LA PROPIA POLÍTICA
Una cosa buena es que la visibilización del trabajo de mujeres encuentre menos resistencias que en décadas pasadas, que haya más apertura al diálogo entre mujeres para aprender a reconocer esas incomodidades o frustraciones que se asumen normales y no lo son, por ejemplo, durante la crianza.
Otra cosa de avanzada es que desde el orden internacional la inclusión es un requisito y no sólo una buena intención. La articulación de intereses que se ha logrado en las diversas unidades de la ONU combina un deber ser por la paz y en favor de la humanidad en vinculación con las unidades financieras que velan por el desarrollo y la estabilidad como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional.
Y es que entre los diversos objetivos de milenio que firman los países miembros, la inclusión ha demostrado beneficios económicos, financieros y sociales. Por décadas los reflectores han echado luz sobre el quehacer de las mujeres, sus matices, la violencia, la segregación, la exclusión, la desacreditación que pervive como práctica común en un afán machista de cuidarlas, procurarlas y conservarlas en espacios supuestamente protegidos.
Ahora los reflectores empiezan a centrarse en lo que ellos hacen y sus limitaciones para incluirlas en el desarrollo laboral, empresarial o tecnológico, pero el económico aparece de relevancia estratégica porque el dinero propio crea condiciones para la emancipación; y la posibilidad de crecer en una empresa, incrementar ese ingreso, genera condiciones de libertad.
Ellas han sido muy estudiadas, los techos de cristal o de concreto, las cadenas de oro. Los cautiverios de las mujeres que tan finamente trazó Marcela Lagarde han servido para estudiar y delimitar lo que hacen para apropiarse de sus espacios/objetos asignados por el género y lo que tienen que revertir, desaprender y replantearse para empezar a hacerse de las relaciones y aspiraciones elegidas.
Pero Ellos no, públicamente expresan su compromiso por la inclusión y anuncian gabinetes paritarios, pero en las negociaciones importantes las excluyen. En materia pública las cuotas que pasaron de ser una acción afirmativa para establecerse como principio constitucional en México, han logrado ciertos equilibrios, en realidad pocos. No hay mujeres dirigiendo partidos políticos, sindicatos, en el ámbito estatal hay pocas secretarias de estado y las que hay están en área de servicio o asistencia, las que fácilmente pierden presupuesto por no considerarse estratégicas.
Para Ellos en la empresa, a quienes no se les ha impuesto una cuota paritaria, les están llegando condiciones de inclusión para ser acreditados por estas instancias internacionales. Por más que rascan en sus organigramas, las mujeres difícilmente alcanzan el 3% en puestos de dirección y sus cautiverios suelen envolverlas; no hay protocolos para provocar la inclusión y menos para sancionar la discriminación o el acoso.
Y tampoco saben por dónde empezar… Más de lo bueno con estos reflectores es que el siglo XXI viene pisándole los talones a quienes se han resistido al cambio, a quienes han creído que el problema era sólo de ellas y a los que no lo creen, como si esto se tratara de un dogma religioso o una opinión.
En el equipo invitado a redactar la nueva Constitución en Nuevo León faltan muchas mujeres, incuestionable el perfil de los invitados y de la doctora Lourdes Dieck, pero hacen faltan muchas Ellas que también saben de leyes, finanzas, energía, transporte o telecomunicación.
