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La startup donde la IA crea embriones

El sistema automatizado de Conceivable ya ha participado en el nacimiento de 19 bebés. La incógnita es si esta tecnología puede ir más lejos que la fertilización in vitro tradicional.

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Brazos robóticos Brazos robóticos equipados con herramientas de micromanipulación realizan un procedimiento de fertilización en Hope IVF en la Ciudad de México. (Fred Ramos)

En el exclusivo barrio de Polanco, en la Ciudad de México, en un edificio escondido detrás de un restaurante japonés, un elegante consultorio médico exhibía algo nuevo tras un vidrio: una línea de ensamblaje robótica de más de 5 metros y 2 toneladas de peso llamada AURA. Es un laboratorio de fertilidad impulsado por inteligencia artificial, el único sistema mecánico en el mundo capaz de realizar todos los pasos para crear un embrión humano, al menos los que pueden hacerse fuera del cuerpo de una mujer.

AURA tiene seis estaciones que utilizan brazos robóticos para manipular pipetas y cajas de Petri. Rastrea y selecciona espermatozoides, identifica óvulos de buena calidad y los fusiona para crear el cigoto. Si todo sale bien en la incubadora de AURA, ese cigoto se convertirá en un embrión y luego en un blastocisto que puede transferirse al útero de una paciente, con la esperanza de que crezca y se convierta en un bebé.

El laboratorio, creado por la startup de NY Conceivable Life Sciences Inc., recolecta esperma utilizando los mismos robots ultraprecisos que Meta Platforms Inc. y SpaceX emplean para fabricar hardware.

Su algoritmo para encontrar óvulos en el fluido folicular fue adaptado de uno creado por el gigante chino de internet Baidu Inc. Los fundadores de Conceivable también se inspiraron en la terapia con células T, una forma de tratamiento contra el cáncer que igualmente implica extraer células de un ser humano, modificarlas y volver a introducirlas.

El consultorio médico, Hope IVF, es propiedad de uno de esos fundadores. Los pacientes, alrededor de 150 participan en un ensayo clínico para establecer la eficacia de AURA, ocasionalmente se toman selfies con los robots. Cuando las máquinas trabajan con células humanas vivas, el vidrio se vuelve opaco para mantener la información privada fuera de la vista pública, mientras los técnicos monitorean el procedimiento desde una sala llena de pantallas.

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Fertilidad Chávez-Badiola (izquierda), Murray y Abram en la Ciudad de México en abril de 2025. (Fred Ramos)

Una mañana de abril, en un pasillo contiguo al laboratorio, se reunieron los fundadores de Conceivable: el presidente Joshua Abram, el director general, Alan Murray, y el director médico, Alejandro Chávez-Badiola, quien además es médico en la clínica. Ellos hablaban sobre una reciente visita de grupos clínicos y universidades de investigación estadounidenses y británicas a AURA, valorando las ventajas y desventajas de seleccionar académicos en lugar de cadenas de clínicas de capital privado como socios de lanzamiento el próximo año.

A diferencia de Estados Unidos, el tratamiento de fertilidad forma parte de la atención médica estándar en México, y el país ha experimentado un auge del turismo de fertilidad, lo que facilita relativamente iniciar ensayos con humanos. Sin embargo, el principal objetivo de Conceivable es EU. Durante la conversación, los fundadores dijeron que recientemente habían hablado con funcionarios de la Casa Blanca sobre la orden ejecutiva del Presidente Donald Trump para hacer que la fertilización in vitro (FIV) sea “drásticamente más accesible”. Un representante de la administración ofreció eliminar cualquier “telaraña” regulatoria, dijo Abram.

Conceivable busca ampliar el acceso a la atención de fertilidad reduciendo la cantidad de especialistas que requiere y aumentando la tasa de éxito de la FIV, que produce nacimientos vivos solo el 37.5 por ciento de las veces, según datos de 2022 de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. La empresa aún no publica cifras de nacimientos, pero afirma que, en ciclos individuales, sus robots prototipo pueden crear embriones que se convierten en blastocistos implantables el 51 por ciento de las veces. Eso equivale a lo que Hope IVF puede lograr de forma manual.

Hoy, dicen los fundadores de Conceivable, las clínicas de fertilidad no están satisfaciendo la demanda de personas que desean tener hijos pero no han podido concebir por sí mismas. Abram calificó a la industria como “medicina de concierge para ricos”. Las tasas de natalidad y los conteos de esperma han ido disminuyendo en todo el mundo, y la gente elige convertirse en padres más tarde. Si estas tendencias continúan, según los fundadores, la demanda de tratamientos de fertilidad solo crecerá. Una FIV más precisa y estandarizada también reduciría el número de ciclos invasivos, dolorosos y costosos de estimulación ovárica, bajando el costo y aumentando aún más la demanda. La visión es que algún día los pacientes puedan enviar sus óvulos y esperma congelados a un “superlaboratorio” lleno de AURAs supervisado por un solo embriólogo y dos técnicos. Los robots podrían crear miles de embriones al día, frente a los cientos que ese número de trabajadores de laboratorio puede producir por su cuenta.

Un técnico opera el equipo AURA.
Aura (Fred Ramos)

Hay una parte inevitablemente humana en esta planeada toma de control robótica: para convencer a inversionistas y pacientes potenciales, los fundadores, en sintonía con sus pares en inteligencia artificial, necesitan evangelizar la tecnología y hacer que su adopción parezca inevitable.

Los críticos de Conceivable argumentan que las clínicas, más que los pacientes, son las que probablemente se quedarán con las ganancias por la automatización; que podría resultar en errores replicados a mayor escala; y que enviar gametos y embriones de ida y vuelta a un superlaboratorio podría implicar daños por transporte, descongelación y recongelación más de lo necesario. Otros han expresado preocupaciones más existenciales, sobre alejar aún más a las personas del proceso de crear vida. La introducción de la IA en la FIV es “al mismo tiempo médicamente prometedora y éticamente inquietante”, escribió Sivan Tamir, del Instituto Gertner de Epidemiología e Investigación en Políticas de Salud, en un artículo de 2022. Los sistemas de IA tienen el potencial de tomar decisiones de una manera que los humanos no comprenden del todo, lo que podría conducir a “una pérdida general del control humano sobre la procreación y la continuidad de la especie humana, tal como la conocemos”.

El camino más probable para que Conceivable convenza a inversionistas, clínicas y pacientes desesperados por un hijo es persuadirlos de que los robots serán mucho mejores que los humanos para crear humanos. Tras una charla estratégica con un ejecutivo de Merck KGaA, que suministró los fármacos para el ensayo, los fundadores cenaron con Aike Ho, socia de Acme Capital. Ho firmó el primer cheque de Conceivable en 2022 y, unos años después, decidió junto con su esposa, Camilla Hermann, participar en los primeros ensayos con humanos. La última vez que Ho había visto estas máquinas, eran prototipos en Guadalajara. Esos prototipos crearon los embriones de la pareja mientras el equipo de Conceivable observaba y celebraba “como si fuera un lanzamiento de cohete”, dijo Ho.

Uno de los embriones fue transferido a Hermann, quien acompañaba a Ho en el viaje a la Ciudad de México, con 22 semanas de embarazo. Los meses siguientes distarían de ser sencillos. El embarazo tuvo que superar dudas médicas no relacionadas con la FIV, y uno de los fundadores de Conceivable enfermó gravemente. Pero en septiembre, el trabajo de los robots AURA daría como resultado el primer hijo de la pareja. “La gente debería estar tan emocionada por esto como lo estuvo por la llegada a la Luna”, dijo Ho.

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Hermann y Ho Hermann y Ho en Brooklyn. ( Lila Barth)

La fertilidad: entre la ciencia, la política y el mercado

Desde que nació el primer “bebé de probeta” en el Reino Unido hace casi cinco décadas, la FIV ha sido políticamente y socialmente controvertida, manteniéndose en los márgenes de la medicina. Durante la Administración de Bill Clinton, EU prohibió el financiamiento federal de cualquier investigación que implicara la destrucción de embriones humanos, lo que puede ocurrir durante la FIV; desde entonces, la innovación ha ocurrido principalmente en otros países o con dinero privado.

Aun así, con un estimado de 1 de cada 6 personas incapaces de concebir de manera natural y con la edad promedio de las madres en aumento, la demanda del consumidor se dispara. Se espera que el mercado global de servicios de fertilidad crezca de 64 mil millones de dólares en 2024 a 126 mil millones en 2029, según Business Research Co. En EU, grandes empresas han comenzado a ayudar a pagar la extracción de óvulos y tratamientos de fertilidad, y algunos estados han empezado a exigir a las aseguradoras que los cubran en casos limitados. La fertilidad también se ha vinculado en la conciencia pública con el crecimiento económico, especialmente entre conservadores que prefieren no ampliar la fuerza laboral mediante la inmigración. Algunos futuristas de Silicon Valley hablan de la creación de bebés junto a obsesiones como el biohacking, la longevidad y el futuro de la humanidad.

Ha surgido una serie de startups que buscan ayudar a los estadounidenses a tener bebés más sanos, por ejemplo con programas de IA que orienten planes de tratamiento, seleccionen esperma de mayor calidad o analicen genéticamente embriones. En EU y Países Bajos se exploran úteros artificiales para mantener con vida a bebés prematuros, y también se experimenta con células madre para crear células similares a óvulos o espermas a partir de sangre o piel. Inversionistas señalan que esto podría permitir crear un bebé desde casi cualquier célula; en 2022, científicos dijeron haber cultivado embriones de ratón de forma sintética, sin óvulos ni esperma.

Por ahora, al menos, la creación asistida de bebés es el terreno de las clínicas modernas de fertilidad, donde las tasas de éxito se han estancado en años recientes y el proceso para crear un embrión, incluso en los mejores laboratorios, puede ser duro tanto para el óvulo como para el esperma.

El proceso típico puede verse en el laboratorio manual de Hope IVF en la Ciudad de México, junto a la sala de los robots. El esperma se separa del semen, que con el tiempo resulta tóxico, mediante centrifugado a 100 G, una fuerza que puede dañar el ADN. Después se diluye y se observa al microscopio, donde el embriólogo selecciona un espermatozoide, lo inmoviliza con una aguja y lo aspira con una pipeta.

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Pipeta Un óvulo y una pipeta para colocar el esperma. (Fred Ramos)

En el caso de los óvulos, tras extraer el líquido folicular del ovario, el embriólogo localiza uno entre la sustancia viscosa y lo limpia aspirándolo varias veces con una pipeta. Luego perfora su membrana externa para introducir el esperma, un procedimiento delicado que equivale a la cirugía de una célula.

El proceso robótico de Conceivable integra tecnología propia con técnicas de alta gama reservadas a los laboratorios más avanzados. El esperma se separa sin centrifugado, nadando por un laberinto creado por el robot, y es seleccionado por un algoritmo y detiene su movilidad con un láser. La IA identifica los óvulos y, al fecundar, un robot guía al espermatozoide con precisión ultrasónica hasta el óvulo. “La meta es ofrecer al mejor embriólogo del mundo, cada vez”, dijo Abram.

Conceivable sostiene que los procesos de AURA son totalmente repetibles a escala microscópica, a diferencia de los humanos, que son inherentemente variables. Incluso el mejor embriólogo puede cometer errores, que no siempre se comunican a los pacientes y suelen atribuirse a un intento fallido.

El modelo financiero de muchas clínicas de fertilidad asume que los pacientes necesitarán varios ciclos de extracción de óvulos, lo que resta incentivos al éxito en el primer intento. Estos procesos son invasivos y costosos. “Eso no es ciencia, es negocio”, dijo Abram.

Conceivable afirma que la precisión de sus robots puede reducir la necesidad de múltiples ciclos. AURA realiza decenas de ajustes por segundo y congela embriones hasta 10 veces más rápido, lo que disminuye la formación de cristales de hielo. Abram comparó el control del robot con el de un clavadista olímpico, frente al de un humano que entra al agua salpicando.

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Robótico Un brazo robótico posiciona placas de Petri. (Fred Ramos)

Los fundadores destacaron que la robótica permite rastrear cada movimiento y generar datos para perfeccionar los algoritmos. “Ningún embriólogo puede decirte su ángulo exacto de ataque con una jeringa, o qué tan profundo entró en un óvulo”, dijo Abram. “Pero con la robótica podemos hacerlo todo, así que habrá un nivel de datos que nadie jamás ha imaginado”.

Aun así, no está claro que la industria quiera el nivel de estandarización que propone Conceivable. Para algunas clínicas, sus métodos son parte del atractivo. Dina Radenkovic Turner, cofundadora y CEO de Gameto, advirtió que la automatización total genera resistencia y temor entre embriólogos. Además, otros señalan que ciertos pasos del proceso requieren improvisación y no pueden estandarizarse por completo.

Los fundadores aseguran que Conceivable no busca sustituir a los embriólogos, sino ampliar su alcance mediante superlaboratorios automatizados que reduzcan costos y aumenten la capacidad. Además, permitirían enseñar a obstetras para participar en etapas clave del proceso.

Muchos coinciden en que el sistema está cediendo ante la creciente demanda. En EU hay menos de 2 mil endocrinólogos reproductivos y un número similar de embriólogos, frente a 38 mil obstetras. La escasez ha llevado a algunos laboratorios a operar bajo presión, con jornadas extendidas y recortes en seguridad. Directores de laboratorio dijeron a Businessweek que han tenido que pedirles trabajar regularmente largas jornadas y fines de semana.

Conceivable estima que automatizar solo el 5 por ciento del mercado global de fertilidad bastaría para consolidar su negocio. Abram dijo que su aspiración es haber hecho posible que millones tengan hijos; hasta mayo, 18 bebés habían nacido a partir de embriones creados por el prototipo AURA, y el de Ho y Hermann estaba en camino.

De la publicidad a la fertilidad

Abram y Murray bromeaban en 2023 con Businessweek sobre lo improbable de su perfil para fundar una empresa de fertilidad: emprendedores en serie, hombres, en sus 60 y con orígenes en la publicidad. Abram atribuyó la solidez de su relación, iniciada hace 25 años, a su “continuo de diálogo socrático”.

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Hope IVF Un técnico de Hope IVF. (Fred Ramos)

Sus primeras empresas, Integral Ad Science y Dstillery, se enfocaron en validar audiencias reales y ampliar la publicidad digital mediante algoritmos. También fundaron NeueHouse, una red de espacios de trabajo de alta gama. Integral salió a bolsa en 2021; Dstillery sigue siendo privada, y NeueHouse se declaró en bancarrota bajo el Capítulo 7 en septiembre.

A lo largo de su sociedad, Abram había sido el responsable de desarrollo de negocio; Murray, el operador. Por años compartieron un viaje en taxi desde una oficina en SoHo hasta el Upper East Side, donde cada uno vivía con sus esposas e hijos.

En 2009, a Abram le diagnosticaron cáncer y le dieron entre 6 y 18 meses de vida. Se sometió a un trasplante de células madre y a terapia celular en Memorial Sloan Kettering, lo que le dio, según dijo, “tiempo extra”. Durante ese proceso observaba el funcionamiento del hospital y lo comentaba con Murray. En 2015, Murray también fue diagnosticado con un cáncer agresivo y recibió cirugía de emergencia y siete meses de quimioterapia.

Un par de años después, Abram supo que una colega estaba congelando sus óvulos y se sorprendió al descubrir que ni siquiera sabía dónde se almacenaban. Al revisar el sitio de la clínica, vio óvulos guardados en recipientes rudimentarios, con etiquetas de papel y nombres escritos con plumón. Le inquietó la posibilidad de que alguien no pudiera estar seguro de recuperar lo que era suyo, en un contexto marcado por casos de embriones extraviados o mal etiquetados.

Abram y Murray imaginaron un modelo de almacenamiento inspirado en la computación en la nube, con óvulos distribuidos en varias ubicaciones para reducir riesgos. Esa idea los llevó a fundar TMRW Life Sciences Inc., enfocada en digitalizar el resguardo de óvulos y embriones mediante rastreo por radiofrecuencia y manejo robótico.

En ferias de robótica, Abram y Murray observaron un fuerte contraste entre la automatización de los grandes laboratorios de ADN y sangre y el rezago de la embriología. Mientras unos ya usaban robots para manipular líquidos y muestras, las clínicas de fertilidad seguían ancladas a prácticas tradicionales. Concluyeron que la robótica podía elevar el estándar de los laboratorios, impulsar la demanda y acelerar su expansión.

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Chávez-Badiola Chávez-Badiola en la Ciudad de México. (Fred Ramos)

Crear un laboratorio automatizado exigía una nueva empresa: TMRW no tenía especialistas en visión por computadora, física óptica ni mecatrónica, y estaba concentrada en vender sus servicios de almacenamiento. En un viaje a Londres, antes de la pandemia, Abram y Murray se reunieron con Alejandro Chávez-Badiola, endocrinólogo reproductivo con clínicas en Guadalajara y Ciudad de México, para explorar el software que requerirían los robots.

Cuando Abram y Murray se reunieron con Chávez-Badiola, Abram fue directo: “Nosotros tenemos los robots, ¿tu equipo puede hacerlos pensar?”. Él dijo que sí y luego volvió con sus ingenieros en Guadalajara para confirmarlo. Ellos, por su parte, aún no tenían los robots. Cuando regresaron las ferias tras los confinamientos, Murray viajó a Alemania y probó con células animales que su idea era viable: los robots podían manipular gametos y embriones con precisión y seguridad.

Para crear el laboratorio automatizado, Murray realizó una gira global en busca de pipetas digitales ultraprecisas y sistemas de posicionamiento, y consultó a expertos en semiconductores, fotónica y secuenciación genética.

Cuando la inversión se volvió personal

Ho, capitalista de riesgo de Acme Capital, sabía que quería invertir en la automatización de la embriología incluso antes de que existiera una empresa así. Le preocupaba el impacto económico del descenso poblacional y, tras haber pasado por radioterapia por cáncer de tiroides a los 24 años, asumió que la FIV sería parte de su historia personal. Eso la llevó a estudiar el sector a fondo como potencial paciente e inversionista. “Fue la investigadora más exhaustiva de todo el proceso”, dijo Louis Villalba, director general de TMRW.

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Muestras de esperma Muestras de esperma en Hope IVF. (Fred Ramos)

Tras tres años de análisis, Ho concluyó que un laboratorio automatizado era la única innovación en fertilidad realmente escalable para venture capital, aunque también detectó prácticas cuestionables en la industria. Villalba la presentó con Abram y Murray en 2022; se conocieron en San Francisco y conectaron de inmediato como sobrevivientes de cáncer. “Todos tenemos un contrato de vida bastante similar”, dijo Ho.

Tras meses de reuniones, Conceivable Life Sciences Inc. se constituyó en noviembre de 2022; un mes después, Ho firmó el primer cheque y se sumó al consejo.

Murray armó modelos de cartón del laboratorio y arrancaron con tres estaciones básicas. En 2023 comenzaron pruebas en Guadalajara con células animales. Al año siguiente, Conceivable reunió 20 millones de dólares para financiar ensayos con humanos y completar el sistema AURA, tras un proceso complicado de recaudación.

En paralelo, Ho planteó a su esposa, Camilla Hermann, participar en el experimento. Tras ver el prototipo en Guadalajara, decidieron hacerlo usando los óvulos de Ho y que Hermann llevara el embarazo. En la extracción obtuvieron 15 óvulos: cinco se fecundaron de forma manual, cinco con el prototipo robótico y cinco se congelaron.

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Ho y Hermann con su hijo Ho y Hermann con su hijo en su casa de Brooklyn en enero. (Lila Barth)

Ho y Hermann presenciaron cómo los robots inseminaban los óvulos, un momento que describieron como íntimo y simbólico. De los cinco cigotos creados por AURA, dos llegaron a blastocisto —frente a cuatro del embriólogo humano—, pero ambos recibieron la calificación más alta. Hermann quedó embarazada con uno de ellos en enero. La pareja ya le dio la bienvenida a una niña sana, convirtiéndose en las primeras pacientes estadounidenses de Conceivable con un bebé. La empresa planea salir al mercado en EU a finales de este año.

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