En los últimos meses, la evolución del comercio exterior mexicano ha mostrado señales contradictorias que reflejan tensiones estructurales derivadas de la política comercial errática de nuestro vecino del norte.
A pesar de que el país registró un superávit comercial de 1,029 millones de dólares en mayo de este año, este resultado no debe leerse como señal de fortaleza todavía. Por el contrario, por un lado, cuando se observa con detenimiento la composición de las exportaciones, y por otro lado las recientes cifras de empleo, emergen signos de alarma para la recuperación económica en la segunda mitad de este año.
Durante mayo, las exportaciones totales disminuyeron 0.4 por ciento anual. Este retroceso se explica en gran medida por la caída de 35.2 por ciento en las exportaciones petroleras, mientras que las no petroleras, que representan el 96 por ciento de las exportaciones totales, avanzaron solamente 1.8 por ciento.
Dentro de estas últimas, las exportaciones automotrices, que constituyen uno de los pilares de nuestro comercio exterior, cayeron 9 por ciento, con una reducción del 10.3 por ciento hacia Estados Unidos y del 0.8 por ciento hacia otros países.
Estas cifras son consistentes con el endurecimiento de las condiciones comerciales internacionales, particularmente en sectores como el automotriz, donde nuevas medidas arancelarias impuestas por socios estratégicos —especialmente en el marco de disputas por reglas de origen o contenido regional— han afectado negativamente a la industria nacional.
Las exportaciones de bienes manufactureros distintos a los automotrices mostraron un avance modesto (7.4 por ciento anual), pero no compensan el rezago de los sectores más dinámicos en años anteriores.
Este debilitamiento del frente exportador coincide con un fenómeno preocupante en el mercado laboral: la pérdida de más de medio millón de empleos en el sector industrial.
De acuerdo con las cifras más recientes de los Indicadores de Ocupación y Empleo que publica el INEGI, las actividades secundarias, que incluyen manufactura, minería, construcción y energía, registraron en mayo una caída anual de empleo del 3.52 por ciento, esto es más de 540 mil empleos.
La contracción industrial tiene un efecto directo en el empleo formal, especialmente en regiones altamente integradas a las cadenas globales de suministro. Estados con fuerte vocación manufacturera han resentido la disminución en las órdenes de exportación y la caída en la inversión en bienes de capital, que en mayo retrocedieron 15.0 por ciento anual, reflejando adicionalmente menor gasto en maquinaria y equipo.
Derivado de lo anterior, el sector laboral informal creció respecto al mismo mes de mayo del 2024. En este año tenemos 32.9 millones de personas laborando en la informalidad esto es casi 55 por ciento de la Población Ocupada. Por un lado, el empleo formal se disminuye y por otro lado la informalidad crece.
Este panorama contrasta con el comportamiento del Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), que también dio a conocer el INEGI para el mes de abril.
El IGAE registró un crecimiento anual del 1.4 por ciento, impulsado principalmente por los servicios (actividades terciarias), que crecieron un 2.2 por ciento de manera anual. Sin embargo, al desagregar los datos se confirma una economía con dos velocidades: mientras que los servicios financieros, técnicos y educativos presentan dinamismo, la industria nacional de transformación retrocede (0.7 por ciento anual).
En conjunto, los datos que tenemos apuntan hacia una preocupante caída con mayor profundidad del sector productivo de México. La gran dependencia industrial que tenemos del sector exportador —como la industria automotriz— y nuestra limitada diversificación industrial, debilitan la capacidad del país para sostener una recuperación económica para la segunda mitad del año.
Además, la combinación de caída en las exportaciones clave, la contracción industrial y la pérdida de empleos apunta a un riesgo inminente de mayor desaceleración económica. Recordemos que la recuperación de la economía es mucho más lenta que la caída de la misma.
La pérdida de dinamismo en las exportaciones no solo tiene implicaciones comerciales, sino también fiscales y laborales.
Con menores ingresos provenientes del comercio exterior y una base tributaria débil, el Estado enfrentará más restricciones para sostener la inversión pública y los programas sociales que, aunque han sido previstas en el Plan México, no hay claridad aún de la implementación de dicho plan. Por su parte, el mercado laboral podría continuar erosionándose, afectando la demanda interna de bienes y servicios.
Estamos terminando la mitad de este 2025 y creo que la agenda política de Claudia Sheinbaum ha sido principalmente dictada por las ocurrencias del presidente Trump, por el desastroso inicio de la reforma del Poder Judicial, y por la interminable lucha contra la inseguridad y violencia en el país.
Es decir, estos primeros seis meses han reflejado una política reactiva e inercial del sexenio anterior. Creo que a la presienta Sheinbaum se le agota el tiempo para marcar con un sello personal su sexenio, que está a menos de seis meses de cumplir un año.




