Monterrey

Nuria Rojas: Entre el retorno y la ética

El dilema moral del inversionista moderno.

alt default
Nuria Rojas

La educación financiera fomenta que las personas utilicen las inversiones como herramienta para generar valor, ya que poniendo a trabajar el dinero es como se obtienen rendimientos que protegen la pérdida en el poder adquisitivo y se incrementa el valor a largo plazo.

Las inversiones son una pieza clave para alcanzar la independencia y seguridad económica, permitiendo alcanzar metas como la educación, vivienda y retiro digno.

Por otro lado, es importante reconocer que al invertir estamos financiando proyectos: la rentabilidad que se genera surge de permitir que, ya sea en deuda o capital, las organizaciones puedan llevar a cabo proyectos de desarrollo o investigación; por lo que las inversiones impactan más allá del público inversionista.

Existen diferentes tipos de inversiones; por ejemplo, están los bonos, los cuáles son préstamos a gobierno o a corporaciones donde el capital otorgado se devuelve en una fecha futura con rendimientos favorables previamente pactados.

Por otro lado, tenemos a las acciones, las cuales consisten en adquirir una participación proporcional en el capital de la empresa, lo que nos permite ser partícipes de las ganancias o pérdidas que corresponden a la proporción de la inversión.

Independientemente de la vía que elige el inversionista para destinar su capital, es importante tomar en consideración el impacto que tendrá al financiar los objetivos del emisor; es por ello que al tomar estas decisiones debemos tener presente la moralidad.

Algunas inversiones pueden parecer muy atractivas por el alto rendimiento que prometen; sin embargo, al analizarlas a profundidad, pueden generar un conflicto con la propia conciencia.

Es cierto que representan una forma aparentemente sencilla de obtener dinero, pero surge la pregunta esencial: ¿a qué costo?

Existen empresas que generan ingresos a expensas de otros, la destrucción, injusticia y la desigualdad, aunque todo eso sea legal, sigue siendo una pregunta difícil, ¿de verdad vale la pena ganar dinero a través de estos medios?

La moralidad representa la intersección entre el deseo de obtener ganancias y hacer lo correcto, es el reflexionar y tener conciencia de dónde y cómo se utiliza nuestro dinero.

Por naturaleza podríamos inclinarnos por la rentabilidad, el incremento en nuestro bienestar individual, y la estabilidad, pero a veces eso podría implicar el apoyo a empresas o causas que no van con nuestros principios o ideales.

El código moral depende en gran medida de la perspectiva individual de cada persona. Lo que para una persona puede parecer algo correcto, para otra puede ser totalmente inaceptable.

Hay quienes piensan que, si algo es legal, está bien, y otros que creen que lo correcto va más allá de las leyes. Cada uno de nosotros creció en ambientes con valores distintos, y eso hace que no haya una sola perspectiva de lo que es correcto. Por eso, al final, invertir es una decisión personal que refleja quién eres y qué te importa.

Invertir no solo significa poner dinero a trabajar y esperar retornos favorables, sino también refleja nuestra ética, valores y principios.

Antes de buscar ganancias rápidas, hay que reflexionar en que estamos invirtiendo, que estamos financiando y el impacto que aquello pueda tener en la sociedad, recordando que las inversiones más favorables no son sólo las que dan el mayor rendimiento, sino las que se construyen con propósito, paciencia, constancia y coherencia.

Las inversiones clasificadas como ESG, por sus siglas en inglés Ambiental, Social y de Gobernanza, son inversiones que no sólo se centran en el rendimiento financiero, sino también toman en cuenta el impacto ambiental y ético en el medioambiente y la sociedad.

Estas inversiones son promovidas entre quienes buscan apoyar de forma consciente a través de su inversión.

Empezar a invertir desde temprano no sólo permite aprovechar la capitalización a largo plazo, sino también ayuda a que, con el tiempo, podamos crear nuestro propio criterio, moldear ese perfil de inversor y tener certeza de que cada decisión financiera aporta al tipo de futuro que queremos construir.

Este artículo contó con la colaboración de Daniel Partida, Juan Carlos Valencia y Claudia Mendoza, alumnos del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey.

La autora es Profesora e Investigadora del Departamento de Contabilidad y Finanzas del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey. Adscrita al Centro de Investigación FAIR Center for Financial Access, Inclusion and Research del Tecnológico de Monterrey y coautora del libro Cultura Financiera: Mi dinero, mi futuro.

También lee:

whastapp