Retrato Hablado
entrevista
Luisa Alcalde, diputada

“El trabajo legislativo puede ser decepcionante”

Luisa Alcalde Luján es la hija menor de Bertha Luján y Arturo Alcalde Justiniani ambos chihuahuenses, izquierdistas, defensores de los derechos de los trabajadores...
María Scherer Ibarra
06 octubre 2016 22:13 Última actualización 07 octubre 2016 5:0
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Luisa Alcalde Luján es la hija menor de Bertha Luján y Arturo Alcalde Justiniani, ambos chihuahuenses, izquierdistas, defensores de los derechos de los trabajadores. Se conocieron en alguna reunión del Frente Auténtico del Trabajo. Años después, en la sede del FAT –un edificio en La Raza– sus niñas jugaban con los hijos de los sindicalistas todos los fines de semana. Ahí se hicieron familiares términos como marcha, manifestación, huelga de hambre.

-No suena muy divertido…

-No te creas. En esa época hicimos grandes amigos que conservamos.

Bertha y Luisa, de un año de diferencia, siempre han sido uña y mugre. Estudiaron en las mismas escuelas desde preescolar hasta la universidad y eligieron la misma carrera, derecho. “Compartimos vida”, agrega Luisa.

Entre semana asistían a Decrolí, una escuela activa de la colonia Roma que sin duda moldeó el carácter e influyó en los valores y las creencias de Luisa Alcalde. Recibió una educación liberal, enfocada a la apreciación de las artes y, sobre todo, a la autogestión. Se estimulaba a los niños a opinar, a tomar decisiones individuales y también colectivas, en una asamblea general que tenía lugar una vez por semana. Cada año se elegían a los líderes de las asambleas.

Las hermanas volvían a casa en una ronda, porque sus padres trabajan casi toda la jornada y no podían recogerlas. Durante el día quedaban a cargo de Aurora, la mujer que las cuidó desde su nacimiento.

Para la preparatoria, se cambiaron al Colegio Madrid. Andrés Manuel López Obrador había ganado la Jefatura de Gobierno del DF y había invitado a Bertha Luján, conocida hasta entonces por su activismo en la lucha contra el TLC y su participación en el FAT, como contralora general de su administración.

Un año después, las Alcalde viajaron a Inglaterra para rellenar un hueco en su formación: no hablaban inglés. En Cambridge, aprendían el segundo idioma por las mañanas y Luisa trabajó en un Burger King por las tardes. Poco después tuvo que optar por una de las dos carreras entre las que dudaba: derecho o actuación.

Aprobó el examen de la UNAM y entró a la facultad. Al mismo tiempo hizo un curso propedéutico en la Casa del Teatro, en Coyoacán. El enamoramiento que experimentan miles de sus alumnos con la UNAM la ayudó en alguna medida a resolver su conflicto: “Me impresionó la facultad; y conocí gente que vivía realidades totalmente opuestas a la mía, al contrario de lo que ocurrió en la primaria o en la prepa. La UNAM es otro mundo. Había personas increíbles que estudiaban en el día y en la tarde vendían ropa en el mercado para sostenerse; había quienes perdían tres horas de ida y tres de vuelta en el transporte para llegar a clase. En todos los casos, era gente muy comprometida con sacar adelante su carrera”.

La balanza terminó de inclinarse hacia las leyes porque 2006 fue precisamente su año de ingreso a la universidad. “El país discutía si había sido democrático o no”. Los fines de semana, Luisa iba al plantón de López Obrador en el Zócalo. Cooperaba en el acopio de alimentos o en la organización de actividades recreativas. En la facultad, discutía con sus maestros, “muchos reaccionarios de primera que odiaban a Andrés Manuel, odiaban el plantón y odiaban todo lo que tuviese que ver con siquiera levantar la voz en contra de la elección. Los alumnos contestábamos: será el sereno, pero que se recuente”.

Mientras terminaba la licenciatura, trabajó como becaria en el Instituto de Investigaciones Jurídicas y en el Juzgado 69 penal de Santa Marta Acatitla, que le cambió su visión de la justicia. Más adelante, cuando Morena cerraba filas para que su candidato presidencial se desquitara en la elección de 2012, Luisa Alcalde fue la protagonista del video fundacional del Movimiento de Regeneración Nacional. Iba, entre otros jóvenes, a bordo de un camión blanco. Ella era la bellísima morena que tarareaba y bailaba la pegajosa canción del movimiento.

El video la hizo visible y López Obrador la invitó a partir de entonces a que encabezara a la juventud morenista y como tal tuviera un asiento en el Comité Ejecutivo Nacional. Antes de eso, Alcalde no había dado un discurso en su vida; sin embargo, recorrió el país en campaña y después de ese fogueo intensivo, se convirtió en diputada plurinominal por Movimiento Ciudadano.

-¿Abandonaste el teatro?

-Sí, pero no… Ahí sigue la espinita.

Alcalde fue la única representante de Movimiento Ciudadano en la Comisión del Trabajo. Aquella, dice, “fue una experiencia frustrante, a pesar del gran aprendizaje que obtuve”. Cuenta, orgullosa, los escasos logros que conquistó en la diputación, como haber puesto candados a la subcontratación. “La Cámara puede ser muy decepcionante porque después de haberle dedicado muchísimo tiempo y esfuerzo a una iniciativa, es posible que no sólo no sea aprobada, sino que ni siquiera se discuta en comisiones. Realmente es traumático que tu trabajo jamás vea la luz”.

Algo así sucedió con su propuesta de reforma a la Ley del Instituto del Seguro Social. Luisa Alcalde propuso que las mujeres embarazadas tuvieran el derecho de elegir sus semanas de incapacidad, unas antes y otras después del parto o bien todas una vez que se haya dado a luz. Lamentablemente, después de una pasajera aprobación en la Cámara de Diputados, la iniciativa regresó del Senado a la primera y hasta la fecha se discute.

La trayectoria de Luisa Alcalde recién se traza. Está en la recta final de su maestría en derecho especializado en políticas públicas en la Universidad de Berkeley, que eligió “porque es la más progresista”. Ingresó en un programa llamado professional track, un formato flexible que se ajusta a la vida de los alumnos y que está específicamente diseñada para abogados formados fuera de los Estados Unidos y que, como a Alcalde, les es imposible dejar sus compromisos profesionales por un año completo.

Alcalde está comprometida con Morena. Y no es difícil adivinar que en el algún momento dirá: “La tercera es la vencida”.