Sara Lozano

Sara Lozano: Los partidos políticos y la consulta popular

Los partidos políticos no deberían estar juntando firmas para hacer una consulta para influir en la agenda pública, su función es hacer esa agenda y capacitar a las personas que la van a llevar a cabo.

Este es el sexto artículo que escribo sobre la consulta popular mexicana desde dos ángulos: el mecanismo mal legislado y la forma como se está materializando en la #ConsultaPopular2021.

No es cosa menor que por primera vez en México una persona convoca al resto para votar por un asunto de interés público. Aunque sea difícil sostener que proviene de la sociedad civil porque el ciudadano que la solicita está colaborando con el presidente López Obrador para cumplir una promesa de campaña y porque las firmas las consiguió a través de la estructura de su partido. No es lo mejor, pero tal vez sea la manera de desherrumbrar la maquinaria.

Hubo un plebiscito con Antonio López de Santa Anna y un referéndum con Benito Juárez sin mediar ley, y algunos casos aislados a nivel estatal, porque es hasta 2012 que se reforma la Constitución y se establece que además de las autoridades, la ciudadanía también puede activar mecanismos de participación ciudadana que se deciden vía votación y el resultado es vinculante para las autoridades implicadas. Con mil fallas, sí, pero tampoco es asunto menor que se haya abierto esa puerta.

La apuesta por mecanismos como la consulta popular es que, al involucrarse la gente en las decisiones públicas, la democracia se fortalece. La intención es abrir canales de comunicación formales entre la ciudadanía y sus representantes no para gobernar con ellos, sino para enderezarles el timón cuando pierden rumbo en el gobierno. Los beneficios esperados a corto y mediano plazo – la democracia fortalecida - es que la gente se involucre en política, se creen espacios de diálogo-confianza, lo que generará una rendición de cuentas orgánica sin necesidad de una complicada legislación.

El problema que atacan los instrumentos de participación ciudadana es el creciente desinterés por lo público, el descrédito en que la democracia ha caído porque el modelo no ha respondido a la gente. La causa de fondo es el mal desempeño de los partidos políticos, todos, y de las élites que los sostienen. No es asunto nuevo en la historia de la humanidad que grupos de poder e influencia se coordinan para manejar a conveniencia instituciones estratégicas que, a su vez, les dan un poder político.

Los partidos políticos no deberían estar juntando firmas para hacer una consulta y presentar a votación asuntos públicos. Su función es hacer la agenda que eventualmente reciba los golpes de timón, la formación cívico-política de la población como estrategia para atraer militancia, es proponer a elecciones a personas capaces de gobernar y a sus colaboradores capaces de diseñar esta agenda factible y atractiva; es profesionalizar a una masa estratégica competente para ejercer las funciones en la administración pública.

El partido político es la institución que avala al representante que debería entablar un diálogo con la ciudadanía a través de mecanismos de democracia directa sin darle tantas vueltas a la ley y simulando las activaciones ciudadanas.

Sara Lozano

Preside la CME de la Comisión Estatal Electoral. Es articulista de @ElFinancieroMTY desde 2017. Relaciones gubernamentales, políticas públicas, elecciones y democracia directa. IIS @TecMonterrey y doctorante en Ciencia Política.

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