Sociedad

Intolerancia religiosa de católicos en Guerrero 

40 familias de indígenas Na`saavi fueron expulsadas de su comunidad por profesar la religión cristiana, por lo que solicitaron al gobierno guerrerense un terreno de 12 hectáreas para establecerse. 
Enrique Villagómez / Corresponsal
13 julio 2014 20:12 Última actualización 13 julio 2014 20:25
Cochoapa El Grande, tiene una población superior a los 16 mil habitantes que en su gran mayoría son de origen indígena. (Archivo/Cuartoscuro)

Cochoapa El Grande, tiene una población superior a los 16 mil habitantes que en su gran mayoría son de origen indígena. (Archivo/Cuartoscuro)

CHILPANCINGO.- Habitantes indígenas del municipio de Cochoapa El Grande, que se ubica en la montaña de Guerrero, se quejaron de la intolerancia religiosa que sufren en su comunidad, solo por profesar una religión distinta a la católica.

Una comisión de indígenas Na`saavi, solicitaron al gobierno de Guerrero ayuda para adquirir un terreno de 12 hectáreas, donde planean fundar una nueva comunidad que pueda ofrecer vivienda a unas 40 familias que prácticamente “han sido expulsadas” de la cabecera municipal de Cochoapa El grande, por profesar la religión cristiana.

“Este problema lo venimos sufriendo desde el 2009, cuando nos quemaron nuestra iglesia y golpearon a varios de nuestros hermanos cristianos. En ese entonces nos ayudó el subsecretario de asuntos religiosos del gobierno estatal y las cosas se tranquilizaron un poco”, recordó Bonifacio Ortiz Vázquez, uno de los afectados.

Cochoapa El Grande, forma parte de los municipios de la montaña de Guerrero, y se ubica a unos 282 kilómetros de Chilpancingo. Tiene una población superior a los 16 mil habitantes que en su gran mayoría son de origen indígena.

El representante de los indígenas Na`saavi, asegura que se encuentran segregados del resto de la comunidad católica, al grado de que no pueden ni siquiera sepultar a sus muertos en el panteón municipal y los niños son víctimas constantes de burlas y agresiones por parte de sus compañeros y los maestros no dicen nada.

“Hace seis años el municipio nos apoyó para comprar un terreno de una hectárea y nosotros cooperamos para adquirir otra, pero no es suficiente porque nuestras familias viven hacinadas y tampoco tenemos calles o servicios”.

Bonifacio Núñez, reseño que los problemas comenzaron cuando se negaron a cooperar económicamente para la celebración de las fiestas patronales, debido a que son muy costosas y las familias cristianas tenían que endeudarse para poder cumplir. Posteriormente los padres tenían que contratarse como jornaleros migrantes en los campos del norte de país para poder pagar esas deudas y dejaban abandonados a sus hijos.

“Eran deudas de hasta 90 mil pesos por la compra de pirotecnia, reses y bebidas. Sabemos que es parte de nuestras costumbres, pero se convertían en cuentas impagables para nuestra familias”.

Aclaró que siempre han manifestado su disposición para participar en comités escolares o de las autoridades comunitarias, pero no en las festividades porque representan mucho dinero, subrayo.