Me di a la tarea de entrevistar a algunas mentes que admiro y respeto, personas politizadas que no participan en dinámicas partidistas. Me interesaba su opinión sobre la revocación de mandato y resultó que nadie se cree eso del ejercicio ciudadano, nadie cree que tenga un efecto sustantivo para la ciudadanía ni que se incremente el poder de la sociedad. En lo que todas concuerdan es en que se trata de un circo de las élites políticas para negociar algo que será invisible para el resto.
El primer argumento con el que coincido, la revocación no la debió activar el presidente, fue una propuesta de campaña para sanar una desesperanza arraigada de promesas incumplidas después de una elección. Equiparan este ruido mediático con la consulta popular propuesta por Jaime Rodríguez en Nuevo León (2017) que sigue sin cumplirse a pesar de avasallar en las urnas.
Y lo muchas veces dicho en esta columna, no había razones para consultarse porque era una facultad del gobernador, salió más cara que el costo total del proyecto y, para colmo, nadie pudo obligarle a cumplirla. No se ven los centros de primeros auxilios en los parques estatales por ninguna parte, ni se verán. La Consulta NL 2017 ya duerme el sueño de los inocentes en algún archivo y sólo servirá para contabilizarse como ejercicio ciudadano.
El segundo argumento va de la mano a esta mala experiencia. Si la intención de la revocación es conocer la opinión de la ciudadanía –dice el presidente que renunciará si gana el No–, tendría otros medios para hacerlo de manera más efectiva sin derrochar recursos. Lo que sí ven es la manipulación de dinero sus fines, desacreditar al Instituto Nacional Electoral (INE) ha sido asunto permanente del gobierno federal.
Lo que sí leen, es un control sobre el Poder Legislativo (partidista y entre élites) por la aprobación de una ley que otorga toda la discrecionalidad a las autoridades sin garantizar a la ciudadanía un ápice. Esto combinado con la reducción estratégica del presupuesto para que no alcance el dinero de hacer lo mínimo indispensable que dice la malhecha Ley de Revocación de Mandato.
El tercer argumento es que el resultado no fortalecerá la participación ciudadana, ni abrirá rutas para la intervención efectiva de la ciudadanía en las decisiones públicas. Mientras que echa leña al fuego para desinformar y nutrir el mensaje polarizador entre ricos y pobres, buenos y malos, corruptos y honorables.
Vale aclarar que las mentes brillantes son de milenials geriátricos –como se autodenominan–, personas ya caladitas brincando los treinta años. Las instituciones les importan, pero no temen deshacerse de las tradicionales, las que permiten la simulación y el contubernio de las élites políticas y económica.
Y hacia allá vamos. A ver qué novedades trae la validación de firmas, el posible cambio de fecha y la determinación de la Suprema Corte de Justicia sobre la autonomía del INE.
En tanto les deseo felices fiestas, que solsticio siembre la luz en la participación ciudadana, que la consciencia social crezca en los corazones y se eleve el ethos político en el alma de cada persona.
