Constantemente enfrentamos situaciones en las que tratamos de clasificar a las personas en aquellas que son “hábiles” y aquellas que no lo son. ¿Qué médicos son los mejores? ¿Qué contratista debemos elegir? ¿Qué jugador deberíamos poner en nuestro equipo del Fantasy? Este problema de clasificación es particularmente relevante para la administración del dinero. Por lo general, intentamos discernir entre los administradores capacitados y los afortunados. A pesar de lo complicado que puede ser la identificación de habilidades, es aún más difícil de lo que podría parecer aplicarlo a los gestores de fondos; simplemente mirar el desempeño histórico de alguien puede llevarnos a una decisión incorrecta debido a la influencia de la aleatoriedad, es decir, la suerte.
Imaginemos un escenario ficticio en el que todos tienen el mismo nivel de habilidad. En este mundo, ¿esperamos que todos los cirujanos tengan la misma tasa de éxito para sus pacientes? ¿Terminarían todos los maratones en empate? ¿Todos los administradores de fondos generarían el mismo rendimiento? La respuesta a todas estas preguntas es, casi con certeza, “no”. ¿Por qué? Por el azar o la suerte. Algunos cirujanos, por casualidad, verán pacientes más enfermos. Algunos maratonistas tendrán días malos, mientras que otros tendrán días buenos. De manera similar, algunos gestores de fondos elegirán acciones que tengan un desempeño peor (o mejor) de lo esperado, simplemente debido a la aleatoriedad inherente de los mercados financieros.
En el ejemplo anterior destaca el hecho de que, incluso si todos los gestores de fondos tuvieran la misma habilidad, alguno será clasificado como el “mejor” y alguno como el “peor”, según su desempeño histórico. Esta intuición sobre la suerte tiene importantes implicaciones para el mundo real, incluso cuando la habilidad es distinta. Algunas diferencias en el desempeño histórico vendrán impulsadas por la suerte, incluso si las personas realmente tienen diferentes niveles de habilidad. La pregunta fundamental es, ¿cuánta de la diferencia se le atribuye a la suerte y cuánto a la habilidad?
Conocer qué porcentaje del desempeño histórico de un administrador de fondos se debe a buenas o malas decisiones y cuánto se debe a la buena o la mala suerte es en realidad un gran desafío. Investigaciones académicas recientes sugieren que la mayor parte de la variación en el rendimiento de los fondos administrados se debe al azar más que a la capacidad.
Entonces, ¿un inversionista debería de analizar al conjunto de gestores de inversiones con el fin de encontrar al mejor? La investigación sobre habilidad y suerte implica que esta es una tarea casi imposible. La fracción de administradores “buenos” es pequeña y la posibilidad de elegirlos correctamente es baja. En cambio, es probable que su desempeño haya sido impulsado por la suerte. Si bien algunos de nosotros estamos felices arriesgándonos con la esperanza de un resultado afortunado, es importante recordar que también es posible un resultado desafortunado.
Hay que sacar a la suerte de la ecuación. Si eres dueño de todo, estás quitando la suerte del juego y así obtendrás un retorno justo en tu inversión. Este es el argumento a favor de tener una cartera diversificada y con tarifas bajas, que invierte en tantas clases de activos como sea posible. Si tienes una mayor tolerancia al riesgo, entonces puedes considerar inclinar esta cartera diversificada para mantener clases de activos de mayor riesgo o utilizar el apalancamiento y mantener intacta la cartera original totalmente diversificada.
No suena tan emocionante como encontrar al “genio” de la selección de acciones. Pero cuando nos damos cuenta de que esa comisión por administración activa puede compensar los resultados afortunados, queda claro que la elección “aburrida” es la mejor estrategia.
