El Estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más importantes para el comercio energético mundial, se ha convertido en el centro de una estrategia militar iraní que buscaría complicar las operaciones navales de Estados Unidos y tender “una trampa” a Donald Trump.
Por esta vía circula cerca del 20 por ciento del petróleo y gas que se comercializa en el mundo, lo que la convierte en una arteria clave para el suministro energético global.
En los últimos días, la amenaza de ataques con misiles y drones por parte de Irán ha provocado el cierre del Estrecho de Ormuz. La tensión ya se refleja en los mercados: el precio del petróleo pasó de alrededor de 70 a 81 dólares por barril en pocos días, mientras que el gas en Europa registró aumentos superiores al 50 por ciento.
Además, el tráfico de petroleros se ha desplomado un 90 por ciento desde que comenzaron los ataques a Irán, y las aseguradoras marítimas, asustadas, han aumentado sus primas hasta en un 100 por ciento o las han eliminado por completo.
El estrecho de Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el Océano Índico y constituye la principal salida marítima para el petróleo y gas producidos en Irak, Kuwait, Bahréin, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Su proximidad con territorio iraní le otorga a Teherán una ventaja estratégica para desplegar distintos sistemas militares capaces de amenazar embarcaciones que transitan por la zona.
En este contexto, analistas citados por The Telegraph señalan que Irán busca transformar este paso en un entorno especialmente peligroso para las fuerzas estadounidenses en caso de una confrontación directa, aprovechando tanto su posición geográfica como sus capacidades militares en la región.
El Estrecho de Ormuz, una ruta clave para la energía mundial
Con apenas 24 millas de ancho en su punto más angosto, el Estrecho de Ormuz es un corredor marítimo especialmente vulnerable a bloqueos o ataques. Debido a su relevancia estratégica, cualquier interrupción en el tránsito de buques tiene efectos inmediatos en los mercados energéticos y en el comercio internacional.
Ante el deterioro de la seguridad marítima, el presidente Donald Trump propuso ofrecer seguros respaldados por el gobierno estadounidense y desplegar escoltas navales para proteger a los buques comerciales que crucen la zona.
Especialistas advierten que la medida implicaría un desafío logístico considerable. Mantener abiertas las rutas requeriría que la marina estadounidense escolte hasta 80 petroleros al día, lo que supondría una presencia naval constante y un amplio despliegue de recursos militares.
Misiles, submarinos y drones: las amenazas en la zona
A pesar de los bombardeos recientes contra parte de su infraestructura militar, Irán aún conserva varias capacidades que podrían representar un riesgo para la navegación. Entre ellas se encuentran submarinos desplegados en la base naval de Bandar Abbas, además de misiles antibuque de corto alcance y drones ubicados a lo largo de su costa.
A esto se suma la posibilidad de que aliados regionales de Teherán amplíen la presión sobre el comercio marítimo. Analistas advierten que los rebeldes hutíes en Yemen podrían retomar ataques contra embarcaciones en rutas cercanas, particularmente en el Mar Rojo.
Una crisis con impacto en la economía global
La creciente incertidumbre también ha generado reacciones en la industria marítima. Organizaciones internacionales analizan declarar el Estrecho de Ormuz como “zona de operaciones bélicas”, una designación que permitiría a las tripulaciones negarse a navegar por esa ruta debido al alto nivel de riesgo.
Al mismo tiempo, algunas instalaciones energéticas en el Golfo han sido atacadas con drones y ciertos productores han reducido temporalmente sus operaciones. En conjunto, la situación mantiene bajo presión a los mercados energéticos y al comercio internacional que depende del tránsito seguro por este pasaje estratégico.







