Cuando los aviones descienden sobre Doha, los pasajeros pueden contemplar el nuevo estadio para 80 mil espectadores que albergará la final del Mundial de Futbol en diciembre. También notarán otra imagen llamativa: petroleros alineados en el Golfo Pérsico para recolectar gas natural licuado.
El futbol y un combustible cada vez más indispensable pueden tener poco en común, pero unidos le dan a Catar una influencia enorme en el escenario mundial. Mientras la Copa del Mundo demuestra la capacidad del país árabe para ganar prestigio internacional, su estatus como proveedor del codiciado gas promete convertir a la pequeña península en el jugador de peso que siempre aspiró ser.
El aumento de los precios del petróleo debido a la guerra en Ucrania ha beneficiado a los productores de petróleo de Medio Oriente como Arabia Saudita y Kuwait, pero las recompensas financieras y geopolíticas que puede cosechar Catar lo convierten en el notorio ganador después de que la invasión de Vladimir Putin obligó a Europa a reducir su dependencia energética de Rusia.
Varios de los más altos funcionarios de la Unión Europea (UE) han volado a Doha en las últimas semanas, todos con un mensaje claro: necesitamos su gas cuanto antes. Alemania ha instruido a las empresas para que comiencen a negociar acuerdos de suministro. La urgencia se agudizó a fines de abril luego de que Rusia cortara los suministros a Polonia y Bulgaria.
Las exportaciones energéticas de Catar ya iban a alcanzar los 100 mil millones de dólares (mdd) este año por primera vez desde 2014 según las tendencias del primer trimestre, de acuerdo con cálculos de Bloomberg. Eso le permitirá gastar aún más en los mercados bursátiles mundiales y en la consecución de sus objetivos de política exterior, principalmente a través de su fondo soberano de 450 mil mdd.
Mientras tanto, el Gobierno catarí espera un impulso económico de 20 mil mdd con la organización del Mundial de Futbol. Todo ello hace que 2022 enriquezca más al que ya es uno de los países más ricos del mundo y potencie su influencia de una manera que parecía improbable hace solo un año.
El clamor de Europa por el gas natural licuado (GNL) se produce después de que Catar iniciara un proyecto de 30 mil mdd para impulsar sus exportaciones en un 60 por ciento para 2027. La demanda adicional significa más competencia entre los compradores por contratos a largo plazo y, muy probablemente, mejores condiciones para Catar.
Antes de la guerra de Ucrania, algunos analistas dudaban de que hubiera suficiente demanda para justificar el plan de expansión. Pero ahora Catar está sondeando a los clientes sobre un crecimiento aún mayor, informó Bloomberg el 20 de abril. “Es una oportunidad increíble. Catar será uno de los exportadores de gas más importantes, un mercado que probablemente será muy fuerte en los próximos años”, expuso Karen Young, investigadora del Middle East Institute en Washington.
El cambio en la suerte de Catar
Es un gran cambio para Catar y su población de menos de 3 millones de personas. Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y sus aliados pasaron más de tres años tratando de estrangularlo económicamente por estar demasiado cerca de los grupos islamistas regionales e Irán. La pandemia tumbó el precio de los combustibles a mínimos históricos, acelerando lo que para muchos era una tendencia inevitable: la transición de los consumidores desde combustibles fósiles hacia energías renovables más limpias.
Mientras tanto, los activistas de derechos humanos critican a Catar por las condiciones laborales de los trabajadores extranjeros que construyen la infraestructura para el Mundial. Al menos 50 de ellos murieron en 2020, según la Organización Internacional del Trabajo.
Pero el tiempo pasó y los precios del gas en Europa están hoy cerca de máximos históricos; se cuadruplicaron con creces en el último año, primero cuando la demanda se recuperó de la pandemia y luego debido a la invasión rusa de Ucrania.
El emir, el jeque Tamim bin Hamad Al Thani, es muy solicitado tanto en Estados Unidos como en Europa. En una reunión en la Casa Blanca con el Presidente Joe Biden a fines de enero, semanas antes de que comenzara la guerra, los dos hablaron sobre “garantizar la estabilidad de los suministros energéticos mundiales”. Biden calificó a Catar como “un importante aliado fuera de la OTAN”, en parte como resultado de que Doha ayudó a Estados Unidos con las evacuaciones de Afganistán, aunque el gas estuvo como protagonista de sus conversaciones.
Eso contrasta con la tensión entre la Casa Blanca, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos debido a su negativa a aumentar la producción de petróleo y ayudar a bajar los precios. El país ya está cosechando los frutos de esta bonanza. La economía de 200 mil mdd crecerá 4.4 por ciento este año, la mayor tasa desde 2015, según Citigroup. El Producto Interno Bruto per cápita se disparará a casi 80 mil dólares, a niveles comparables con las Islas Caimán y Suiza.




