Sara Lozano

Sara Lozano: ¿Apatía ciudadana, es en serio?

La ciudadanía no es apática, vive en la desesperanza porque no hay voluntad política para su inclusión en la agenda de gobiernos

LA PROPIA POLÍTICA

Cuando se habla de desafección ciudadana o apatía se descuadra el audio del video. De acuerdo con los resultados de la Encuesta de Cultura de Legalidad y Participación 2021 del Consejo Nuevo León y Hagámoslo Bien tres de cuatro personas consideran importantes los asuntos públicos.

La contraparte a este interés es la falta de tiempo, de conocimiento o de una mínima esperanza. Los instrumentos de participación ciudadana exigen todo a las personas y a nada obligan a las autoridades, hay maltrato en estas leyes malhechas. Todo apunta a que existen para sanar intereses, se ajustan a instituciones, a la administración pública y así cumplen con estándares internacionales. Estos instrumentos no están legislados para que la gente los utilice, son como la zanahoria que eternamente persigue el burro que muele la caña.

No es posible que desde la soberbia del Estado se esperen las oleadas de ciudadanía participando en foros que les obligan a trasladarse, que les deja esperando por horas, que les lee una cartilla de facultades y obligaciones, que les sienta en una mesa a conversar entre pares, que les hace a redactar un documento.

¿Y para qué? Para recopilar la información a sabiendas que la ley no obliga a hacerles caso, que la muestra no resultará representativa, que no habrá presupuesto para lo que se pide y que sistematizar esa información, en ese desorden y esa falta de compromiso, es impensable.

Los mecanismos de participación están diseñados para palomearse en el deber ser institucional, cargados tal vez de buenas voluntades y poca inteligencia; vienen copiados de otros básicos estandarizados sin que se invierta talento ni visión estadista.

Muy platicado este ejemplo, no es posible que desde la ceguera del Estado se exija un 2% del apoyo en un municipio urbano con millones de personas igual a un municipio con apenas reúne algunos miles. No hay lógica que se igualen las implicaciones de un corredor ecológico en el Río Santa Catarina a las de casetas de primeros auxilios en parques, que el primero se considere municipal y el segundo estatal. Ambos casos se vivieron en 2018 en Nuevo León y el tratamiento de las autoridades fue el mismo.

La ciudadanía no es apática, vive en la desesperanza porque no hay voluntad política para su inclusión. La república, democrática, federal, representativa y laica que debería ser México la deconstruyen a golpe de leyes convenientes a élites, partidos y/o instituciones que, dialogando entre sí, acuerdan engendros que poco impacto tendrán para el bien común.

Y siguen desmoronando la democracia porque se resisten a incluir a toda esa ciudadanía politizada que no partidista, la que critica y se manifiesta en marchas, la que no encuentra canales de comunicación efectivos con sus representantes.

Las autoridades se resisten al cambio, mantienen un equilibrio político sin considerar que siguen ampliando brechas; llegan a acuerdos que simulan cambios y mantienen secuestrado al poder público creando cada día más inestabilidad social. Fueron 17 cuerpos en Sonora, en Nuevo Laredo cerraron los puentes internacionales, en Colima la tasa más alta de homicidios con tan poca población. ¡Querétaro! La horda de desplazados zacatecanos por la narcoviolencia, en Michoacán se investigan fusilamientos y en Nuevo León se cuentan por cientos las víctimas de violencia en 2022. Y estas fueron noticias de hoy.

No, la ciudadanía no es apática, vive en la desesperanza de un Estado que no la ve, no la escucha, que no empatiza con su frustración y, por supuesto, tampoco muestra interés en servirla. No es desafección ni apatía, es desesperanza y desolación. Bien dice don Manuel Alcántara Saéz, es una democracia fatigada.


Sara Lozano

Sara Lozano

Colaboradora en la Escuela de Gobierno y Transformación Pública y profesora en el Tec de Monterrey de Ciudadanía y Democracia. Integrante fundadora de Ellas ABP coordinadora de programas por la prevención de la violencia laboral y económica contra las mujeres.

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