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Hace un año era un indigente, hoy millones lo siguen

Jerome Jarre es mundialmente conocido por sus grabaciones difundidas a través de la red social Vine, aunque lo que muchos ignoran es que hasta hace algunos meses vivía como indigente en Nueva York. 
Nick Bilton
13 febrero 2015 15:39 Última actualización 15 febrero 2015 15:33
El estrellato de Jarre comenzó en 2013, pero hasta el verano pasado era esencialmente una persona sin hogar en Nueva York. (NYT)

El estrellato de Jarre comenzó en 2013, pero hasta el verano pasado era esencialmente una persona sin hogar en Nueva York. (NYT)

Si se menciona “ese tipo francés” a los adolescentes típicos de hoy, sabrán exactamente de qué tipo francés está uno hablando.

Jerome Jarre, le dirán, es un joven de 24 años de edad originario de Francia que se ha vuelto famoso haciendo videos cómicos de seis segundos en Vine, donde tiene 8 millones de seguidores. Los Vines incluyen a Jarre caminando hacia extraños en la calle y abrazándolos, o pasando el tiempo con su mejor amigo, una ardilla – aunque al decirlo en inglés, “squirrel”, lo pronuncia “sqiw-well” con su acento francés.

Las grabaciones de sus escenas han sido vitas más de mil millones de veces en Vine. Es tan famoso que, cuando organizó recientemente una reunión en São Paulo, Brasil, la policía antimotines fue llamada para contener a la multitud de miles de personas.

Lo que pocos adolescentes saben sobre Jarre, sin embargo, es que, aunque su estrellato comenzó en 2013, hasta el verano pasado era esencialmente una persona sin hogar en Nueva York, que dormía subrepticiamente en el piso de una oficina y usaba un letrero promocional de una empresa incipiente como cobija. Se duchaba en un gimnasio cercano, teniendo acceso a él solo porque la joven detrás del mostrador lo reconocía de sus videos, y que hurgaba en busca de las sobras de otras personas.

Jerome Jarre nació en Albertville, una pequeña localidad en la campiña francesa, y fue criado por su madre soltera, Agnès Jarre. En agudo contrate con su personaje en línea, dijo su madre en una entrevista telefónica, “el joven Jerome era tranquilo, tímido y constantemente víctima de hostigamiento. Pero siempre era feliz”.

Añadió que su hijo tenía un fiero espíritu emprendedor, lo cual lo llevó a dejar la universidad a los 19 años, contra los deseos de su madre, y partió hacia China, y luego a Toronto, tratando de iniciar una media docena de compañía que fracasaron.

“A lo largo de todo esto, sentí como si no tuviera propósito; estaba totalmente perdido”, me dijo Jarre en una entrevista reciente en su departamento cerca de Union Square en Nueva York. “Mi socio de negocios Chris Carmichael, con quien me había mudado a Toronto, me decía continuamente que encontrara mi propósito en la vida”.

Luego, un día, una extraña aplicación llamada Vine fue lanzada. Jarre la descargó por capricho y supo de inmediato que había algo ahí. Al principio, los videos de seis segundos que publicaba en Vine eran tan aburridos como los de todos los demás: una imagen de una mesa de billar, una vela titilando. Y luego una noche en un bar de Toronto, mientras estaba en el baño, sacó su teléfono e hizo un baile tonto frente al espejo.

“Para cuando regresé a mi asiento, tenía 16 'Me gusta’”, dijo. “Me asombro mucho que 16 personas a las que no conocía hubieran visto y les hubiera gustado mi video”.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que entre más tontos sus fragmentos de video, más personas los disfrutaban.

Después de su última empresa incipiente, Atendy, un servicio de planificación de eventos, fracasara en 2013, Jarre compró un boleto de autobús sencillo a Nueva York, llegando con 400 dólares a su nombre.

No tenía perspectivas de empleo, y todo lo que poseía estaba metido en dos maletas pequeñas. Hablaba un inglés entrecortado, el cual había aprendido solo principalmente escuchando el audiolibro “Crush It!” de Gary Vaynerchuk, sobre cómo convertir un pasatiempo de redes sociales en un negocio.

A diferencia de otros veinteañeros que llegan a la ciudad en busca de realizar un sueño, Jarre no pensaba que necesitara un servicio becario, o incluso un lugar para vivir, para triunfar. Todo lo que necesitaba era un Smartphone con una cámara al frente.

“Me despertaba cada mañana y pasaba todo el día en la calle haciendo Vines”, dijo. “La mayoría de los días terminaba con un Vine grandioso, pero algunos días terminaba el día sin nada que publicar”.

Su trabajo duro pronto rindió frutos, aunque no necesariamente en términos monetarios. Un video que publicó preguntando “¿por qué todos le temen al amor?” se volvió viral, y le pidieron que apareciera en el programa de entrevistas “Ellen”.

Su cuenta de Vine empezó a acumular seguidores por decenas de miles cada día. Luego llegó a un acuerdo con Vaynerchuk, del audiolibro que había escuchado, para iniciar una agencia publicitaria que se enfocara en las estrellas de Vine.

“Le tomó siete minutos convencerme de iniciar una agencia con él”, dijo Vatnerchuk. “Él entendía de Vine, Snapchat e Instagram en una forma en que nadie más lo hacía”.

A partir de ahí, todo creció como una bola de nieve.

Una forma de describir la vida de Jarre ahora es pensar en los Beatles en los años 60, cuando montones de mujeres gritaban al solo ver a la banda.

Eso quizá parezca una exageración, pero cuando dio un paseo con él por Union Square la semana pasada, fue detenido por adolescentes que gritaban rogando tomarse un autorretrato con el francés de 1.90 metros de altura. Algunas chicas lloraron; otras proclamaron que “no podían respirar” simplemente por verlo. Durante una vuelta al parque, fue detenido más de 50 veces.

Lo que hace que Jarre sea tan amado por sus fanáticos (le gusta llamarles “amigos”, diciendo que “fanáticos” suena demasiado jerárquico) es que es incesantemente positivo. Rara vez hay una foto o video de él en el cual no esté sonriendo de oreja a oreja. Los mensajes que expone – en ocasiones en videos, otras veces todo en mayúsculas – están destinados a inspirar a los niños que han sido hostigados o son inseguros.

“Pasa tu vida haciendo cosas extrañas con personas raras”, tuiteó recientemente.

En otro tuit dijo: “La mejor manera de multiplicar tu felicidad es compartirla con otros”.

Aunque estas misivas podrían parecer quijotescas a los adultos, los adolescentes las devoran. Durante una de nuestras reuniones, Alexis, una joven adolescente con calcetines dispares y cabello rosado, corrió hasta Jarre y le rogó que fuera al baile de graduación con ella.

“Lo veo con admiración en todos sentidos”, me dijo. “Es mi mejor amigo”.

El fondo de su Smartphone era una cita de él.

Después de hacer una pausa de la agencia publicitaria que ayudó a iniciar, apartarse de Vine, y viajar por unos meses, Jerome regresó a Nueva York el 31 de diciembre, esta vez con objetivos más grandiosos de ganar un millón de dólares.

Recientemente, inició una especie de espectáculo en Snapchat bajo su cuenta personal JeromeJarre, que es parte un programa de entrevistas, en parte un proyecto de arte y en parte una charla motivacional para sus millones de seguidores. Robert de Niro, quien grabó su primer video de Vine con Jarre durante el Festival Cinematográfico de Tribeca el año pasado, y se asombró por la atención que atrajo, está ofreciendo espacio de oficinas para el programa de Snapchat. Una mera mención de algo en su canal de Snapchat puede volverse rápidamente un tema de tendencia mundial en otras redes.

En un viernes reciente, Jarre desafió a quienes lo estaban viendo a dejar de tratad de tomar autorretratos perfectos en línea, y publicar más bien autorretratos feos. Para el final del fin de semana, había más de 120 mil autorretratos feos etiquetados con su nombre o el hashtag #UglySelfieChallenge.

“Todos están buscando un propósito en la vida”, dijo mientras caminaba por Nueva York. “La razón de que todos vayamos al cine, o entremos a Internet, es porque no hemos encontrado un propósito todavía. Siempre estamos preguntándonos por qué estamos aquí. Pero he aprendido que tenemos que crear ese propósito para nosotros mismos”.

Cuando le pregunté si finalmente había encontrado su propósito, se mostró tímido por primera vez. Luego, una adolescente se acercó corriendo y le dio un abrazo sofocante.

“Mi propósito”, dijo, “el cual finalmente encontré gracias a las redes sociales, es ayudar a todas estas personas a encontrar su propósito”.