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Cómo una marca de aspiradoras se convirtió en un gigante de la belleza

La marca Dyson, conocida por sus aspiradoras premium, encontró en el cuidado capilar su gran apuesta.

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(Lewis Vorn)

Cuando Ben Hogan llegó a Dyson Ltd. en 2015, después de intentar diseñar la bicicleta más rápida del mundo, era un ingeniero mecánico acostumbrado a trabajar, como él mismo dice, con tuercas, tornillos y plásticos. Uno de sus primeros proyectos en Dyson no involucró sus famosas aspiradoras de alta tecnología, sino el cabello de las mujeres. Desarrolló un cable eléctrico —hoy patentado— para el estilizador Airwrap que gira junto con el aparato y soluciona el problema eterno del enredo.

A medida que Dyson ha apostado por el negocio de la belleza, con una inversión de unos 667 millones de dólares en investigación y desarrollo a lo largo de cuatro años, Hogan también se ha sumado a esa apuesta. Más recientemente se encontró tratando de prensar en frío girasoles en su cocina y debatiendo las propiedades antihumedad de varios aceites, ejercicios que le ayudaron a formular los nuevos productos capilares de Dyson, que ahora usa en su barba. “James”, como en Sir James Dyson, el inventor-fundador y director de ingeniería de 78 años, “disfruta meterse en terrenos desconocidos e intentar hacer las cosas de manera diferente”, dice Hogan, hoy gerente de diseño. “No sabíamos nada de cosméticos, pero a veces solo tienes que arriesgarte e intentarlo”.

Dyson ha intentado incursionar en otras categorías antes, incluyendo lavadoras (descontinuadas en 2005) y autos eléctricos (en 2019), pero ninguna había prosperado tanto como su improbable giro hacia la belleza. En 2016, el pionero de los electrodomésticos irrumpió con su Supersonic, una secadora de cabello de mano con un diseño futurista, un aparato de 400 dólares más ligero que los modelos convencionales, además de más silencioso, más consciente del consumo energético y, gracias a su control de calor, más cuidadoso con el cabello. Redefinió lo que una secadora podía ser y cuánto estaba dispuesta la gente a pagar por una. Después llegó otro éxito: el Airwrap de 550 dólares, un aparato todo en uno que riza, ondula, alisa y seca.

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Dyson en Malmesbury, Inglaterra. (Lewis Vorn )

Para 2023, las ventas de los productos de Dyson representaban 30 por ciento de su negocio en Estados Unidos. Recientemente, la compañía se ha adentrado aún más en la belleza, desarrollando productos de estilizado consumibles, incluyendo un aceite capilar antifrizz que aporta brillo y una crema de preestilizado cuyo ingrediente derivado de hongos, la quitina, promete fijación flexible. Lo que sigue son cuatro productos que aún no han sido anunciados y que saldrán en 2026, al menos uno probablemente elaborado con ingredientes de Dyson Farming, el proyecto de más de 10 años de la compañía por aplicar su ingeniería y tecnología a la agricultura sostenible. Actualmente, es una de las mayores empresas agrícolas del Reino Unido.

A miles de kilómetros de la sede de Dyson en Singapur está la antigua localidad rural inglesa de Malmesbury, el hogar original de la compañía, donde gran parte de su investigación e innovación ocurre hoy. Dos mil de sus 10 mil empleados trabajan en un lugar de 50 acres, repleto de guardias de seguridad que parecen proteger secretos de Estado. En este día de finales de octubre, Kathleen Pierce, jefa global de belleza de Dyson, aca-baba de tener una reunión de dos horas con Dyson sobre, dice, “los detalles más específicos”. Pierce, quien pasó casi dos décadas en Estée Lauder trabajando en fragancias y productos para el cuidado de la piel, fue contratada por Dyson en 2022 para ayudar a expandir el portafolio de belleza de la compañía.

En las empresas tradicionales de belleza, los datos de mercado y la experiencia dictan el desarrollo de productos, pero Pierce dice que su prioridad es permitir que los ingenieros apliquen pensamiento de diseño a cualquier problema del cabello y luego no estorbar. “Se trata de cuánta gente puedes poner sobre un tema que nunca ha pensado antes”, dice. “Nunca se quiere que algo desaparezca”. Su propia inmersión en el enfoque obsesivo de la compañía por el detalle incluyó pasar por más de 80 conceptos de botella para algunas de sus líneas capilares, hasta diseñar una bomba que dispensa exactamente 0.22 mililitros cada vez, para evitar desperdicio y que los usuarios no apliquen demasiado producto. “Lo que crea una gran experiencia capilar es la consistencia”, dice Pierce, señalando que aplicó cuatro dosis de la crema de preestilizado de Dyson en su cabello antes de peinarla con el Airwrap la noche anterior.

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Pierce en el centro de I+D de la empresa en Malmesbury. (Lewis Vorn )

Después de revolucionar la industria de los electrodomésticos con su aspiradora a principios de los 90, Dyson pasó más de dos décadas aplicando su experiencia en motores pequeños y eficientes a ventiladores, secadores de manos y purificadores de aire, transformando objetos cotidianos en piezas de prestigio con diseño digno del MoMA. El movimiento hacia los aparatos de cabello pudo parecer aleatorio a simple vista, pero para los ingenieros era casi inevitable. Cuando Rob Smith se presentó en 2012 para un puesto de ingeniería, asumió que trabajaría en aspiradoras. Aun así, le dijo al entrevistador que con el conocimiento de la compañía sobre el flujo de aire “sería muy obvio que hicieran una secadora de cabello”. Obtuvo el empleo y terminó como uno de los primeros cuatro ingenieros de lo que sería un equipo de 103 personas desarrollando el Supersonic.

“Cuando llegué, lo trataban como una aspiradora, pensando que cuanto más aire, mejor”, dice Smith, ahora científico principal sénior de la compañía. “Pero así es como terminas con un nido de abeja en el cabello”. Realizaron experimentos para concretar el concepto de “estilo” capilar del terreno abstracto, como colocar lentes de seguimiento ocular a voluntarios para ver qué observaban cuando se les pedía que dijeran qué tan lacio estaba el cabello de alguien. En total, la empresa invirtió cuatro años y 71 millones de dólares en diseñar el Supersonic, probando prototipos en mil 625 kilómetros de cabello y presentando más de 100 patentes.

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Productos no capilares en exhibición en la sede de Dyson. (Lewis Vorn )

El proyecto fue tan secreto que Robyn Coutts, otra ingeniera del equipo del Supersonic, dice que ni su novio, también ingeniero y sentado en el mismo cuarto, sabía en qué estaba trabajando. Los rigs, como llaman a los preprototipos, solo podían manipularse en el laboratorio; cuando había que transportarlos, los ingenieros los cubrían con tela negra.

El Supersonic se volvió un éxito instantáneo, agotándose en el sitio de Sephora a la semana de su lanzamiento en EU. También influyó positivamente que Dyson reclutara a la estilista de celebridades Jen Atkin, cuya clientela incluye a Kim Kardashian y Reese Witherspoon, no solo como vocera, sino como asesora. A los pocos meses, el Supersonic era tan omnipresente que cuando Sephora publicó su lista de más vendidos de 2016, un titular de la revista Self se limitó a decir: “Sí, esa nueva y sofisticada secadora llegó a la lista”.

Coutts dice que el Airwrap de 2018 representó una apuesta más arriesgada. La herramienta, que normalmente incluye seis accesorios, “no es tan sencilla”, dice. “No es algo que se pueda usar directa-mente sin saber cómo”. Aun así, este nuevo gadget costoso (549 dólares) fue recibido con la misma expectativa, agotándose y generando una lista de espera de más de 130 mil personas. La plancha de cabello Corrale de Dyson, lanzada en 2020, consolidó la posición de la compañía en la industria de la belleza. El Airwrap sigue siendo popular entre las celebridades —incluso apareció en el video viral de Beyoncé sobre su “wash day” el año pasado, que promocionaba sus propios productos para el cabello— y entre el público en general. Y quizás lo más revelador es que ha inspirado a varios imitadores, o dupes, como se dice en el mundo de la belleza. La secadora One-Step de Revlon, de 40 dólares, se volvió un éxito en 2020 y durante varios años encabezó las listas de productos de estilizado para el cabello más comentadas en línea. Y cuando SharkNinja lanzó su Shark FlexStyle de 270 dólares en 2022, Dyson demandó de inmediato. Las dos compañías ya llevaban años enfrentadas por patentes de aspiradoras, pero a principios de este año alcanzaron un acuerdo que resolvió los casos pendientes, y el FlexStyle continúa vendiéndose.

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Mechones de cabello para pruebas; un Airwrap en el Dyson Beauty Lab. ( Lewis Vorn )

Malmesbury tiene un laboratorio para el cabello en donde se somete a diversas pruebas. Smith, ahora científico principal sénior, contrató a un estudiante de doctorado para analizar el cabello con rayos X y estudiar su estructura a nivel nanoscópico, observando cómo el calor o la radiación ultravioleta afectan los componentes fundamentales del cabello y cómo un producto podría ayudar. Malmesbury también cuenta con dos cámaras “semianecoicas” silenciosas cuyas paredes y techos están diseñados para impedir la reflexión de ondas sonoras. Con una matriz de micrófonos, los ingenieros de sonido pueden probar qué tan molesto podría ser el ruido del aparato o qué tan satisfactorio es el clic de un botón.

Aunque Dyson, quien dejó la presidencia en 2010, no planeó convertir el cabello en un pilar de su negocio, ha mostrado interés en él desde al menos los años 60, cuando se cortaba el cabello con Leonard of Mayfair, el estilista de celebridades que le dio a Twiggy el corte que impulsó su carrera de modelo. Los empleados cuentan anécdotas interminables sobre lo involucrado que Dyson todavía está, incluyendo sugerencias sobre dónde colocar una etiqueta en una botella o si el logo se borraría al embarrarse de producto. Se lleva a casa las fórmulas capilares para que su familia las pruebe. Un portavoz declinó facilitar el contacto de Dyson con Bloomberg Businessweek.

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Una plancha de pelo Airwrap y una plancha Corrale se prueban en el laboratorio. (Lewis Vorn )

Aun así, la compañía no ha acertado con todos sus productos de belleza. En mayo de 2023 presentó el Airstrait, una plancha para cabello húmedo y seco de 500 dólares que no usa placas calientes ni calor extremo, como otros. Aunque fue un éxito de ventas en el Amazon Prime Day de 2024 y 2025, Wirecutter del New York Times lo criticó recientemente, alegando que causó daños permanentes en el cabello de una usuaria. Y hasta ahora, las cremas, sprays y sueros de Dyson no han sido sensaciones virales como sus aparatos. Larissa Jensen, asesora de la industria global de belleza en Circana LLC, dice que los consumidores evalúan estos productos con criterios distintos a los de la tecnología, incluyendo ingredientes, resultados y valor. Y, agrega, todavía no está claro si Dyson tendrá la misma ventaja en ese ámbito. La empresa espera que estos productos, que venden entre 50 y 80 dólares, funcionen como puerta de entrada para consumidores que aún no tienen algo de Dyson.

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Nuevos productos para el cuidado del cabello en la sede de Dyson. (Lewis Vorn)

Mientras tanto, la empresa seguirá adelante con su innovadora investigación. Dyson envía a sus ingenieros a un curso intensivo de peluquería de dos días diseñado para aspirantes a estilistas profesionales, y Malmesbury ahora tiene un salón-laboratorio equipado con paredes de espejos y un lavabo de estética. En cuanto a Pierce, se ha convertido en la usuaria número uno en probar sus productos. “En cuanto me traen algo”, dice, “lo primero que hago es probármelo en el cabello”.

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