Sara Lozano

Sara Lozano: Los egos en pandemia

Mucho ruido de curas milagrosas, de casos de la hija de un vecino del pariente que vive lejos; que con vacuna, que sin vacuna, que sin síntomas o en el hospital. Todos tienen un caso por contar que atraiga algo de atención porque contiene certezas.

Del COVID hablan tanto que no dejan escuchar a quienes lo estudian, tal vez porque solo presentan indicios, nada definitivo, sigue siendo poco lo que se sabe de este bicho. Mucho ruido de curas milagrosas, de casos de la hija de un vecino del pariente que vive lejos; que con vacuna, que sin vacuna, que sin síntomas o en el hospital. Todos tienen un caso por contar que atraiga algo de atención porque contiene certezas.

Ni siquiera las estadísticas en el mundo parecen confiables, utilizan modelos adecuados para cada país a fin de demostrar las ventajas de su estrategia, la necesidad del político de caer parado y que sin escrúpulos enrarece las cifras, las pocas certezas las esconde para aparecer como mejor tomador de decisiones. Y la investigación va coludida, en un afán de tener razón mantienen modelos estadísticos deficientes, pero suficientes para decir algo.

Fue interesante cómo fue desgranando todo esto el doctor John Ioannidis –médico y doctorado– de la Universidad de Stanford, epidemiólogo experto en salud pública, de los autores más citados en el mundo –así lo presentan–. Después de mostrar los datos que sí se tienen, afirma que las muertes por COVID están sobreestimadas, se le están agregando las muertes que normalmente se esperarían por diabetes, enfermedades cardiacas o por las secuelas de la pobreza extrema. El tabaquismo, una enfermedad que por sí misma mataría algo así como un millón de personas, no la enfrentan, cierran museos, ópera, partidos y no cancelan la fuente misma de comorbilidades: las tabacaleras.

Mucho ruido para no ver que los encierros forzados no redujeron los contagios más que los encierros voluntarios, como en México; que enclaustrar a las personas mayores en asilos, los convirtió en morideros; que el tapaboca sí funciona y la efectividad de las vacunas variará por un buen tiempo; que las enfermedades mentales van en aumento afectando principalmente a la juventud y que no sabemos qué será de la generación nacida en a pandemia y sus vínculos sociales; que la educación es una moneda al aire que se está transformando de raíz, que a la vuelta del tiempo las brechas digitales multiplicarán las desigualdades.

En la cuna de la cerveza, Monterrey, y en todo el país suspendieron la producción de cerveza, pero no hicieron lo propio con la fructuosa, las harinas, la sal, no alteraron el modelo fiscal para propiciar el consumo de ensaladas ($85.00) en lugar de tacos ($35.00). De las políticas públicas poco que aplaudir cerraron los parques y dejaron abiertos los casinos, pusieron emblemas “exceso de sal” “exceso de sodio” “exceso de grasa” indiscriminadamente, ahora parece que unos Doritos y unas tortillas de harina dañan lo mismo la salud.

Hablan tantos y todos quieren tener la razón.

PDTA: En la misma irracionalidad siguen las notas de esta semana: el planeta se está cayendo a pedazos, madre naturaleza se lo está cobrando, aun sí, no se hace nada ante poderosos intereses económicos. Los fundamentalismos afganos y norteamericanos se ven las caras e inmediatamente se toma un bando y la industria de la guerra aceita sus máquinas.

Sara Lozano

Sara Lozano

Colaboradora en la Escuela de Gobierno y Transformación Pública y profesora en el Tec de Monterrey de Ciudadanía y Democracia. Integrante fundadora de Ellas ABP coordinadora de programas por la prevención de la violencia laboral y económica contra las mujeres.

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