LA PROPIA POLÍTICA
Ahora que algunos artículos de la Ley de Revocación de Mandato estorban, algunos legisladorxs quieren decirle al Instituto Nacional Electoral cómo interpretarlos. Lo hacen a través de un decreto, además, hacen un trabajo legislativo desaseado, lo aprueban y pretenden que se aplique por encima de lo mandatado en la Constitución.
Vuelve a esta columna la anécdota del niño, dueño del balón, que pretende ganarles a todxs bajo la amenaza de llevarse su pelota. Desde diciembre 2019 que aparece la revocación se advierte la prisa para atender la agenda presidencial, este mecanismo de democracia directa no es producto de un trabajo de legislación serio, no es producto de la reflexión ni propone una visión de Estado en tránsito hacia una democracia participativa.
En septiembre de 2020 que se aprueba la Ley de Revocación de Mandato se confirma esta presión política por atender las promesas presidenciales. Se esperaba una ley que precisara los elementos estructurales del mecanismo y no, resultó ser una reproducción ampliada de lo que fue la reforma del 2019.
La revocación es un mecanismo (no)ciudadano, mal diseñado para el objetivo que enunciativamente persigue, la activación factible para las instituciones partidistas y élites políticas –no para la ciudadanía– y, lo que hoy reclaman, carece de garantías para la persona afectada. ¿Cómo es posible que puedan quitar de su puesto a alguien que no podrá defenderse?
Si no se tratara de una agenda política, la figura de la revocación protegería la estabilidad y la gobernabilidad. No se puede ir por el mundo quitándole el puesto a alguien, sin que ese alguien pueda responder, justificar sus decisiones, explicar sus razones y rendir cuentas. Además, se trata de quitar un puesto que llegó por el voto popular, el santo grial de la democracia. Esto es muy delicado, es quitarle la primacía al sufragio.
En Perú la revocación de mandato ha traído más inestabilidad que desarrollo o que el involucramiento de la sociedad, que es la finalidad del mecanismo. Está diseñada como instrumento ‘político’ bajo el nombre de ‘ciudadano’, lo han utilizado indiscriminadamente, se teme a la oposición de otros partidos y de su propio partido. El resultado ha sido la ingobernabilidad, mientras suben y bajan del poder, nadie se ocupa de gobernar ni ver por el bien común.
Así, la Revocación de Mandato en México nació mocha, pero no muerta. Es un mecanismo jurídicamente reconocido que está activo, oficialmente se convocó a la ciudadanía a participar el próximo 10 de abril, cada agente e institución está haciendo su parte de acuerdo con lo que dice la Constitución y la Ley de Revocación.
Hacen falta más de un decreto para mejorar este mecanismo, pero no se pueden cambiar las reglas del juego cuando ya empezó el juego. Esa es otra tarea para otra agenda.
PDTA: Triste situación, la contaminación nos está ahogando en NL y eso que no tenemos agua.
