El Teatro del absurdo revela su coherencia
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El Teatro del absurdo revela su coherencia

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El Teatro del absurdo revela su coherencia

bulletLa Compañía de Teatro Penitenciario tiene en repertorio la obra de Samuel Beckett 'Esperando a Godot', el único montaje de la organización que han presentado los reclusos actores fuera del penal de Santa Martha Acatitla.

Rosario Reyes
04/01/2018
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¿Qué escena podría antojarse más absurda que la protagonizada esta semana por Kim Jong-un y Donald Trump? Los líderes de Norcorea y Estados Unidos –este último vía tuit- en una fálica batalla sobre quién tiene el botón más grande para desatar un holocausto nuclear. Parecía impensable que en la era global el destino de la humanidad volviera a depender de un botón (peor aún, de 280 caracteres). Y el mundo, impávido, es sólo un espectador de este show de odio.

Samuel Beckett lo anticipó hace 65 años, cuando publicó Esperando a Godot: el absurdo es la realidad. Los discursos racistas, las migraciones provocadas por las guerras, la desigualdad social subyacían en la que se considera su obra maestra.

En su pieza, publicada en 1952, el dramaturgo británico predecía también el pasmo que produce el desencanto: los protagonistas, Estragón y Vladimir, imperturbables bajo un árbol, esperan inútilmente algo o a alguien, y desconfían de quienes pasan por ahí, alterando su pequeño universo.

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Hoy el Teatro del absurdo se revela en toda su coherencia. Como lo anunció Beckett, Godot no llegará nunca; la diferencia estos días es que ya nadie lo espera. En esto coinciden creadores que recientemente han montado piezas de este género surgido hace medio siglo en Europa.

“El pesimismo trágico de Samuel Beckett es un reclamo cada vez más poderoso. A mediados del siglo XX quienes entendían perfectamente Esperando a Godot eran los condenados a muerte de San Quintín, pero tal vez ahora los condenados a muerte somos los demás, somos todos”, reflexiona el director Luis de Tavira a propósito de una de las obras clave del Teatro del absurdo.

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ACUDA
¿Qué? Esperando a Godot
¿Dónde?Penal de Santa Martha Acatitla
¿Cuándo? Sábados.
Salida, 11:00 horas, desde el Foro Shakespeare (Zamora 7, Condesa)
Localidad: $250 con transporte y guardarropa
Reserva: teatroyprision@foroshakespeare.com
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Este género surgió como colofón de la Segunda Guerra Mundial, que causó la muerte de 96 millones de personas. La desconfianza en la razón y la lógica social que marcó a Europa ante la magnitud de la tragedia estaba de fondo en el planteamiento de esta nueva dramaturgia que rompió con las estructuras anteriores: cuenta historias sin una trama convencional, protagonizadas por personajes extravagantes, para señalar cómo la lógica del poder obliga a caer en lo irracional.

“La realidad es brutal. Con el mundo como lo vemos ahora es absurdo tener esperanza, y bajo ese planteamiento, el Teatro del absurdo es lo más esperanzador. Diariamente ocurren 30 muertes violentas en este país; ¿y si mañana ya no sucede? Es tan absurdo que es una posibilidad”, advierte Itari Marta, directora de la Compañía de Teatro Penitenciario que tiene en repertorio esta obra de Beckett, el único montaje que han presentado los reclusos actores fuera del penal de Santa Martha Acatitla.

En las sociedades contemporáneas, la impavidez ha tomado el lugar de la espera. “Creo que hoy esperamos algún motivo que despierte nuestra voluntad. Una tragedia que nos afecte a todos, como ocurrió con el terremoto”, advierte la actriz.

“Puede ser que estemos esperando a alguien que nos dé tanto amor desmedido, una especie de salvador, como dice la obra, para volver a creer en algo. Pero en realidad deberíamos estimular nuestra disciplina para hacer algo por cada uno y por la sociedad. Tal vez lo que estamos esperando es que nuestra voluntad no sea egoísta, sino que piense en los demás. No sé qué estamos esperando para reaccionar”.

También la actriz Gabriela Murray, quien protagonizó el reciente montaje de La cantante calva, de Eugène Ionesco, otro pilar del Teatro del absurdo, considera que la realidad es el verdadero espacio del sinsentido.

“Si vemos al presidente que tiene nuestro país vecino, es absurdo, fuera de lugar. El común denominador de nuestros gobernantes también lo es: sus salarios en proporción a lo que gana el pueblo, dónde viven en comparación a dónde vive el pueblo... La tragedia es absurda, la gente se muere de hambre aquí, no sólo en África. Todo el tiempo vemos estas diferencias apabullantes”, señala Murray.

Ionesco era un joven dramaturgo en 1950, cuando estrenó La cantante calva, obra que se considera pionera del Teatro del absurdo. En ella hace una crítica a las convenciones sociales de la pareja, que es origen de la familia y, por tanto, de la sociedad.

“Él exhibe las arbitrariedades impuestas para justificar la discriminación y la explotación. Su recurso es alterar el lenguaje, parece que los diálogos no tienen sentido, pero sí lo tienen. Es una alegoría de que si las palabras son inconexas, los pensamientos también lo son; ¿qué nos queda entonces de humanidad, si no somos capaces de razonar?”, apunta la actriz.

Aunque para Luis de Tavira el término Teatro del absurdo resulta insuficiente para aglutinar a autores tan diversos como Ionesco, Beckett, Jean Genet o Albert Camus, admite que la categoría permite apuntar a un mismo horizonte: el cuestionamiento sobre el sentido de la existencia.

“Es un tema urgente”, sentencia.

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