas de Cancún y, al regresar a su país, al menos 44 de ellos resultaron positivos a Covid-19, a pesar de que se habían hecho la prueba en México y les había dado negativo, cuya historia será contada en otra mejor ocasión.
La gran lección de lo anterior es que en los sitios turísticos uno corre un mayor riesgo de contagios, quizá porque uno como paseante relaja las medidas sanitarias de inmediato, al sentirnos en un sitio de descanso, o bien porque los hoteles y restaurantes no son muy estrictos en sus controles. Lo cierto es que el nivel de contagios que vimos en enero, la escasez de tanques de oxígeno y las cifras de hospitalización que nos alarmaron a todos no fue algo casual; fue resultado, en mucho, de una decisión consciente: olvidar las recomendaciones sanitarias e irse a la aventura, con el desafortunado comentario de ‘¿qué nos podría ocurrir si nos estamos cuidando?’.
Por ello, sabemos con certeza que esta Semana Santa resultará inevitablemente en un nuevo repunte de Covid-19 en los próximos 15 días. Basta ver el nivel de movilidad en todo el país, en particular en la capital mexicana y Estado de México, dos de las entidades con mayor concentración de personas, el nivel de ocupación hotelera en los destinos turísticos -mucho más de lo esperado- y el andar de tantas personas en los destinos turísticos, sin sana distancia, uso de mascarilla ni lavado frecuente de manos, en la relajación total.
Estamos conscientes de que el ejemplo del buen uso de cubre nariz y boca no ha venido ni vendrá de nuestras autoridades sanitarias ni de las máximas autoridades del gobierno. En particular, hace unos días observamos con sorpresa a Hugo López-Gatell, responsable de la gestión de la pandemia en México, con la nariz sin cubrir y usando una mascarilla demasiado pequeña… A estas alturas de la pandemia, no podemos dejar de pensar que fue una burla a sus críticos, sobre todo a quienes siempre han insistido en que no ha sido capaz de hacer una recomendación tácita sobre dicha medida, a pesar de que él mismo, y su jefe máximo, el presidente de la República, ya enfermaron de Covid.
De ellos no vendrá el ejemplo, pero está en cada uno de nosotros seguirnos cuidando al máximo, que es una cantaleta que traemos desde hace más de un año, pero no podemos dejar de hacerlo, a pesar de que el proceso de vacunación avanza, sí, pero a un ritmo demasiado lento. Apenas se han aplicado alrededor de siete millones de vacunas -con cuatro millones de dosis en bodega-, que representan cerca de 5 por ciento de la población.
A pesar de la promesa de que vendrán millones de vacunas anti-Covid y de este periodo vacacional de Semana Santa y Pascua, no es momento de salir y mucho menos relajarse. El nivel de ocupación hospitalaria en todo el país se ubica en 18 por ciento en camas generales, y en el caso de camas con ventilador ronda 23 por ciento. Solo hay dos estados con ocupación hospitalaria entre 30 y 49 por ciento, la Ciudad de México (CDMX) y Puebla.
Por ello, la mejor recomendación es no salir ni hacer reuniones con gente con la que usted no viva, ya habrá un mejor momento para compartir en familia. Después de un año de encierro se entiende la desesperación por salir, pero es necesario recordar que hay una pandemia activa, muy vigente, con un coronavirus con nuevas variantes que parecen ser no solo más contagiosas, sino más letales. Mucho cuidado.
México podría convertirse en un gran clúster de investigación clínica
Pero no todo son malas noticias. Nuestro país tiene todas las condiciones para convertirse en un gran clúster de investigación clínica, según nos recuerda la Asociación Mexicana de Industrias de Investigación Farmacéutica (AMIIF), que preside Irma Egoavil, organización que llevó a cabo hace unos días su tradicional Semana de la Innovación, claro, como debe ser, de manera virtual.
En un escenario así, con México convertido en un gran centro de investigación clínica, las inversiones millonarias en dólares empezarían a llegar a nuestro territorio, porque esos patrocinadores, sobre todo de las industrias farmacéutica, química, biofarmacéutica y de dispositivos médicos, que andan en busca de grupos poblacionales que fortalezcan sus investigaciones, con el fin de hacer los ajustes necesarios, podrían optar por nuestro país en vez de irse a otros países latinoamericanos.
Y es que México tiene capital humano especializado, una sólida infraestructura médica, grandes instituciones de salud, el acceso a pacientes a gran escala, un perfil genético en la población -apetecible para dichos patrocinadores-, y claro está, la prevalencia de enfermedades crónicas, como cardiovasculares, diabetes, hipertensión y cáncer, entre otras.
Las empresas que participan en el desarrollo de los protocolos, mejor conocidas como CROs (Clinical Research Organization), tienen la capacidad probada de atraer inversiones, transferir conocimiento e incorporar tecnología de punta. México se encuentra en el lugar 29 a nivel mundial en esta actividad de investigación clínica, con 226 estudios. El primer lugar lo tiene Estados Unidos, con 4,599 estudios.
Pero todo ello no ocurrirá si no se mejoran de inmediato los procesos de aprobación sanitaria por parte de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), la cual viene arrastrando un gran rezago en cientos de trámites de autorizaciones desde hace dos años tres meses, cuando llegó al poder la actual administración.
Es importante mencionar que el nuevo titular de la agencia sanitaria, Alejandro Svarch, ha llegado con mucho ánimo y ya se ha empezado a notar su mano. Como una de sus primeras actividades se reunió con la plana mayor de la industria farmacéutica, a quienes prometió trabajar muy de cerca, mantener los canales de comunicación, y sobre todo, resolver los cientos de trámites pendientes, que hoy en día tienen un tiempo promedio de espera de 255 días, que son más de ocho meses.
Esta actividad de investigación clínica podría tener una inversión acumulada superior a dos mil millones de dólares en los próximos tres años, de aquí a 2024, a decir de la AMIIF. Para que la rueda gire como se espera, habrá que mejorar las condiciones generales para realizar investigación clínica, incluidas las autoridades fiscales y sanitarias.
En suma, resolver la gran bola de nieve de trámites pendientes, agilizar el andamiaje en general de la Cofepris redundará en mejorar el tiempo de autorización de los protocolos de investigación en México, con el fin de hacer realidad este anhelado sueño de convertir a nuestro país en un gran clúster de investigación clínica. Ya veremos.
El botiquín
México acumula a la fecha casi 202 mil fallecimientos por Covid-19, según lo reportado el domingo 28 de marzo. Sin embargo, el gobierno de México publicó un informe que revela que el número de muertos por Covid-19 en el país supera los 321 mil, lo que indicaría alrededor de 60 por ciento más que el número informado por las autoridades. No obstante, sabemos que la cifra real es de cerca del doble, es decir, más de 400 mil lamentables decesos, según científicos como la doctora Laurie Ann Ximénez-Fyvie, jefa del laboratorio de genética molecular de la UNAM.