Bruce Springsteen: el trovador de la clase obrera de EU
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Bruce Springsteen: el trovador de la clase obrera de EU

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Bruce Springsteen: el trovador de la clase obrera de EU

bulletEl autor de 'Born in the U.S.A'. representa a una clase trabajadora; en buena medida, su mensaje tiene que ver con los derechos de una forma de vida: la de clase obrera.

Rosario Reyes
14/12/2018
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Entre la vida pública y sus obsesiones personales, Bruce Springsteen ha narrado la historia reciente de Estados Unidos.

Su ruta musical quedó trazada en tres discos tempranos: Nebraska, de 1982, contiene los demos de canciones protagonizadas por oscuros personajes, como asesinos y outsiders. Con Born in the U.S.A., de 1984, su álbum más exitoso, enfrentó públicamente al republicano Ronald Reagan, quien había incluido en su campaña de reelección presidencial el tema que le da título al disco. Y el introspectivo Tunnel of Love, de 1987, que él mismo definió como una serie de canciones “sobre hombres y mujeres”.

“Lo que sucede con artistas como Bruce Springsteen es que hace mucho abandonaron la idea de que posicionarse políticamente es poner en riesgo sus carreras”, dice el músico y productor Alonso Arreola.

“En el fondo representa a una clase trabajadora, por eso la base de seguidores que creció con él desde New Jersey hacia todo Estados Unidos fue tan sólida. En buena medida, su mensaje tiene que ver con los derechos de una forma de vida: la de la clase obrera”.

En un discurso de 1984 en Nueva Jersey, Ronald Reagan afirmó que el futuro de Estados Unidos estaba en los jóvenes y en el mensaje de esperanza de las canciones de Bruce Springsteen. Éste le respondió en un concierto en Pittsburgh días después: “El presidente mencionó mi nombre y empecé a preguntarme cuál sería su álbum preferido. No creo que sea Nebraska”, dijo antes de cantar Johnny 99, una canción de ese álbum que habla sobre lo que un hombre es capaz de hacer cuando pierde su trabajo.

He pasado mi vida tratando de contar una historia sobre estadounidenses que intentaron hacer el bien cuando la ruta más fácil hubiera sido hacer el mal o no hacer nada; sobre una América donde todos los hombres eran reyes, una América definida por sus hombres y mujeres trabajadores, no por sus oligarcas

Antes de manifestarse políticamente, El Jefe estaba destinado al estrellato. Sólo dos años después de su álbum debut, Greetings from Asbury Park, de 1973, apareció en la portada de las revistas estadounidenses de mayor influencia. El encabezado de Time lo presentaba como “la nueva sensación del rock” y Newsweek auguraba el nacimiento de un rock star. Sin embargo, en las entrevistas que concedió a ambas publicaciones manifestaba su extrañeza al toparse con la fama.

“No entiendo de qué se trata”, le dijo a Time. En Newsweek negó ser “un fenómeno”. Cuarenta y dos años después parece haber entendido el alcance de su prestigio.

En febrero de 2017, Springsteen se disculpó en una carta (A Letter of Apology From Bruce Springsteen for Letting Trump Win) publicada en el periódico Observer, por no haber utilizado la fama para concientizar a los ciudadanos y evitar el triunfo de Donald Trump.

“He pasado mi vida tratando de contar una historia sobre estadounidenses que intentaron hacer el bien cuando la ruta más fácil hubiera sido hacer el mal o no hacer nada; sobre una América donde todos los hombres eran reyes, una America definida por sus hombres y mujeres trabajadores, no por sus oligarcas”, escribió el artista que con Born in the U.S.A. rindió un tributo a los soldados caídos en Vietnam y que en 2002 grabó The Rising, su respuesta al ataque del 9-11.

“Hablando de números, Trump ganó Wisconsin por unos 22 mil votos. Michigan por aproximadamente 11 mil. Mierda, ¿22 mil? Yo vendí un millón de copias de Human Touch... ¿11 mil? Eso es la primera de cuatro noches de un tour para mí”, se lamenta en la extensa misiva, arrepentido por no seguir a Trump en sus actos de campaña para robarle audiencia. Prometió entonces usar su popularidad para influir en las elecciones legislativas, que en noviembre pasado ganaron las fuerzas progresistas.

Antes -en abril del año pasado- Springsteen lanzó la versión digital del tema That’s what makes us great, que grabó con Joe Grushecky, en el que le dice al presidente: “nunca tuve fe en un estafador y sus secuaces”, y hace un llamado a la movilización: Depende de ti y de mí / El amor puede conquistar al odio / Sé que esto es cierto / Eso es lo que nos hace grandes.

“Es absolutamente normal que un hombre que ha hecho de los estadios la sala de su casa, entre amigos, tenga la libertad y el poder para expresarse políticamente como lo ha hecho él”, apunta Alonso Arreola. “Ha infectado positivamente a otros géneros, como el pop e incluso a artistas más inesperados, como Miley Cirus, Cher o Madonna, si ves sus comentarios en redes sociales son muy claros y hasta arriesgados. Hay que aprenderles, porque si de por sí el rock en español cada vez más adolece de un posicionamiento político y social, esperar que los artistas pop lo hagan es prácticamente un sueño imposible. Aquí hay cobardía porque se cree que se le habla a una masa que está lista para fracturarse, en vez de pensar que muchas veces estos mensajes lo que generan es unidad y una reflexión colectiva hacia el futuro”.

Aunque por encontrarse en un periodo de descanso de la gira Born in the U.S.A. rechazó participar en los megaconciertos de Live Aid que Bob Geldof organizó en 1985 a favor de Etiopía y Somalia, El Jefe ha actuado en otros eventos emblemáticos, desde el medio tiempo del Super Bowl 2009, hasta la gala benéfica del 25 aniversario del Salón de la Fama del Rock and Roll, ese mismo año.

Fue parte del concierto Hope for Haiti Now, de MTV en 2010 y el We Are One, la celebración inaugural del segundo mandato de Barack Obama en 2015. Obama le entregó al año siguiente la Medalla de la Libertad, que recibieron, entre otros, Diana Ross, Robert De Niro, Robert Redford y Tom Hanks.

“Tan estadounidense como John Wayne, Clint Eastwood y el Cadillac. Bendecido con un talento monumental como un herrero y músico, Springsteen ha mantenido su posición en la cima del mundo del rock a través de la diversidad y la integridad”, escribe Rupert Frost en su biografía The Boss, publicada en 2012.

El propio artista lanzó en 2016 su autobiografía, Born to run, en la que se basa el espectáculo Bruce Springsteen On Broadway, que mañana concluye su temporada, iniciado en octubre de 2017 en el teatro Walter Kerr de Broadway. Con capacidad para 960 espectadores, es el foro más pequeño en el que se ha presentado en los últimos 40 años y el show más íntimo de toda su carrera. Pasado mañana, Netflix estrena el documental sobre las presentaciones que ha dado allí, tres veces por semana, en las que comparte detalles de su vida: el alcoholismo de su padre, su historia de amor con Patti Scialfa -su esposa desde hace más de 30 años- o el dolor que le causó la muerte en 2011 de Clarence Clemons, su amigo e integrente de su grupo, E Street Band.

“Es una leyenda”, resume Arreola. “Su propia forma de cantar es como una suerte de sacrificio. Es un tipo que no tiene vanidad, se desgañita, da conciertos de cuatro horas y pone en riesgo su salud vocal cada noche; eso tiene que ver con su mensaje”.