Sara Lozano

Sara Lozano: La culpa no es de ella

Indigna que desde pequeñas las mujeres aprendan a asumir las consecuencias de la brutalidad machista y a cargar con la responsabilidad no despertar a esa fiera

LA PROPIA POLÍTICA

En marzo 7 de 2018 en esta columna escribí: “Me enoja tener que educar en la prevención del acoso, sacar de su libertad infantil a la niña puberta. Alertarla, advertirle que se está convirtiendo en presade caza para cualquiera: para los machos que la acorralan, para las machistas que juzgan su imprudencia, cuando denuncia al lobo en la cama de la abuela.

También se viene a la memoria la canción que recorrió a América en 2019, “El violador eres tú” de Vivir Quintana. Más que nunca espeta la consigna de “el Estado opresor es un macho violador”. Parafraseando la letra sostengo que la culpa no fue de Debanhi Escobar, ni donde estaba, ni como vestía. Ni de ella ni del resto de mujeres desaparecidas o muertas. La culpa es de la impunidad, negligencia y desatención con la que se llevan las investigaciones en Nuevo León, en todo México.

Si salió con amigas que conoció en una red social, si entró a un motel, si se puso borracha no son atenuante para la violación y el asesinato. No se puede seguir este patrón moral de pensamiento que nada tiene de lógica. Si ella hace lo mismo en algún país del primer mundo, en esos en los que el Estado de Derecho existe, la procuración de justicia responde con prontitud y severidad, con eficacia; el culpable no se desvanece entre sus relaciones y la simulada negligencia del ministerio público se castiga.

Es indignante el tratamiento que dan las voces públicas a las razones por las que las mujeres podemos ser agredidas. Sigue siendo una injusticia tener que asustar a las niñas casi adolescentes sobre las pasiones irracionales que pueden despertar porque su cuerpo toma la forma de mujer, y además, echarles la carga de protegerse porque estarán siempre expuestas a las brutalidades del machismo.

No hay palabras para describir el vacío que habita en las familias de mujeres desaparecidas. La zozobra eterna, la esperanza incansable de encontrarlas algún día, la angustia de imaginarlas en las redes del narco, de la trata humana o muertas. Las mil vueltas a las agencias del ministerio público para ver si se encuentra alguna pista, la de moches que les piden, los falsos abogados, gestores-coyotes, videntes y falsificadores que trafican con su dolor.

El victimario se oculta en las entrañas jurídicas, las relaciones del poder y del dinero. Las instituciones se prestan a ello, los funcionarios simulan, obedecen y encubren. La prensa se llena de opiniones, la sociedad se indigna. Y al final no pasa nada. Ella seguirá desaparecida o muerta, la familia dando vueltas aferrada a encontrarla o hacerle justicia y la sociedad, después del trago amargo, pronto se fastidiará y luego se olvidará. Mientras se sigue educando a las niñas a asumir las consecuencias de la brutalidad machista y a cargar con la responsabilidad no despertar a esa fiera.

Sara Lozano

Sara Lozano

Colaboradora en la Escuela de Gobierno y Transformación Pública y profesora en el Tec de Monterrey de Ciudadanía y Democracia. Integrante fundadora de Ellas ABP coordinadora de programas por la prevención de la violencia laboral y económica contra las mujeres.

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