Monterrey

Pablo de la Peña: Pruebas PISA, para reflexionar

Pero antes de cuestionar o criticar los resultados de dichas pruebas, vale la pena revisar los datos.

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Pablo de la Peña Sánchez

La reciente publicación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico sobre los resultados de las pruebas PISA del 2022 han dado mucho de qué hablar, analizar y criticar. Mientras que en algunos países sus líderes rechazan los resultados de la prueba, argumentando que son “neoliberales y por eso no las toman en cuenta”, en otros lugares las utilizan para revisar, analizar y redefinir estrategias para mejorar sus sistemas educativos.

Pero antes de cuestionar o criticar los resultados de dichas pruebas, vale la pena revisar los datos. Primero que nada ¿qué sabemos sobre las pruebas PISA? ¿qué miden? ¿y qué resultados hemos tenido? PISA quiere decir “Program for International Student Assesment” y básicamente los que hace es aplicar pruebas estandarizadas para evaluar habilidades y conocimiento de los estudiantes de 15 años en tres áreas: matemáticas, comprensión de lectura y ciencias.

En el portal de la OCDE/PISA podrán encontrar más información detalladas sobre las pruebas, el tipo de prueba, ejemplos de preguntas, y una base de datos bastante detallada sobre los resultados desde el año 2000 para el caso de la prueba sobre comprensión de lectura, desde el 2003 para la prueba de matemáticas y desde el 2006 para la prueba de ciencias. En el 2022, en México tomaron la prueba 6,288 jóvenes de 15 años y obtuvieron 395 puntos promedio en la prueba de matemáticas, 415 puntos promedio en la prueba de comprensión de lectura, y 410 puntos promedio en la prueba de ciencias.

Tristemente creo que no nos extraña que México siempre esté por debajo del promedio en las tres pruebas comparativamente con el resto de los países de la OCDE. Es importante resaltar que el promedio de la OCDE en las tres pruebas cayó en el 2022 respecto al 2018.

En la prueba de matemáticas el promedio de la OCDE cayó del 2018 al 2022, 15 puntos, en comprensión de lectura cayó 10 puntos, y en la prueba de ciencias el promedio de la OCDE cayó solo 2 puntos. México también tuvo caídas, estas fueron: 14 puntos, 5 puntos y 9 puntos respectivamente en matemáticas, comprensión de lectura y ciencias.

Entre estos dos años, de los 38 países que aplican las pruebas solamente Japón y Corea tuvieron resultados superiores al 2018 en la prueba de matemáticas, el resto de los países cayeron. Las caídas más grandes en la prueba de matemáticas fueron de Islandia con 36 puntos, Noruega 33 puntos, Polonia 27 puntos, Holanda 27 puntos y Alemania 25 puntos.

En la prueba de comprensión de lectura nuevamente Japón tuvo mejores resultados en el 2022 respecto al 2018, seguido de Italia, Israel y Corea, y el resto (32 estados) tuvieron caídas nuevamente (Luxemburgo y España no tomaron la prueba). La caída más dramática en la prueba de comprensión de lectura la tuvo nuevamente Islandia con 38 puntos, seguido de Finlandia con 30 puntos, Eslovenia cayó 27 puntos y Holanda cayó 26 puntos.

Es interesante que en la prueba de ciencias hubo 15 países que tuvieron mejores resultados al 2018, iniciando la lista nuevamente con Japón; y por su lado Chile no tuvo cambio, pero hubo 21 países con resultados menores al 2018; nuevamente Luxemburgo no tomó la prueba. La caída más grave en la prueba de ciencias la tuvo nuevamente Islandia con 28 puntos, seguido de Holanda con 15 puntos, Noruega 12 y Finlandia 11 puntos.

Podríamos decir que, considerando los resultados promedio de todos los países y la caída en los resultados de las tres pruebas de países que comúnmente son considerados “potencias en educación”, hay claramente un efecto “covid-19″ en esta generación que presentó la prueba en el 2022.

Ahora bien, a pesar de que la caída en puntos en los resultados de las tres pruebas para México son menores que en mucho de esos países desarrollados, hay una brecha grande en los resultados históricos. En la prueba de matemáticas, México tiene un rango entre 75 y 80 puntos menos que el promedio de la OCDE desde el 2009, y en el 2022 nos ubicamos en el lugar 36 de 38 países.

En la prueba de comprensión de lectura, el rango que tenemos de diferencia respecto al promedio de la OCDE es entre 60 y 70 puntos menos desde el 2009 al 2022. Y en el 2022 nos ubicamos en el lugar 36 de 37 lugares (España no aplicó la prueba) y solamente Colombia tuvo menos puntos que nosotros.

Finalmente, en la prueba de ciencias, el rango de diferencia que tenemos por debajo del promedio de la OCDE es entre 68 y 82 puntos desde el 2009; pero seguimos ocupando el lugar 36 de 38 países. Es decir, no importa que todos los países haya tenido menos puntaje en el 2022 que en el 2018, y que la caída en el promedio obtenido por nuestros jóvenes en México en el 2022 haya sido menor que muchos países potencia en educación, claramente, tenemos que hacer algo urgente en nuestro sistema educativo en el país, pues de manera consistente ocupamos los últimos lugares en este grupo de países.

Nos guste o no, estos datos nos dicen que nuestros jóvenes no tienen la misma capacidad que el promedio de este grupo de países, en comprender lectura, en resolver problemas complejos, en pensar de manera crítica y en comunicarse efectivamente. Estos resultados nos debe llevar a cuestionar las deficiencias que tenemos en nuestras instituciones de educación, tanto públicas como privadas, sin duda deberá haber diferencias entre grupos de jóvenes de un sector y otro, pero también deberá haber excepciones.

Estos resultados nos deben llevar a cuestionarnos si la estrategia que tenemos en el proceso enseñanza-aprendizaje es la adecuada, si la calidad de la infraestructura educativa, como aulas y espacios de aprendizaje complementarios, son adecuados y suficientes; si nuestros programas de estudio son pertinentes y si nuestro cuerpo docente está preparado de manera adecuada.

Por alguna razón, que no ahondaré aquí, la presente administración de López Obrador rechazó la reforma educativa, y si bien no era perfecta si era necesaria para dar pasos hacia el mejoramiento de un sistema educativo que claramente no valora el desarrollo potencial de nuestros jóvenes, y mucho menos valora el desarrollo intelectual e individual que son pilares para una sociedad más justa y comprometida.

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