Economía empresarial

Cómo tomar mejores decisiones empresariales

Algunas decisiones comprometen el futuro de la empresa y pueden llevar a éxitos rotundos o a dolorosos fracasos y, en algunas ocasiones, incluso a la quiebra.

La toma de decisiones es una responsabilidad irrenunciable de quienes dirigen a las organizaciones. Algunas decisiones comprometen el futuro de la empresa y pueden llevar a éxitos rotundos o a dolorosos fracasos y, en algunas ocasiones, incluso a la quiebra. La ciencia económica cuenta con herramientas que permiten tomar mejores decisiones empresariales. La economía conductual, por ejemplo, ofrece un conjunto de conocimientos que pueden mejorar el proceso de toma de decisiones.

Las y los directores de empresa suelen sentirse cómodos tomando decisiones; son buenos haciéndolo. También tienen confianza en sí mismos y con frecuencia aciertan en su juicio. Todo esto es bueno, pero todos los seres humanos tenemos sesgos y usamos heurísticos (atajos mentales) que afectan nuestras decisiones sin importar cuan talentosos o inteligentes seamos. Estos sesgos pueden llevarnos a equivocaciones por lo que debemos buscar una forma de controlarlos. Sobre todo, cuando las decisiones comprometen el futuro de las organizaciones. La economía conductual estudia el efecto que este tipo de sesgos psicológicos tiene en las decisiones económicas y ofrece recomendaciones para mejorar estas decisiones.

Daniel Kahneman, pionero en el estudio de esta clase de sesgos y ganador del premio Nobel de economía, ha subrayado que el exceso de optimismo es un riesgo importante en la toma de decisiones empresariales. Varios sesgos conocidos apuntan en este sentido. Los proyectos importantes como, por ejemplo, el lanzamiento de un nuevo producto, entrar a un nuevo mercado, una fusión o adquisición, son presentados normalmente en términos favorables por el equipo encargado del proyecto. Incluso si este equipo busca sinceramente ser objetivo, su trabajo puede ser afectado por sesgos inconscientes, como el de confirmación. Si quien se encarga del proyecto cree que este debe ser exitoso, tenderá a encontrar, interpretar y recordar más la información que confirme las posibilidades de éxito del proyecto.

Una vez que se ha presentado el proyecto en términos favorables se crea un sesgo de anclaje en el que se fijan expectativas altas para el proyecto aun cuando objetivamente no sea tan bueno. Añádase a esto, por ejemplo, la falacia de la planificación y se tendera a sobrevalorar cualquier proyecto. La falacia de la planificación muestra la tendencia a subestimar los riesgos, costos y tiempos necesarios para completar un proyecto. La planificación se centra en las tareas para llegar a un resultado, pero no considera todos los diferentes obstáculos que pueden enfrentarse. Desafortunadamente, las y los líderes exitosos están particularmente expuestos a ser optimistas y confiar mucho en sus capacidades. Esto puede llevar a tomar riesgos innecesarios en las organizaciones.

El principal problema es que estos sesgos son inconscientes, no nos damos cuenta cuando nos afectan y por eso no es posible superarlos sujetos a nuestras propias fuerzas. Incluso Daniel Kahneman ha afirmado que sigue siendo víctima de los sesgos que ha estudiado durante toda su vida. ¿Qué hacer entonces? Aunque somos incapaces de superar nuestros propios sesgos, la implementación de procedimientos y un buen diseño institucional pueden ayudar a superar los sesgos en las organizaciones. Por ejemplo, se pueden definir de antemano cuáles son los indicadores que se deben tomar en cuenta para una decisión y los valores que se esperarían para esos indicadores. Después la decisión debería ser parametrizada y no depender de la decisión (potencialmente sesgada) de una persona o un comité.

Otra posibilidad es contrastar la información presentada con otras fuentes de información. Por ejemplo, para evitar la falacia de la planificación se deben considerar costos y tiempos de proyectos similares en la industria. Si el costo promedio es mayor que el costo estimado internamente o si la tasa de éxito es relativamente baja en general, se debería cuestionar seriamente si el proyecto considerado de verdad puede ser más barato o más exitoso.

La idea de fondo es que las decisiones de mayor trascendencia en las empresas no debieran depender principalmente del juicio de una persona o un grupo de personas. La economía conductual sugiere que las decisiones empresariales deberían depender más de reglas y de un adecuado arreglo institucional para evitar elementos subjetivos que suelen estar sesgados de forma inconsciente.

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