Ayudaron a Facebook con más que 'likes' y ahora alertan sobre la red social
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Ayudaron a Facebook con más que 'likes' y ahora alertan sobre la red social

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Ayudaron a Facebook con más que 'likes' y ahora alertan sobre la red social

Desde inversionistas hasta exdirectivos de la compañía advierten que la red social está generando adicción entre los usuarios, además de que amenaza la salud pública, la democracia y tiene un gran poder de influencia sobre las personas.

Redacción
12/12/2017

Ellos eran amigos de Facebook y le daban más que likes, pero ahora advierten sobre las consecuencias que la red social está dejando en la salud de los usuarios, así como en la sociedad.

Facebook explota una “vulnerabilidad en la psicología humana” para crear adicción entre sus usuarios, dijo Sean Parker, el primer presidente de la compañía, en un foro público en noviembre.

Y Roger McNamee, uno de los primeros inversionistas tanto en Facebook como en Google, escribió en un artículo de opinión publicado en agosto en el USA Today que ambas compañías “amenazan la salud pública y la democracia”.

McNamee confiesa también, en su opinión, que se benefició enormemente de su inversión en la red social, además de que fue uno de los primeros asesores del equipo de Facebook, pero ahora “está aterrado” por el daño que están causando estos “monopolios de Internet”.

Facebook, Google y otros explotan la naturaleza humana, creando comportamientos adictivos que obligan a los consumidores a buscar nuevos mensajes, responder a las notificaciones y buscar la validación de tecnologías cuyo único objetivo es generar beneficios para sus propietarios”, indicó en su artículo titulado “Invertí en Google y Facebook. Ahora me aterrorizan".

Incluso da más argumentos que podrían aterrorizar a cualquiera, ya que compara a la red social con drogas.

“Lo que no reconocen es que sus productos no hacen que los consumidores sean más felices o más exitosos. Al igual que los juegos de azar, la nicotina, el alcohol o la heroína, Facebook y Google -principalmente a través de su filial de YouTube- producen felicidad a corto plazo con graves consecuencias negativas a largo plazo. Los usuarios no reconocen las señales de advertencia de la adicción hasta que sea demasiado tarde”, advierte.

Y para respaldar sus argumentos, el inversionista citó un estudio de 2013 que revela que los consumidores revisan sus teléfonos inteligentes 150 veces al día, aunque esa cifra probablemente haya crecido.

Además, los usuarios pasan 50 minutos al día en Facebook, a lo que se suma el tiempo en otras aplicaciones sociales como Snapchat, Instagram y Twitter.

Además advierte a los usuarios lo siguiente. “las grandes compañías de Internet saben más sobre ti que lo que tú sabes de ti mismo, lo que les da un gran poder para influenciarte, para persuadirte de que hagas cosas que sirvan a sus intereses económicos”.

Días después, McNamee escribió otro artículo para The Guardian, en el que argumentó que Facebook y Google han utilizado “técnicas de persuasión que fueron desarrolladas por propagandistas y la industria de las apuestas", combinándolas con la tecnología moderna para maximizar sus ganancias al presentar “incitaciones de temor e ira” y otros materiales que refuerzan las burbujas de filtros y el comportamiento adictivo.

Y señaló que Facebook tiene 2 mil millones de usuarios activos en todo el mundo, mientras que YouTube alcanza los 1.5 mil millones. Estos números son comparables con el cristianismo y el Islam, respectivamente, lo que da a Facebook y Google una influencia mayor que la mayoría de los países del Primer Mundo.

Chamath Palihapitiya, un ex vicepresidente de Facebook que se integró a la compañía en 2007, se sumó el mes pasado a las críticas con un discurso en la Facultad de Economía de Stanford, donde dijo que se siente “tremendamente culpable” por ayudar a crear herramientas que han incrementado las divisiones sociales. Le pidió a la gente que se tome un descanso de las redes sociales.

Facebook, en un comunicado vía email, dijo que “trabaja duro para mejorar” y resaltó que no es la misma compañía que era hace seis años, cuando Palihapitiya trabajaba ahí.

“Hemos realizado mucho trabajo e investigación con expertos externos para entender los efectos de nuestro servicio en el bienestar, y los estamos utilizando para informar a nuestro desarrollo de producto”, de acuerdo al comunicado de la empresa. “Estamos dispuestos a reducir nuestro margen de ganancias con tal de garantizar que se realicen las inversiones adecuadas”.

No todos los primeros inversionistas se expresaron en contra. El cofundador de LinkedIn, Reid Hoffman, reconoció en una entrevista sus preocupaciones por la manera en que los sistemas de redes sociales están provocando lo que definió como un “comportamiento ligeramente adictivo”. Pero, añadió, “que lo mismo se puede decir de la televisión y del azúcar”.

Ha sido un año complicado para la industria tecnológica, especialmente para las compañías de redes sociales. Inició con las preocupaciones sobre las noticias falsas y las “burbujas de filtros” que pueden proteger a las personas de encontrar en sus búsquedas cosas ajenas a sus creencias.

Siguió con la presión para frenar el troleo y el acoso en Facebook y Twitter, y culminó con las audiencias ante el Congreso por el supuesto uso de sus plataformas por parte de agentes rusos para interferir en las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos.
Desde luego que todo eso ocurrió al ritmo de los tuits del presidente Donald Trump, quien utilizó el servicio para elogiar a sus aliados y arremeter contra sus rivales, a menudo de forma incendiaria.

Pero el episodio menos placentero pudo haber venido de tres personas que ayudaron a la creación de Facebook. A principios de noviembre, Parker le dijo al portal noticioso Axios que Facebook se construyó para responder a la pregunta: “¿Cómo consumimos la mayor parte posible de tu tiempo y atención consciente?”. Dijo que los comentarios, me gusta y reacciones “son un ciclo de retroalimentación a la validación social que explota la manera cómo funciona el cerebro humano”.

Con información de The Guardian, USA Today y AP

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