Munira Al Mutairi a veces se pregunta cómo sería salir de su casa sin cubrirse con una abaya, la larga túnica que usan las mujeres sauditas en público.
"Sería una especie de liberación", afirmó en un complejo residencial privado de Riad, donde un grupo de mujeres fuma narguile, otro tabú. "No quiero que nadie me ponga condiciones, solo porque eres mujer tienes que ser así, no debes mostrar tu rostro".
Pero estamos en Arabia Saudita, una sociedad islámica conservadora donde muchos consideran la túnica como un imperativo religioso y cultural, y Al Mutairi admite que no está lista para seguir al puñado de mujeres que se han liberado de las abayas.
"Mi problema es la atmósfera que me rodea, siento miedo. Quizás mi esposo se divorciaría de mí", dijo la madre de 42 años que tiene tres hijos.
Y tiene toda la razón de preocuparse. La idea misma de que algunas mujeres puedan abandonar sus abayas causa revuelo en Arabia Saudita, ya que el rápido cambio social pone bajo estrés sin precedentes viejas fallas entre los llamados liberales y conservadores del reino.
Tras décadas de imponer las opiniones de los clérigos, quienes se oponían a la música y la mezcla de género, el Gobierno hizo un cambio radical bajo el príncipe heredero Mohammed bin Salman: suavizó las restricciones sociales e invitó a estrellas del pop como Mariah Carey a presentarse, logrando sofocar la disidencia.
La policía religiosa del reino ha perdido la mayor parte de su poder, permitiendo que las mujeres prueben los límites del código de vestuario que los oficiales alguna vez hacían cumplir. En zonas urbanas más adineradas, es cada vez más común que las mujeres se descubran el cabello y muchas usan abayas de colores en lugar del negro estándar.
Incluso se habla de que el Gobierno pronto hará que la abaya sea opcional, ya que intenta por primera vez atraer a turistas extranjeros.
Sin embargo, la reacción violenta hacia mujeres que sobrepasan los límites dictados por su comunidad es a menudo feroz.
Una tarde, hace poco, Mashael Bin Jaloud ignoró las miradas de otros clientes cuando entró a un café de moda en la capital saudita vestida con pantalones anchos y una camisa de gran tamaño. Han pasado seis meses desde que dejó de usar la abaya, y las miradas son lo mínimo a lo que se enfrenta.
En línea, desconocidos solicitaron que fuera encarcelada. Ha perdido amigos, y después de aparecer en un informe de medios extranjeros sin su abaya, perdió su trabajo en recursos humanos. Bromea que, a sus 34 años, sus posibilidades de casarse son cero.
"Mucha gente me atacó, mucha gente puso en duda mi religión y mi nacionalidad", señaló en Riad. Aún así, dice, "es una cuestión de elección".
En una entrevista televisiva en Estados Unidos el año pasado, el príncipe Mohammed declaró que era total potestad "de las mujeres decidir qué tipo de vestuario decente y respetuoso" quieren usar.
Sin embargo, solo un pequeño número de mujeres sauditas han abandonado por completo sus abayas, y debido a que los edictos que requieren "un vestuario modesto" se pueden interpretar de diferentes maneras, corren el riesgo de enfrentarse a la ley.
‘Dios está mirando’
En 2016, la activista saudita Malak Al-Shehri fue arrestada después de publicar en línea una selfie sin abaya en el bulevar principal de Riad. En gran parte del país, es inusual ver a una mujer sin un nicab que cubra el rostro, y mucho menos sin una túnica.
"Es nuestra religión, y es algo a lo que estamos acostumbradas", comentó Layla Al Arfaj, una residente de Riad de 42 años que se cubre de negro desde la cabeza hasta los pies. "Va en nuestra sangre".
Incluso cuando Al Arfaj viajó al extranjero y la gente la instó a quitarse el niqab, diciéndole que nadie la estaba mirando, no lo hizo. "Dios está mirando", dijo.
En los enclaves costeros relativamente liberales de Yidda y Khobar, más mujeres han abandonado la abaya. Raja'a Makki, residente de neurocirugía de 29 años en Khobar, comenzó a salir sin abaya hace más de cuatro años.
"He visto a mucha gente caminando totalmente tranquila con jeans y camiseta", platicó Makki, que es mitad marroquí.
Acoso en línea
En rincones conservadores del reino, la idea horroriza a más sauditas. Los informes sobre mujeres que abandonaron sus abayas desencadenaron una tormenta en las redes sociales, uno de los pocos lugares donde los conservadores pueden expresar su indignación después de que una represión política redujo el espacio para críticas permisibles. Las mujeres también enfrentan oposición dentro de sus familias.
El padre de Makki no ha hablado con ella desde que dejó de cubrirse el cabello. Dima, ingeniera de software de 32 años quien dejó de usar la abaya hace dos años, subrayó que fue rechazada en un trabajo porque no era "idónea para la cultura", y una vez la persiguió otra mujer que intentaba sermonearla. Pidió a Bloomberg no divulgar su apellido para poder hablar libremente.
De vuelta en el complejo, mientras el olor a humo flotaba en el aire y el personal extranjero eran los únicos hombres a la vista, Al Mutairi dijo que si más mujeres comenzaran a salir sin abayas, se sentiría lo suficientemente valiente como para intentarlo.
Cuando terminó el período de silencio de la oración al atardecer y el café de Riad puso música pop árabe a todo volumen, Bin Jaloud se maravilló de la escena.
"Hace dos años, estas canciones estaban prohibidas. Vivíamos en una era que no era humana en absoluto. Se acabó, y ahora ha llegado el momento de vivir", indicó.